Por Florencia García
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Jugando a la pelota con su abuelo en el patio delantero de la casa, sonriente y lleno de energía, es la primera imagen que tenemos de Liam al llegar a su casa. Es que aquel 18 de febrero aun se hace presente en las cicatrices de su rostro, pero no logra borrar la sonrisa de un pequeño gigante que se recupera de la tragedia en la que perdió a su mamá Eliana Oro y a su hermano de dos meses de gestación.
El 18 de febrero de 2017 fue una vorágine para Liam. Él viajaba junto a su papá, Jorge Maldonado y su mamá, Eliana Oro, para pasar unas vacaciones en familia en Chile, pero no llegaron a destino. El colectivo que los llevaba volcó en el kilómetro 1.223 de la Ruta Nacional 7, en Horcones, Mendoza. Ese día, 19 personas perdieron la vida, entre ellas, Eliana Oro, la mamá del pequeño Liam.
La tragedia de Tur Bus le dejó marcas visibles en su rostro y otras un poco más profundas en su corazón. Ahora vive criado por su papá Jorge Maldonado, su ‘tata’ Gustavo Oro y su abuela Susana, a la que adoptó como su mamá.
“Liam todavía viaja al Hospital Notti a hacerse tratar. Todavía no se recupera completamente y le queda una cirugía más adelante”, explicó su ‘tata’, como él llama a su abuelo Gustavo.
De todo lo que extraña de su mamá, hay algo que lo supera a todo: los mimos en la espalda antes de dormir. “Cuando se acuesta boca abajo ya sabemos que está pensando en Eliana. Ella le hacía cariños en la espalda todas las noches y es la forma que él tiene de recordarla”, expresó Jorge.
Del accidente poco habla, y si lo hace lo nombra el ‘apagón’. Claro es que a su apenas cuatro años, no entiende todavía qué fue lo que pasó.
“Sólo una vez me preguntó del accidente. Me dijo que por qué había pasado el ‘apagón’. Creemos que le dice así porque el accidente fue de noche y así debe recordarlo. Yo le expliqué que había sido un accidente y enseguida se distrajo con sus juguetes y no volvió a preguntar”, explicó Jorge.
Si bien la ausencia de Eliana todavía duele, y seguramente dolerá siempre, de ahora en más esperan que sólo vengan cosas buenas. Liam se prepara para comenzar jardín de cinco, ese jardín del que su mamá tanto le hablaba, su padre espera que el tratamiento avance, para así poder comenzar una nueva vida, sin tratamientos, con justicia y con la felicidad que un niño de apenas cuatro años se merece.
