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sábado 4 de abril de 2026

Betty Zamora

Enfermera y cantora: la receta que alivia las penas en el Hospital Rawson

Trabaja en el servicio de Nefrología y Diálisis, empezó cantando para los pacientes y ahora la contratan para otros eventos. La música es su propia terapia. Por Viviana Pastor
Por Redacción Tiempo de San Juan

Parece que Betty Zamora tiene una receta para superar la adversidad: entregar lo mejor de mejor de sí misma, su voz.

Ni media vergüenza tiene Betty de pararse en el centro de la sala de Diálisis del Hospital Rawson, donde es enfermera, y soltar una melodía con su portentosa voz… Nada como ir juntos a la par ♪

Las palmas de los pacientes la acompañan y comienzan a dibujarse las sonrisas entre máquinas y mangueras por las que corre su sangre mientras se dializan. La escena emociona y algunos sueltan unas lágrimas.

 

En el servicio de Nefrología y Diálisis del Hospital Rawson las diálisis se realizan las 24 horas del día de lunes a sábados, el domingo se realiza la desinfección de todo el servicio en los 15 puestos de la sala grande y los dos pediátricos.

Betty es enfermera desde hace 26 años pero comenzó a cantar a los pacientes hace 4 años, después de una experiencia que la afectó profundamente. “En el 2010 me detectaron una enfermedad llamada esclerodermia causada por el estrés, porque trabajaban en el hospital y en la clínica, empezaba a las 8 de la mañana y llegaba a mi casa a las 11 de la noche. Mis dos hijos eran chicos y no me quedaba otra que trabajar porque los criaba sola, con la ayuda de mis padres. Fue una época muy mala, se nos murieron tres pacientes de 19 años, todo me angustiaba. La psicóloga me dijo que recibir toda esa carga, tener que contener a todos y no tener a nadie que te contenga, reventás por algún lado. Empezó como un moretón en el brazo que se fue extendiendo y en la biopsia me salió la esclerodermia”, cuenta Betty en la cocina del hospital.

 

La receta de médicos y psicólogos fue trabajar menos y hacer algo que le gustara y que fuera su cable a tierra. Elegir la música no fue difícil. Cuando era chica, en su Pocito natal, Betty cantaba desde el escenario más alto que encontró: un horno de barro. El viento movía las hojas de los álamos carolinos y ella imaginaba que eran los aplausos de su público.

En el 2011, Pierina Ciallella fue su profesora de canto en el Teatro Municipal, pero también se animó al stad up y se fue a Mendoza a tomar clases.

“Como yo trabajaba todo el día, no tenía vida social, entonces ¿a quien le iba a cantar? A los pacientes. Les contaba que estaba tomando clases y tenía una pista en el celular y le decía a don Manini que le iba a cantar, entonces ponía la pista que tenía en el celular en su oído y yo cantaba. Pero los otros me decían: ‘yo no escucho la música’, y ahí me compré un parlante. Trabajaba en la clínica CIMAC, los doctores me autorizaron, ponía la compu con las pistas y todos escuchaban”, dice.

Ahí nacieron las fiestas temáticas: día de la madre, del amigo, del trabajador, fin de año, tradición, etc. Como los pacientes en diálisis son de todas las edades, cada uno pedía un tema según sus gustos musicales, tango, rock nacional, folclore, boleros, cumbia, por eso Betty puede cantar cualquier estilo.

 

Esto, sumado al humor que había aprendido hacer como standapera, hizo que los mismos pacientes la empezaran a invitar a que haga sus espectáculos en fiestas familiares. “En esa época no podía cobrar porque para mí no era ‘profesional’, pero ellos me decían que tenía que cobrar porque cantaba bien. Y me empezaron a salir shows en parrilladas, confiterías, y se fueron sumando eventos y tuve que dejar la clínica hace 2 años, pero cuando hacen fiesta me invitan y voy a cantar”, asegura.

Betty fue perfeccionado sus espectáculos,  ‘sube’ al escenario a los que tiene cerca, les pone pelucas y los anuncia como los Ráfaga, o Gladys la bomba tucumana, Carina, y muchos otros ‘invitados’.

La diálisis dura 4 horas en las que el paciente debe permanecer sentado y quieto. Cuando Betty canta hace que les cambie la cara, “se van contentos, los hago cantar a todos y es como que vuelven a jugar por un rato. Cambia la energía de la gente y del lugar”.  

 

Pasión por ayudar

Cuando era muy chica, unos 10 años, Betty vio llorando a una vecina mayor que vivía sola y cuando le preguntó qué le pasaba, la mujer le dijo que le dolía el estómago. Betty se acordó que su papá tomaba té de matico para su estómago así que le hizo uno y se lo llevó a su vecina.

Ese es el primer recuerdo relacionado con su actual profesión. Como vivía en una zona rural de Pocito, rodeada de chacras y animales, sus primeras “prácticas profesionales” fueron los cerdos cuando nacían con problemas. “Mi mamá tenía pollitos, patos, todos tenían su nombre y en esa época eran impensado para mí comerme esos animales porque yo jugaba con ellos”.

Siempre le gustó ayudar por eso decidió ser enfermera. Comenzó trabajando como auxiliar a los 19 años y un año después empezó a estudiar en la UCCuyo donde se recibió de Licenciada en Enfermería.

Trabajó 12 años en el servicio de Maternidad del hospital y en casi todas las clínicas privadas de la provincia. Siempre con dos trabajos porque uno era para mantener la casa y el otro para la universidad. “No me quedaba otra que trabajar todo el día, pero no es aconsejable porque a la larga trae consecuencias, te puede traer enfermedad por estrés. Yo me perdí la niñez de mis hijos, mis padres son  como su papá y su mamá también porque se criaron con ellos. Es nocivo trabajar tanto porque no recuperas más lo que perdés, pero en esa época no me quedaba otra”, relata.

Además de los eventos en los que la contratan, Betty actúa gratis en algunos solidarios, como lo hizo en Lagunas de Guanacache, en la comunidad huarpe Aguas Verdes.

 

Sus hijos hoy tienen 25 y 24 años, y son músicos. Manuel toca el bajo y Gastón la batería en la banda que se llama “De Matico”, junto a Nicolás que es guitarrista y hacen rock nacional. También forman parte de la banda Vinilo Rock. “Ellos me apoyan porque ven que soy feliz y me ayudan en las movidas, traen parlantes, ponen luces… Mis padres son personas muy sencillas, ninguno fue a la escuela pero aprendieron a leer y escribir y tienen los valores muy fuertes que nos enseñaron a sus tres hijos. Son los mejores ejemplos”, dice Betty.

Ella dice que su enfermedad no tiene cura y avanza, pero ahora tiene armas para combatirla. Que Dios en el cielo tiene ángeles con trompetas y acá también hay ángeles que hacen música. Como ella, que canta a los pacientes “Le he pedido tanto a Dios, que al final oyó mi voz…”.

 

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