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viernes 1 de mayo de 2026

casos que conmocionaron a San Juan

El misterio del auto negro

Pertenecía al Servicio Social de la Municipalidad de la Ciudad de San Juan. Con él, secuestraban a menores. La historia comenzó a circular hace 50 años. Pero, cada tanto, vuelve a sonar la historia del auto negro despertando psicosis y confusión. Por Michel Zeghaib.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Ellos eran dos hombres rubios. Ella, una mujer vestida de guardapolvo blanco reluciente. Como en una clásica novela policial, acechaban a niños, los vigilaban cuidadosamente, y los subían a un de un auto negro.

Un hecho aterrador

Momento antes de las 9 de la mañana del 11 de mayo 1963, cuentan las crónicas de la época que un auto, de forma sospechosa, estaba estacionado en la Av. Rawson cerca de Benavidez. Era un Kraiser Carabela, sin chapa de identificación. Se puede imaginar lo extraña de aquella escena, ya que se trataba de un auto fúnebre –con todo lo que esto significa: un auto que tiene que ver con la muerte –, al costado de una avenida amplia, sin motivo aparente.
En su interior, había dos hombres y una mujer, según  los testimonios de los vecinos de aquella zona que, curiosos –típica costumbre sanjuanina–, no podían dejar de mirar y mirar para saber qué hacía –o que iban a hacer–.
Cerca ya de las 9:45 de esa misma mañana, sucedió algo siniestro. Una señora, de apellido Moya, despedía a su hija de 8 años porque se iba a su acostumbrada clase de piano. Le pequeña, que debía cruzar la Avenida Rawson cerca del auto negro, fue súbitamente agarrada de un brazo por uno de los ocupantes que había bajado raudamente del auto justo cuando la niña pasaba por ahí. Su fuerza había neutralizado a la pequeña que trataba, desesperadamente, de liberarse de las garras de su secuestrador. Los otros miraban desde el vehículo.
Comenzó a arrastrarla hacia el interior del automóvil. La niña se movía como una serpiente para tratar de zafar. Él, la agarraba de todas partes: los brazos, el pelo, el cuello. Cuando de un movimiento inadvertido por el perpetrador, la pequeña se soltó y empezó a correr como jamás lo había hecho antes. Cada tanto miraba hacia atrás mientras avanzaba sin saber dónde. Miraba y miraba pero sólo veía sombras, figuras borrosas, porque sus ojos se habían llenado de lágrimas.
Sin darse cuenta, unos brazos fuertes frenaron su frenética carrera. Era su madre que había estado observando todo, y que, sin dudarlo ni un segundo, había corrido hacia su hija con la desesperación y furia de una leona que avanza a proteger a su cría en peligro. La madre abrazó a su hija. Fue un abrazo único. Como si fuera el primero y el último de sus vidas. En ese momento, el mundo alrededor desapareció. Eran sólo ellas, y ellas eran el mundo.
Los secuestradores arrancaron el Kraiser y aceleraron a toda velocidad por Av. Benavidez hacia el oeste. Por un tiempo no se supo de ellos. Pero no por mucho.

Misterio y crimen

Al parecer, no todos los intentos de secuestro terminaron con un final feliz. De hecho, según testimonios policiales de la época, muchos eran concretados. Algunos de esos secuestros fueron resueltos por la policía, encontrando a varios niños maniatados y amordazados, y en estados de riesgo de salud.
Durante muchos años, los sanjuaninos vivieron en un constante estado de pánico. Padres e hijos, cada vez que salían de sus casas, quedaban envueltos en una profunda e incómoda sensación de terror. Ni qué hablar de aquellos padres que debían dejar a sus hijos en escuelas, o en sus propias casas con la persona que los cuidaba a diario. Llegó un momento en que ya nada  daba confianza y se sospechaba de todo y de todos.
La policía de la provincia realizó una serie de Identikit para lograr la individualización de los secuestradores a partir de los datos que aportara la Sra. Moya. El día del intento de secuestro de su hija, la Sra. Moya había visto al que agarró a su hija, segundos antes de que la pequeña pasara cerca de él, haciendo algunas maniobras en el motor. Como si estuviera cerrando o abriendo la tapa del radiador. Y vio, en la cara interior del capot, el número 12. Este dato no fue menor, ya que con él, luego de una larga búsqueda, lograron encontraren vehículo y apresar a los secuestradores.
La policía se hizo lugar en el local del Servicio Social de la Municipalidad de la Ciudad  de San Juan, porque de allí era el vehículo, y habló con el Sr. Guerra, entonces encargado de las movilidades del mencionado Servicio. Guerra, a pedido de los agentes comenzó a levantar el capot de todos los Kraiser Carabela que había allí. Fue, entonces, cuando dieron con el misterioso auto negro.


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