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sábado 4 de abril de 2026

Solidaridad

El dolor de seguir viviendo tras la muerte de un hijo

Se trata de los integrantes del grupo de autoayuda Renacer, integrado por 30 padres que decidieron luchar y vivir dignamente a pesar del dolor. Por Natalia Caballero
Por Redacción Tiempo de San Juan

La muerte de Renzo Antonelli conmocionó a la sociedad argentina. Los padres trasmitían su apoyo a la familia del pequeño león, que no pudo salir de un cuadro coronario grave. La inmensa tristeza que ocasiona la pérdida de un hijo no se puede dimensionar hasta que sucede. Colmados de dolor y sin ganas de vivir llegan los padres al grupo de autoayuda Renacer, integrado por otros padres que sufrieron lo mismo por la muerte de un hijo. En San Juan 30 papás forman la agrupación que busca proporcionar contención espiritual y emocional a las víctimas de tragedias familiares como esta.
¿Se puede salir adelante? Es la pregunta que los padres que llegan al grupo se hacen. El proceso de cada uno es diferente, pero hay muestras de que sí se puede salir adelante. Dos veces por mes (el primer y el tercer viernes de cada mes) se reúne Renacer en la Iglesia La Merced. El grupo no tiene ninguna vinculación con la religión ni con partidos políticos, simplemente surgió como un espacio de autoayuda.
En San Juan Renacer abrió sus puertas el 19 de marzo de 1994 por la propia iniciativa de un grupo de mamás. Hoy, a casi 20 años de su apertura, continúa ayudando más que nunca a volver a vivir. Hasta tienen un programa de radio, que se emite los sábados a las 13 horas por radio Fantástica Argentina.

Lucía Cano
La mujer que volvió a sonreír
En un abrir y cerrar de ojos su vida cambió para siempre. El 26 de febrero de 1994 perdió a su hijo Rolandito de tan solo 13 años en un accidente de tránsito y al poco tiempo,  a su marido, víctima de las lesiones del siniestro. La tremenda tragedia la dejó sin ganas de seguir luchando, la tristeza le había embargado el corazón. Lucía Cano no entendía por qué la vida le había puesto semejante prueba. Pero la esperanza se abrió ante ella cuando se juntó con un grupo de madres que también se enfrentaron a una pérdida semejante, juntas formaron el grupo Renacer.
Durante el sepelio de su hijo se dijo a sí misma: -Nunca más voy a poder sonreír. La muerte de Rolando la golpeó a tal punto que su vida había perdido el sentido. “Me resentí con la vida, uno se pregunta dónde están los hijos, nos surge la culpa, nos replanteamos cosas, le buscamos sentido a la vida para poder vivir dignamente”, contó Lucía, quien al morir su esposo se quedó con dos hijas chicas a su cargo, Andrea y María Eugenia.
La mujer dijo que cuando la tristeza se había apoderado de ella se percataba que sus pequeñas niñas estaban sufriendo, pero recién cuando entró a Renacer se dio cuenta que los hijos que quedan tienen doble dolor: la pérdida del hermano y ver el sufrimiento de los padres.
En un estado de decepción y pena generalizada, Lucy, como la llaman todos, comenzó a buscar ayuda para salir adelante. “Sentí que una forma de encontrarle sentido a la vida era haciéndole un homenaje a mi hijo ayudando a otros papás”, dijo esta madre coraje. Buscando estabilizar su mente y su espíritu, Lucía inició una búsqueda de padres que hubieran pasado por lo mismo, con los cuales poder compartir su dolor. Vía telefónica se contactó con Ana María Juan, ambas acompañadas de otros papás armaron Renacer.
“Amo a Renacer, me ayudó muchísimo el grupo. Nosotros nos agarrábamos de la mano, gritábamos por qué a mí, nos consolábamos”, explicó Lucy, quien desde 1994 hasta la actualidad no se pierde ningún encuentro. “Mi hijo me dio una misión que era formar este grupo”, concluyó.
Sus cinco nietos y sus dos hijas le han dado sentido a su vida. Lucy lleva dignamente el dolor, su lucha diaria se volvió un ejemplo a seguir por otros padres y nuevamente pudo volver a sonreír.

Ana María Juan
La luchadora invencible

Cuando Ani pensaba que había superado la muerte de su hijo Fredy nuevamente fue golpeada por la tragedia: su hijo Pablo de 19 años murió en un accidente de tránsito en Honduras. Dos veces se sintió muerta en vida, dos veces perdió las esperanzas, dos veces se sintió abandonada por Dios. Pero también dos veces se levantó y luchó como una leona convirtiéndose en un referente del grupo Renacer.
En 1993 Alfredo falleció de una leucemia fulminante con apenas 21 años. La muerte de su hijo dejó devastada a Ana María, que no le podía encontrar un rumbo a su vida. Sabiendo que la pena la iba a hundir para siempre si no hacía algo por ella, buscó ayuda y dio con otra mamá que había pasado por lo mismo que ella, Lucy Cano. Ambas iniciaron de modo informal reuniones de autoayuda.
“Un día en una de nuestras reuniones encontré un número de teléfono que me habían dado de los fundadores del grupo Renacer en Mendoza, llamé y ahí dispusimos el armado del grupo en San Juan”, relató la mujer. De esta manera nació Renacer el 19 de marzo de 1994 en San Juan. “Uno tiene la necesidad de buscar pares, alguien que te entienda, que haya pasado por lo mismo que vos, porque a veces solo no se puede”, contó Ana María.
Cuando pensó que estaba encaminada, fuerte espiritualmente y emocionalmente, le pasó lo impensable. Su hijo Pablo, el más chico, murió víctima de un accidente de tránsito en Honduras. “Fue desgarrador, me preguntaba por qué a mi dos veces”, dijo. La familia cayó en un pozo depresivo, los tres hijos que le quedaban no podían comprender otra pérdida así. “Mi hijo Marcelo, el único varón que me quedó, mientras desarmaba la cama de Pablo me dijo que sus hermanos lo habían abandonado. Uno sufre la muerte del hijo y también ve el sufrimiento de los que quedan”, explicó.
Pero como toda mujer fuerte, Ana María volvió a darle pelea al dolor. Continuó con sus reuniones en Renacer y fue así, con la ayuda y contención de los otros, como pudo salir adelante. “Hubo un antes y un después, no soy la misma mamá de antes, pero Renacer es una escuela de vida y me enseñó que siempre se puede”, dijo. La luchadora nuevamente se levantó y hoy continúa transitando el camino, abrazando la vida.

 

 

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