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jueves 30 de abril de 2026

marketing y comunicación

Dime dónde te sientas y te diré que líder eres

El consultor Marcelo Arecco estuvo en San Juan y se le ocurrió una fórmula simple para mostrar la evolución del liderazgo en el último siglo sin salir de la mesa de tu casa. Una observación simple, que ejemplifica y educa.
Por Redacción Tiempo de San Juan

El profesor Marcelo Arecco  dice que la mesa en el 1900 era larga, un mesón llena de protocolos, silencios,  códigos y solemnidades. De ninguna manera en esa mesa servida se le podía entrar al primer plato sin la cabecera ocupada por el dueño de casa. Invitados y niños al costado, nadie se levanta sin autorización del señor de la cabecera. ¿La mujer? Bien gracias, por ahí andaba, sirviendo quizá.
Dice que a principio de siglo alcanzaba para liderar la empresa llenarles la panza a los empleados, pagar el sueldo y exigir, listo. Muchos hoy quieren ser liderados o liderar de esta manera.
Será lo que el Señor de la cabecera indique. No importa cómo es el líder, cómo se mueve o cuánto sepa. Las cosas se hacen verticalmente con esfuerzo, con rigidez, a lo que su cabeza dé, a lo que su imagen proyecte, a lo que su inteligencia alcance. No hay demasiada promoción laboral, y sí mucho hambre por saciar.
EL profe también ayuda a fijar esa imagen diciendo: ¡Ché! ¿y las fotos… cómo eran las fotos del 1900? A coro respondemos: el señor de la cabecera, el macho proveedor, al centro y sentado; la mujer de pié y a su derecha; los hijos por ahí decorando su entorno. ¿Está claro? Esta imagen la tenemos todos ridículamente definida en nuestras cabezas y en nuestros modelos machistas de familia y liderazgo.
De ahí saltamos al 1950. El mesón largo se acortó. Igual la cabecera sigue siendo para el dueño de casa, los comedores se hicieron más chicos, y se acortaron las mesas. Estamos más cerca, hay más intimidad, menos solemnidad, ciertas costumbres se alteran, se flexibilizan, se naturalizan sentimientos. Hay un quiebre. Igual la familia se reúne para almorzar y no se empieza hasta que no llega el dueño de casa. Al estómago anterior que se debía sólo llenar, debíamos ponerle también entendimiento, oídos, sensibilidad, charlas, valorar lo que le pasaba al otro. Si, al estómago debíamos ponerle corazón.
En la empresa eso se traduce en organizaciones sindicales y en defensa del sector de  los trabajadores. Se aquietan los excesos. Las jornadas extenuantes de trabajo se normalizan, el empleado empieza a ser cuidado, promovido, es más económico si no se enferma, pero sigue siendo una mirada de productividad y de mero engranaje al servicio  de la economía. Si, al estómago debía ponérsele más corazón, pero igual todos esperaban la iluminación de futuro que solo llegaba de la cabecera de la mesa o da la punta de la pirámide en la empresa.
Otra vez la pregunta ¿y cómo eran las fotos de 1950? Respondemos a coro otra vez, sigue estando el hombre en el centro de la imagen, pero aparecen gominas distintas, y sillones mas piolas y amplios, se sientan más integrantes de la familia, igual sigue sobrando trajes y corbatas, aunque los niños también aparecen por el piso.
Por último el 2000, o este bendito 2013. La mesa se hizo redonda primero y después  se esfumó. El líder de la mesa, el de la cabecera se sienta en cualquier lado, si es que se sienta. Cuando él llega, es probable que su familia haya salido, o que la comida este quemada, o que el mismo deba traerla porque no le dejaron nada los amigos del nene que vinieron a comer. El desayunador es lo más importante, el mediodía ya no lo es. La figura del macho proveedor se alteró para siempre. Ella, la mujer, también provee, también sale, también se viste y sale con amigas, y también pone condiciones, como la hija, como el hijo, y como los novios/as de ellos/as. ¿El líder? ¿El macho alfa?¿El pilar proveedor?, bien gracias.
¿Y las fotos, cómo son ahora?
El profesor Arecco no deja que respondamos. Se atreve él y dice: “Son millones y  se valoran sólo si haces una morisqueta piola para el recuerdo ¿Y si no?, se tira, se le da delete”.
“Insisto”, dice el profe “quedas para la inmortalidad en la foto o en la empresa si sos capaz de ponerle una idea, una actitud”. De lo contrario, delete. Te indemnizan y  te borran. O si sos empleado, no se fidelizan y se marchan.
¿Querés liderar? Debes ser capaz de otorgar una visión clara, un desarrollado trabajo de equipo que pueda cumplirse más que pregonarse y donde todos puedan sentirse en plenitud.
Estómago, corazón y cabeza. En estos tiempos hay que tener un gran espíritu de servicio para poder liderar, y sino quedas debajo de la mesa.
 

 

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