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domingo 5 de abril de 2026

A 40 AÑOS DEL GOLPE

La nueva vida del primer nieto recuperado de San Juan

Se trata de Carlos Alberto Goya Martínez. Su apropiación ilegal fue el primer juicio por delitos de lesa humanidad en la provincia. A cinco años de la condena, cambió de actitud: ahora no defiende a sus apropiadores, se relacionó con su familia biológica y da testimonio público de su caso.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Carlos Alberto Goya Martínez (37) tiene la vida  atravesada por los hechos ocurridos durante la dictadura militar. Desde el año 2008 supo que la familia que conoció no era su familia, sino que sus padres lo habían tenido en México y España y cuando venían a Argentina ellos desaparecieron. En el 2008, un 22 de mayo, la Policía llegó hasta su domicilio que compartía con Alberto Tejada, ex oficial de Inteligencia del Ejército Argentino, y se llevaron prendas y elementos íntimos para extraer ADN y confrontarlos con muestras de Francisco Goya y María Lourdes Martínez Aranda, quienes resultaron ser sus padres biológicos. Aquél 22 de mayo comenzó una nueva vida para él.

Se transformó en el primer nieto recuperado de San Juan. Pero en esos primeros momentos, el shock fue tremendo y él nunca quiso hablar públicamente ni reconstruyó su verdadera identidad.

A 40 años del golpe militar del ´76, ahora Goya Martínez tuvo un profundo cambio de actitud para con su verdadera identidad: ya no se muestra enojado por lo que le pasó, no defiende a sus padres de crianza a cualquier costo, se relacionó con su familia biológica y da testimonio público de su caso para mantener viva la historia: en San Juan contó su experiencia por primera vez en una charla por los 40 años en la confitería del Auditorio Juan Victoria y luego lo hizo en Radio Universidad con el periodista Sergio Caballero.

Es que el que conocía como padre hasta el 2008, Alberto Tejada, trabajó en el Destacamento de  Inteligencia que funcionaba en Mendoza. Ahí estuvo en 1980 cuando recibió un niño de manos de su superior, el teniente coronel Juan Rodolfo Brocca. Ese niño llegó a Mendoza por Chile junto a sus padres Francisco Goya y María Lourdes Martínez Aranda, una ingeniera química de origen mexicano. Los familiares de Goya realizaron la búsqueda por años, hasta que la Justicia ubicó a Tejada en San Juan y recién en el 2008  la Policía Federal golpeó la puerta de la casa donde Carlos vivía para comenzar a reescribir su vida.

La confusión y la rabia se mezclaron con un sentimiento que lo marcó desde siempre, un vacío que no le encontró explicación. Hasta que empezó una investigación personal que lo llevó a conocer a sus hermanos biológicos Emilio y Juan Manuel. Después los mismos lazos de sangre en su interior le pedían a gritos conocer a su abuela paterna que vive en Chaco y con ella  al resto de  su familia argentina.

Luego la sangre lo llamó para buscar los medios y llegar al cumpleaños de su abuela en tierras mexicanas y también a sus tías. El vacío que tan inquieto lo tuvo durante toda su vida comenzó a llenarse.

Pero no es fácil desde lo económico llegar hasta las tierras del tequila, por eso no lo quedó otra que recurrir a Abuelas de Plaza de Mayo, llamó y, sin pensarlo, en la entidad le dijeron que lo esperaban con las brazos abiertos. Para Carlos Goya Martínez Aranda ese encuentro le marcó la vida para siempre. Ni bien llegó sintió la calidez de todos los que lo esperaban. Aun ahora no encuentra palabras de agradecimiento para "su familia”, como la define. Desde ese momento la imagen que había forjado su crianza de "las viejas curreras”  de Abuelas y de los organismos de derechos humanos, se desintegró para siempre.

Carlos Goya Martínez Aranda, como cada uno de los nietos recuperados, tuvo que armar el rompecabezas de su vida de un día para el otro. Una mudanza en la que tuvo que descartar muchas cosas y rescatar otras.

El 5 de septiembre de 2011 comenzó el juicio por la apropiación de un menor, supresión de identidad y falsificación de documentos públicos contra Alberto Tejada y su esposa. Esos días para Carlos fueron muy duros. Al final fueron condenados y pagan su condena.

Pasaron cuatro años y seis meses del inicio del juicio del 2011 y todo ese tiempo a Carlos Goya Martínez le sirvió para encontrar su verdadera identidad que estuvo negada la mayor parte de su vida. Leyó y escuchó cada uno de los archivos que llegó a sus manos y que referenciaron a su historia, la de sus padres desaparecidos y que aún no se sabe a ciencia cierta de su paradero.

Todo ese tiempo también sirvió: "La verdad, por dura que sea, es muy útil”, afirmó. Por ella también perdonó a los apropiadores: "Mis padres de crianza me dijeron la verdad, pero eso no justifica lo que hicieron durante el proceso militar”.

Obviamente que el pilar para todo lo que tuvo que pasar estuvo en su esposa e hijos. Ahora afirma que los nietos recuperados son una bisagra en todo lo que hicieron durante la dictadura con ellos.

"Fuimos un botín de guerra”, dice, y agrega que, "inclusive me enteré que hubieron listas de espera para hijos de desaparecidos”, dijo Carlos Goya Martínez Aranda.

Ahora no se identifica como un  referente, pero sí se presenta como un luchador por los derechos humanos, defensor de la democracia y enemigo de la frase "con los militares estuvimos mejor”.

 

 


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