El sanatorio Santa Clara, ex Almirante Brown, es el principal prestador de PAMI, obra social del Estado que tiene a su cargo más de 65.000 afiliados en la provincia, quienes en caso de enfermedad grave tienen a su disposición 8 camas de terapia intensiva en la clínica. Ante un caso de emergencia, PAMI puede recurrir a una de las 45 camas de este tipo que hay en el sector privado, siempre y cuando estén libres porque no tiene exclusividad con el resto de los sanatorios de la provincia, sino convenios.
El drama de PAMI para conseguir una cama en terapia
La mayor parte de los afiliados a PAMI son ancianos o personas que quedaron incapacitadas tras sufrir un accidente en el ámbito laboral. Es por esta razón que los beneficiarios suelen necesitar con mayor asiduidad camas de terapia intensiva.
Conseguir una cama para un afiliado se suele transformar en una odisea dramática porque la obra social trabaja de manera directa con el ex Almirante Brown, que cuenta con sólo 8 camas de terapia. La ecuación entre ambos números es simple: hay una cama cada 8.125 afiliados.
PAMI puede recurrir a las demás camas de terapia intensiva que hay en el sector privado de la provincia, que son 45 en total. El problema con esas camas es que la obra social no cuenta con exclusividad para su uso, por lo que generalmente están ocupadas. Si después de haber buscado una cama en todas las clínicas y no encuentran, queda la opción del hospital Rawson, nosocomio que cuenta con 8 camas de este tipo.
No es inusual que después de golpear todas las puertas no haya una cama libre. La última opción a la que suelen recurrir en PAMI es internar al afiliado en una sala acondicionada como una terapia, pero que en realidad no lo es.
Localizar una cama de terapia es una tarea artesanal en la obra social estatal. La búsqueda se realiza vía telefónica, clínica por clínica hasta hallar una.
“La falta de camas de terapia intensiva es una problemática que tiene muchos años. Las clínicas no invierten en una cama de terapia porque es mucho el dinero que hay que destinar no sólo en equipamiento sino también en personal. Incluso hasta hay escasez de médicos terapistas, ahora hay más profesionales que se están inclinando por esta especialización pero hasta no hace mucho era una especialidad muy compleja y muy poco reconocida monetariamente”, explicó Marzio Meglioli, jefe de Prestaciones de PAMI.
A la escasez de camas de terapia por la poca inversión hay que sumarle una nueva problemática: la cantidad de jóvenes accidentados que ocupan las pocas camas que hay.
La única esperanza para que se incremente la cantidad de camas de terapia disponibles en la provincia corre por cuenta del sector público. Según informaron desde el ministerio de Salud, una vez que esté terminada la fase tres del hospital Rawson las camas de esta unidad se triplicarán (pasarán de 8 a 24). Desde la cartera anticiparon que no habrá inversión privada en camas de terapia de acuerdo a la información que manejan en la actualidad.
En carne propia
Betty Puga es una reconocida periodista sanjuanina que sufrió en carne propia la escasez de camas de terapia intensiva: su padre peregrinó de un lugar a otro hasta encontrar una cama, lamentablemente no pudo resistir y murió. Su testimonio en las redes sociales despertó la solidaridad generalizada y también desencadenó una serie de testimonios similares.
“El jueves 17 de enero le avisé a la señora que cuidaba a mi papá que mi padre no había orinado en toda la noche, que me avisara cualquier cosa. En el transcurso del día la señora me avisó que mi papá seguía sin orinar y que había vomitado. Ante la situación llamé a la ambulancia de una prestadora privada que abono mensualmente. Los médicos me dijeron que era necesario ponerle una sonda, por eso fuimos al Brown, donde lo atendían porque era afiliado de PAMI. En el Brown le rechazaron la orden de internación. Nos fuimos a la Clínica de la Ciudad porque nos dijeron que ahí nos podían atender, pero allí tampoco había cama, aunque un médico le colocó la sonda. Decidimos llevarlo al Marcial Quiroga, donde nos atendieron bien pero tampoco se hicieron cargo porque mi papá tenía obra social. El viernes volvimos al Brown porque en el Marcial lo estabilizaron pero no lo podían atender. Estuvo en la guardia porque no había cama, después lo llevaron al piso del Brown donde la atención fue pésima. Mi papá tenía cáncer de próstata, de manera constante los médicos me decían que no había nada para hacer. Ante la insistencia de que no había nada para hacer pregunté si me lo podía llevar a mi casa, el martes me dieron la internación domiciliaria pero sin ningún tipo de explicaciones. Mi papá estaba muy hinchado, perdía mucha sangre por la sonda. Como no mejoraba y cada vez estaba más hinchado decidí llamar a un médico amigo para que lo vea en casa. Él me dijo que había que internarlo sí o sí. Luego de obtener una serie de papeles nos gestionaron una cama en el sanatorio Mayo, la ambulancia se demoró en ir a buscarlo a mi casa y cuando llegamos a la clínica nos dijeron que la cama ya había sido ocupada. Tuvimos que volver a nuestra casa, conectar a mi viejo a la sonda, todo el proceso de vuelta. Al otro día, es decir una semana después de la primera internación, logramos internarlo en la clínica El Castaño, donde lo atendieron muy bien. Cuando llegó al sanatorio tenía una hemorragia en la vejiga y le había estallado la uretra. Lamentablemente mi papá murió”.