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viernes 24 de abril de 2026

Repercusiones

El cura Walter rompió el silencio: Se fue porque lo cansó una parte de la comunidad

Tiempo de San Juan le había mandado unas preguntas a través de Facebook y hoy el sacerdote hizo pública su respuesta con un comunicado y un mensaje que dio en la red social.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Luego de su polémica partida del Colegio San Francisco de Asís y de San Juan el Padre Walter Cena rompió el silencio.

Este es el mensaje que envió a través de Facebook:

“En estos días dos fueron los periodistas que me enviaron preguntas sobre mi situación actual y la lectura de lo vivido. Por eso, siendo sincero con ustedes quiero decirles que les estoy enviando a ambos el mismo escrito. Les pido sí que sean lo más fiel conmigo en publicar todo el contenido del mismo. Gracias. Un abrazo”.

A continuación el texto completo con las preguntas que mandó Tiempo de San Juan y el contesta, donde explica el motivo de su renuncia, donde habla del recibimiento y su nuevo destino y da un mensaje a la sociedad.

“Por vías distintas me llegaron estas preguntas que después de un tiempo, creo oportuno poder contestarlas. Agradezco el respeto que han tenido los periodistas en considerar el tiempo de silencio que les pedí. Dicho tiempo tuvo que ver con tener muy presente el proceso que la comunidad de san francisco está llevando  a cabo interiormente por mi partida.

- ¿Cómo lo recibió su nuevo destino? ¿Cómo fue el recibimiento? ¿Puede acostumbrarse? ¿Qué es lo que más extraña de San Juan?

- Hoy me encuentro en la ciudad de Salta, en el Convento San Francisco de Asís, junto a dos hermanos más Miguel y José Antonio. Ambos me recibieron muy bien junto a la gente que, muy de a poco voy conociendo y que es parte de la comunidad del convento.
Es difícil acostumbrarse a esta nueva casa cuando estaba dentro de un movimiento muy grande como el que vivía en San Juan.  Y sí, hay momentos en donde lo que más extraño se hace presente: la gente, la comunidad.

- ¿Después de todo lo que se dijo, cómo está ahora? ¿Cómo es tu nueva vida?

- Estos días realmente, aunque duros, son un regalo porque me han permitido poder tener un tiempo para mí –privilegio que no todos pueden tener-; un tiempo de silencio y oración donde permitirme que los sentimientos den lugar a mirar con más detenimiento los hechos vividos.

No es fácil salir de una comunidad… como dije en la misa de despedida… me sentí trasplantado y vaciado… y esas sensaciones necesitan de espacio y tiempo para poder ubicarse dentro del corazón y saber que eso no es lo único. Y tampoco creo en el dar vuelta la página y seguir como si nada hubiese pasado porque eso es tirar para el fondo - “al patio de atrás”- lo que no gusta, con la ilusión de que “corazón que no ve corazón que no siente”, pero sabemos que esas cosas quedan dentro, agazapadas, y que a la larga te asaltarán dando lugar a múltiples manifestaciones que lo único que tienen como común denominador que la vida no fluya con toda su fuerza.

No puedo callar tampoco lo que percibo como don, el hecho de ayudar a la gente a encontrarse con Jesús a partir de una palabra o de un gesto. Esto no es para guardarlo ni esconderlo… y es justamente esta realidad que tiene mucho que ver con mi propia personalidad la que me impulsa a ponerme de nuevo en movimiento y buscar, también crear…  hoy comienzo a caminar acompañando una comunidad muy pobre que atendemos desde el convento llamada san silvestre.

- ¿De qué sirvió la experiencia de San Juan en tu vida? ¿Cómo definirías a la sociedad sanjuanina, teniendo en cuenta que una gran parte te apoyó y otra resistió tu estilo?

- Desde lo que más extraño que es la gente, puedo decir que me encontré en san francisco con una familia… que te hace suyo… te adopta de una manera que las heridas sanan.

Hace tres años cuando llegué a San Juan me encontré con una comunidad que ya venía con un movimiento propio;  y como algo propio de la vida está la exigencia a profundizar la experiencia vivida… es ahí donde inscribo mi aporte a la comunidad.  

Aporte que a veces, como todo lo nuevo, suscita desconfianza e incertidumbre, pero si se mantiene en la escucha –aunque muchas veces no se entienda-  acontece la apertura que hace posible la comprensión del lugar desde donde se está invitando a caminar. No era ya desde la culpa y el miedo sino desde el don y desde la fragilidad amada.

En esto recuerdo algunas frases que llamaron mucho la atención: “la familia no es más grande que el reino de Dios”; haciéndome eco de las palabras de Jesús que dice que quién no lo ama más que a su padre, madre, hijo, hija no es digno de él. Invitando a pasar, por los modos que tiene jesús de relacionarse, todos los modos de amar que tenemos. Invitando a ser más libres de los mandatos culturales y familiares que muchas veces ahogan lo mejor de cada uno.

Recuerdo los rostros o los comentarios a la salida de misa después de gritar que no había que ganarse nada… que ya Dios nos lo había dado todo… que el camino era una toma de consciencia de quien nos habitada y dejar que eso se exprese hacía afuera. Que lo auténtico se abre camino a través  de lo inauténtico de nuestra vida; realidad que nos acompañará siempre.

Me acuerdo la tirantez y la felicidad experimentada después, cuando los invité a salir como comunidad al encuentro del otro, tomando la invitación del Papa Francisco: “el encuentro con el otro agranda el corazón”.  Y no dejando de recordarles que  la fe queda convalidada en la compasión que tengo con respecto a los demás… en la misericordia frente al error del otro… en la apertura frente a lo diferente…etc.

Movimiento. Búsqueda. Apertura. Diálogo. Romper. Crear. Gritos. Disponibilidad al servicio y al encuentro. Aprender. Perdón. Dejarse llevar. Confianza. Pobres. Celebración festiva. Familia.
Camino.  Esto es la comunidad de san francisco de san juan para mí.

Aprendí que es posible que toda una comunidad se experimente en camino… aprendí que no hay que tener miedo a romper con moldes y formas que nada dicen de cercanía ni de inclusión… que nada dicen de los modos de Jesús.

Es verdad todo esto con los límites propios de las personas humanas que somos. Me encontré con que la rivalidad puede hacer estragos en la gente… que los títulos pesan mucho… que la mirada de los demás puede ser muy destructiva…  “que vale no jugarse ni meterse porque no le toca a uno”… me encontré con una religiosidad de la culpa y del ritualismo vacio…

Me encontré con una sociedad que al no saber qué hacer con situaciones nuevas se ataja… condena… excluye… me encontré con mucha dureza en la mirada hacía los demás… “no te entiendo pero igual te juzgo”… con una gran incapacidad en ponerse en los zapatos del otro.
Más de una vez grite, en nombre de jesús: no a la exclusión… no al juicio… no opines de todo y de todos… está en riesgo la seriedad de tu vida. ¿quién te crees que sos?

Todo esto que también encontré quedo reflejado en las diferentes lecturas que se hicieron y que se hacen de mi partida de San Juan. Algunos quisieron hacer de esto partidismos… y esto no sólo fue de algunos que se consideraban más cercanos a mi persona sino también de aquellos que tal vez, tenían conmigo diferencias grandes.

También es de nuestra humanidad separar, dividir, poner de un lado o del otro, defendernos. Humanidad que necesita hacer camino: llevar esas formas hacía las que deberían ser, hacía los modos que mejor expresen el que somos uno.

Tal vez en todo esto nos olvidamos que somos una misma familia, que somos un cuerpo: que si sufre uno, sufren todos - que si uno se alegra, se alegran todos. Que no hay ganadores ni perdedores - en una guerra perdemos todos.
Perdemos humanidad o al menos la posibilidad de que eso, lo mejor que tenemos, salga y se exprese.

- ¿Renunció o lo trasladaron directamente?

- Yo me fui de San Juan, en primer lugar por una decisión personal: yo renuncio a partir del cansancio frente a ciertas dificultades que se venían dando en una parte de la comunidad. Mi renuncia fue un modo violento, extorsivo, de pedir un cambio frente a la no escucha sentida.
Entiendo la presión que pude generar en mis superiores al momento de recibir mi renuncia que llevo a la inmediata aceptación de la misma.

De esto he pedido perdón a la gente de la comunidad como también a mis superiores.
Aunque hablar de las situaciones que me llevo a renunciar es un terreno muy frágil por las interpretaciones que puedan darse y las personas que pueden ser señaladas; quiero sí decir una palabra:

Todos sabemos que no solo los jóvenes prueban la droga  y algunos pueden volverse dependientes de esto… todos sabemos que no solo los jóvenes se convierten en agresores de otros (con solo mirar cómo escuchamos o no al otro en lo cotidiano ya es prueba suficiente que muchas veces ninguneamos la opinión del otro) y a eso no le llamamos bullying  porque se hace en el interior de las familias; justificándolo muchas veces con el tema de estar poniendo límites pero ocultando la carencia de no saber poner límites sin desestimar al otro.

Que en la escuela haya jóvenes que tal vez prueben la droga o que sean dependientes de eso… o que haya algún caso de bullying… no serán nunca las causas por las que yo diga basta…  creo que cualquier comportamiento no adecuado es un grito de algo que no ha podido decirse en el lugar y con las personas queridas.

Por último, creo que lo experimentado en la comunidad de San Francico no debe escandalizarnos ni llevarnos a lecturas rápidas que tienen como común denominador desestimar lo sucedido, como pueden ser: no seguimos a un cura, seguimos a jesús – o debemos respetar la voluntad de dios y no cuestionar – o no todos piensan así; etc. Como si eso tranquilizará a alguien o permitiera un modo de ser iglesia donde todos somos iguales.

No creo en estas lecturas porque tienen como trasfondo una manera de ejercer el poder que genera impotencia y desánimo. Sí creo en la necesidad de crecer en la consciencia de pueblo de dios que busca dialogar; que no pone a personas en la vereda del frente por pensar distinto; que  sabe escuchar en medio de lo que es incierto; que es capaz de caminar dejando que ciertas situaciones permanezcan abiertas sin necesidad de concluir rápidamente porque le seguirán hablando; que cree en la experiencia de dios tenida y la vive y la comunica aún en medio de la dificultad;  que sabe reconocer que en medio de la fragilidad y debilidad humana hay un tesoro dado que no es confirmado por la presencia o ausencia de aquella: el barro sigue siendo barro aunque es capaz de llevar un tesoro dentro.

Deseo que todos podamos seguir creciendo en la consciencia de pueblo de dios, permitiendo que en todo surja lo mejor que llevamos dentro: el deseo de hacer presente el reino en medio de toda situación y de toda relación.

Que creamos que el criterio de verdad evangélica de cualquier comportamiento (sea este dialogo, enojo,  reclamo, oposición, corrección, etc) lo tiene la humanidad que revela (no acabada, incompleta, fallada, en camino) como aquella hacia donde caminar (la humanidad de jesús).

El Señor les regale su paz.
Hermano Walter"
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