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domingo 5 de abril de 2026

Tesoros de la ciudad

La casona de la calle Sarassa: un viaje al pasado

En manos de la Cooperativa San Martín, muy cerca del centro subsiste una construcción que fue construida a fines de 1700. Los secretos de este lugar único que, aseguran, es el más antiguo de San Juan. Por Miriam Walter.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Miriam Walter

Entrar a la casona de la calle Sarassa es sumergirse en un túnel de tiempo. Detrás del zaguán se descubre un patio con gatos y perros remolones que duermen la siesta en lo que queda de un piso que data de fines de 1700. Muchos aseguran que el lugar es el más antiguo de la Provincia en pie. Su estructura original sobrevivió todo terremoto y se tocó apenas en los ’90, cuando se le cambiaron los techos de barro y cañas por uno con membrana, pero por dentro la apariencia de esta construcción ofrece un exquisito viaje al pasado. 

Es casi increíble que este mágico lugar quede a pocas cuadras de la plaza 25 de Mayo y subsista con tanta belleza añeja. Por Sarassa cerca de Avenida Rioja, se emplaza con una fachada que invita a entrar, pintada de blanco con bordes rojos y una impresionante entrada en piedra que parece una capilla. Allí hoy funcionan las oficinas de la Cooperativa Vitivinícola Frutihortícola San Martín, que tiene a los fondos una bodega. "No sabemos quién la construyó, solamente que era una finca en sus inicios”, cuenta José Manuel Ramos, uno de los propietarios que desde que se hicieron cargo de la propiedad hace unos 30 años, intentan reconstruir la historia de la casona. 

Poco saben sobre lo que pasó entre esas gruesas paredes de adobe a lo largo de tantos años, pero aseguran que allí vivió un gobernador de San Juan a fines de 1800. "Había dos casas idénticas y una se tiró abajo. Esta es la que quedó en pie”, dice Ramos. Un día hace muchos años se acercó el famoso historiador sanjuanino Horacio Videla y les dijo que, según algunos escritos de época, allí se alojaron tropas del general unitario Mariano Acha para librar la célebre batalla de la Chacarrilla, en agosto de 1841, contra los federales del general Nazario Benavídes. 

Cuenta Ramos que mucha gente se para en la vereda y pide entrar y que algunos relatan que vivieron allí porque por un tiempo esa casona se alquiló por piezas y funcionaba como conventillo, donde incluso se hacían partos.    

Desde principios de los ’80, cuando adquirieron la propiedad, los miembros de la Cooperativa empezaron a llenarla con muebles y objetos antiguos, imprimiéndole más mística a la gran construcción colonial. Entre las curiosidades hay una conservadora de carne gigante de antaño, colecciones de candados antiguos, una vitrola que todavía funciona traída desde Rusia y un esterilizador de los que usaban los médicos hace un siglo. El recorrido por cada una de las 13 habitaciones ofrece rincones con maquinaria antigua de la vitivinicultura, como moledoras y pisadoras, gamelas de cuero y un camión repartidor de vinos que data de 1914, entre otras cosas. También hay un espacio denominado La Pulpería ambientado como una añeja cantina y un enorme fondo donde siguen las remembranzas mezcladas con la aggiornada arquitectura estilo Gaudí que se dio a un sector, donde emerge una gran terraza lista para recibir eventos.
 
Llamador de turismo

A principios de los ’80, cuando la Cooperativa San Martín, que tiene hoy 15 socios, decidió comprar el lugar, lo pensó como un espacio para explotar turísticamente. Hace un par de décadas fue declarado monumento histórico provincial y hace alrededor de 4 años se ofrece para el recorrido de alumnos de escuelas primarias, y frecuentemente se pide desde Turismo para mostrar a los turistas junto a una degustación de la bodega San Martín. Allí también se reúne la Asociación de Viñateros Independientes. Pero el lugar no se explota aún comercialmente, lo que es una meta para este año del Bicentenario de la Independencia, probablemente como parte de la llamada Ruta del Vino, para lo cual se construyeron baños de damas y de caballeros.
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