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domingo 5 de abril de 2026

Informe Especial

A un año de la tragedia, la ruta en Bermejo sigue llena de animales

Tiempo de San Juan recorrió la Ruta Nacional 141 a la altura de Bermejo, donde murió Ana Yossa y sus dos hijos al chocar contra un caballo, y se encontraron vacas, terneros, chivos y manadas de caballos sueltos. Nada parece haber cambiado por las tres muertes que golpeó a los sanjuaninos.
Por Redacción Tiempo de San Juan
El sol ya se había escondido detrás del cerro Pie de Palo cuando el auto que conducía Federico Aguilar  (39) chocó contra una yegua preñada que le apareció de la nada por la banquina ubicada al Norte de la Ruta Nacional 141. El impacto desató una tragedia que caló hondo en los sanjuaninos y fue noticia nacional: ese animal suelto provocó la muerte de Ana Yossa (41) y la de sus hijos Santiago (3) y Ernestina (7). Eso fue el  viernes 11 de julio de 2014, cuando la familia de sanjuaninos que vivían en Villa Allende, Córdoba, habían viajado a visitar a sus familiares y amigos de toda la vida. Un año después, Tiempo de San Juan recorrió el lugar y comprobó que los animales sueltos en ese tramo de la mortal ruta siguen siendo una constante.
El recorrido fue en el tramo comprendido entre el control fitosanitario y el lugar la triple tragedia, unos pocos kilómetros al Oeste del control policial de Bermejo.
Al poco andar ya aparecieron los animales deambulando con total libertad por la vera de la ruta. A las 9 de la mañana se pudo divisar cómo una vaca seguida de su ternerito caminaba y se detenían a pastar. No había nadie que los cuidara y el único motivo por el que no cruzaban el camino por el que transitan los vehículos es porque iban encontrando comida por donde andaban. Sólo ese instinto animal separaban a esas dos bestias de un posible accidente de tránsito.
Tras registrar ese peligro en fotos, la sorpresa fue mayor a la altura de kilómetro 149. Allí había tres caballos que caminaban y comían libremente. Estaban al Sur de la ruta, entre las vías del tren y un alambrado.
En ese punto se pudo constatar que no es la primera vez que hay animales sueltos en ese sector: paralelamente a la ruta, a unos 20 metros al Sur, había un sendero marcado que deja en evidencia que por allí transitan a diario. Eso está lejos del alambrado que debiera contenerlos.
A poca distancia de ese lugar, más cercano a la ruta que los caballos, había un matucho comiendo pasto. El animal, lejos de espantarse por la detención del vehículo y la presencia de los periodistas, parecía posar para las fotos. Indudablemente está acostumbrado al tránsito de vehículo a solo metros suyo.
La presencia de la vaca, el ternerito, los caballos y el chivo, todos sueltos, se observaron antes de llegar a la entrada al Santuario de San Expedito.
El relevamiento periodístico pudo constar un peligro peor más cerca del control policial de Bermejo, a la altura del pueblo de Bermejo, acercándose al objetivo principal: la escena de la triple tragedia.
Es que pasando la entrada al santuario se pudo ver cómo dos caballos cruzaban la ruta. Uno de ellos era una yegua overa con un cencerro y las patas delanteras maniatadas. El otro la seguía. Allí se pudo ver un alambrado al Sur de la ruta, pero no se divisaba que hubiera algún cierre perimetral que contuviera a los animales hacia el Norte, donde está el pueblo. Según un policía del control policial, sí hay un alambrado metros más adentro del campo y no se divisa desde la ruta. En todo ese tramo de la Ruta 141 hay tramos que se observa un alambrado y otros que no.
Lo cierto es que, si hay alambrado que no se ve desde la ruta, los animales estaban en el lugar que no debían estar: cerca de la ruta y en libertad.
Faltando un kilómetro para llegar al puesto policial, Tiempo de San Juan pudo presenciar en directo el peligro de una manada suelta de caballos suelta cruzando la Ruta Nacional 141, lo que estuvo a punto de provocar un accidente (ver nota del video).
Con solo detenerse en la ruta unos minutos en ese punto, a un kilómetro del control policial, se puede escuchar el cencerro de otros animales que andan pastando por el campo y, por el sonido, evidentemente estaban a poca distancia. También se escucha con claridad el ladrido de los perros y el sonido de las radios de los puestos y del pueblo de Bermejo.
Eso permite una conclusión muy sencilla: si los dueños de los animales viven en las cercanías, escuchan cómo los vehículos tocan bocinas a las bestias sueltas. Y también escuchan, indudablemente, las frenadas bruscas.
Al llegar al control policial de Bermejo se pudo constatar que había una camioneta Ford Eco Sport color celeste con las inscripciones del Ministerio de Transporte y Seguridad Vial de la Nación. Eso fue minutos después de las 10 de la mañana del martes 7 de julio último. Un sargento de la Policía de San Juan controlaba a los vehículos que iban y venían desde la Ciudad de San Juan. A simple vista no se vio a otro policía en el puesto policial. 
Avisado el efectivo policial del trabajo que estaban haciendo Tiempo de San Juan, reconoció que también otros automovilistas le habían avisado que había animales sueltos en la ruta. Consultado sobre los controles policiales, el policía dijo que no estaba autorizado para dar información. Éste medio no vio en ningún momento que la policía patrullara la zona.
Como símbolo de la tragedia, en ese puesto policial aún está al lado de la Ruta 141 el Chevrolet Corsa Life en el que murieron Ana y sus dos hijos.
En el control se informa con cartelería de la presencia de animales sueltos y se pide que se avise a las autoridades con un llamado telefónico. Pero allí no hay señal de telefonía celular.
Más al Oeste del control policial, en el kilómetro 132, los restos óseos de dos caballos al Sur de la banquina de la ruta muestran las consecuencias de otro choque.
Más tarde, pasada las 11 horas, cuando Tiempo de San Juan regresaba hacia la Ciudad de San Juan desde el lugar de la tragedia, se encontró con el vehículo de Seguridad Vial manejado por un policía que volvía hacia el control policial. Ya no se veían los caballos sueltos en el lugar que se le habían cruzado a los vehículos, a 1 kilómetro al Este del control.
La conclusión del viaje al lugar de la triple tragedia es tristísima: la muerte de Ana Yossa y sus dos hijos, lo que mutiló a una familia, no cambió las cosas.

Dato
Federico Aguilar, el conductor del vehículo, quien perdió a su mujer y sus dos hijos, sigue viviendo en Córdoba y prefiere no hablar públicamente de la triple tragedia.

Textos. Gustavo Martínez Puga
Fotos: Marcela Palonés



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