Era de esperar. No fue ahora la primera vez que en el trámite del escándalo de las expropiaciones se utiliza inapropiadamente a la religión para maquillar las oscuridades de un expediente judicial.
Lo hizo el propio Graffigna cuando dijo por qué desembolsó $3 millones a la sociedad de beneficencia San Vicente de Paul, a la que antes había caminado con los derechos expropiatorios de dos propiedades de la entidad envueltas en el escándalo: la veredita de Ruiz Guillermo y Suraty. En ambas, Graffigna, que era el abogado de la sociedad de mujeres benéficas, obtuvo los derechos expropiatorios en sumas ridículas, y luego pasó por ventanilla por millones de pesos luego de obtener fallos de los jueces bajo sospecha. La sociedad se mostró públicamente indignada por la acción de su apoderado, amenazó con denunciarlo y luego terminó aceptando la suma millonaria con un estricto condimento de confidencialidad. Cuando se conoció este nuevo escándalo, Graffigna explicó que había hecho ese pago en noviembre de 2012 –pese a haberse declarado previamente insolvente- en “agradecimiento a la Virgen” por haberse salvado milagrosamente él y su mujer en un trágico accidente en Calingasta en el que hubo 4 fallecidos.
Retomó la línea religiosa en ahora ex juez Carlos Macchi apenas iniciado el jury en su contra, a fines del año pasado. Se restregaban los ojos los asistentes a esa audiencia cuando vieron aparecer a un sacerdote, el padre Andrade, para ubicarse justo detrás del acusado y devorarse una kilométrica sesión en plan de asistencia espiritual para un cristiano en apuros.
Y ahora fue el turno del abogado Horacio Alday, a quien buscó la policía y la Interpol durante casi un año, desde que fueron procesados el resto de los supuestos integrantes de esta asociación ilícita. Flamante reaparecido luego del beneficio judicial que le concedió la sala penal que le permitió zafar de la condición de organizador de esa mafia para pasar a reportar como presunto integrante, el abogado entregó un nuevo y deplorable capítulo de la utilización de emblemas religiosos aplicados a contextos penales.
En la entrevista que concedió a Diario de Cuyo, el periodista le preguntó donde había estado durante todo ese tiempo, y allí Alday apeló al misticismo religioso para explicar algo que supuso “intrascendente”. “Estuve –dijo- bajo la sombra y resguardo de la Virgen, en el cruce de sus brazos y en el hueco de su manto. Porque la verdad, con todo este problema, el lugar en que yo estuve fue en el regazo de la Virgen, que me protegió y amparó a toda mi familia”.
A la repregunta, insistió con el mismo libreto, como si hubiese sido aprendido de memoria: “Yo estuve realmente en el hueco de su manto y en el cruce de sus brazos”. No reporta la entrevista el gesto del interlocutor al momento de su asombrosa explicación sobre un tema no menor, dónde estuvo y cómo consiguió burlar los supuestos controles para no salir y las supuestas búsquedas allí donde hubiera estado. Todas ellas, conclusiones útiles para quienes suponen de implacable al brazo de la ley
Si lo dijo serio y compenetrado en el uso de una imagen sagrada para explicar una condición de prófugo, o si hubo algo que pudiera suponer que había allí en el medio alguna clase de tomadura de pelo -un gesto risueño, alguna risa o tentación por una gracia- no sólo para investigadores de buena leche –aún equivocados, como sentencia Alday- sino para público y asistentes en general.
Esa propia gente de a pie se lo facturó en los comentarios de la misma nota. Unánime, feligresía de misa todo los domingos o agnósticos recalcitrantes, ninguno pasó por alto la estudiada puesta en escena del abogado, de asqueante repiqueteo y búsqueda de refugio en el sitio menos indicado. Mariagela Pellegrini (aquí, los nombres son de Facebook, y probablemente no se correspondan con ningún ser humano en servicio, y van con transcripción literal) lo taló diciendo: “Parece que hay que buscar al protector, a ese que aqui llaman “virgen” (sera que nunca irá preso, sera que goza de impunidad)”. Daniel Reynoso agregó: “qué caradura el tipo, Yo también "Estuve bajo la sombra y resguardo de la Virgen" porque me olvide de pagar la tasa municipal. Igual me la pusieron con intereses. DE CUAL VIRGEN SOS DEVOTO?”. Hipólito Di Carlo agrega: “Estuve bajo la sombra y resguardo de la Virgen, en el cruce de sus brazos y en el hueco de su manto ???????? NO SERÁ JESÚS Y NO NOS HEMOS ENTERADO?” Apenas tres comentaristas de los tantos indignados por el desafortunado empleo metafórico, sólo por ser bienpensante.
Tampoco parece haber sido un misterio, ni extremadamente gravitante, el lugar donde estuvo. El tostadito playero no se borra así de fácil y suele delatar a veraneantes de quincena, y en el caso de Alday parece señalar claramente la existencia de una playa cercana, preferentemente en el exterior de un país del que no es demasiado complicado salir. Ni esconderse, ahora hacerlo debajo de una palmera puede resultar inconveniente para quienes deben hacer de cuenta que lo buscan.
Hasta aquí el reporte de lo más sabroso que dijo en la única entrevista que concedió (no quiso hablar con Tiempo de San Juan porque dice que -como Clarín- miente) el abogado en su vuelta a la escena, porque luego se refirió a su situación procesal y en ese terreno no dijo cosas que pudieran aliviarlo, sino que repitió el mismo libreto que ya había pronunciado y no resultó demasiado convincente.
Por ejemplo, con el extraño hallazgo en su estudio de uno de los expedientes “extraviados” en el juzgado de la jueza Marún de Sobelvio (procesada igual que él como miembro de la supuesta asociación ilícita). Ese expediente pertenecía a una expropiación de Cuesta del Viento (caso Carbajal), que fue dividida en tres parcelas y fueron a tres juzgados diferentes. Desaparecieron los tres, y Marún decidió reconstruir los tres expedientes en su juzgado, sin orden previa. Terminó fallando el pago de unos $10 millones, por algo que no estaba en su jurisdicción. ¿Y quién tenía el expediente “extraviado? Adivinó, Alday. ¿Y qué dijo al respecto? Que se hizo “un arqueo de expedientes” en el marco de su separación con Graffigna para dividir honorarios y que “se me entrega un montón de expedientes para certificar ante escribano”. Luego “alguien retiró los expedientes y el de Carabajal quedó allí (…) Consideramos, como tantos otros, que fue abandonado”. Vale una aclaración: son originales, que no deben salir de los juzgados.
Alday estuvo también entreverado en el escándalo de la veredita de Ruiz Guillermo, 1.500 metros expropiados por los que la provincia pagó $25 millones. Alday dijo que no tuvo nada que ver porque ya se había separado de Graffigna, pero en el tramo final de esos pagos aparece un convenio firmado entre Fiscalía de Estado (por la provincia) en el que Graffigna hacía precio. Rebajaba el 25% y cedía otro 25% al abogado de entonces de Alday, Alonso, quien iba en gestión de negocios del contador Parra, aprobado finalmente por Alday. ¿Por qué aparece si dice no tener nada que ver? Poco nuevo dijo Alday al respecto, que a Alonso y Parra le pagaba honorarios y ellos le “hacían el recupero del dinero”.
Lo visto, nada nuevo bajo el sol en la línea argumental del reaparecido abogado, a excepción de la novedosa invocación a la Virgen como protectora de su situación judicial. Un comentarista, que declara llamarse Luis Marsiglio, tiene una presunción: “Salió a la luz porque no repartieron”. Lo siento Luis, se le adelantó en la opinión el propio ex juez Macchi, quien –aún siendo juez- estimó que lo que había pasado fue que “se rompió la cadena de pagos”.
El manto de Alday
En la única declaración de valor, antes de repetir sin ponerse colorado que un expediente se le “traspapeló”, dijo que durante su condición de prófugo estuvo “en el manto de la virgen”. El de las dudas, sin embargo, parece ser el manto más apropiado.
Por Sebastián Saharrea
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