Las piedras que transpiran fe
La Gruta del templo de la Virgen de Fátima se transformó en un símbolo no sólo de Rawson, sino de la provincia. La historia de una obra vecinal que se hizo a pulmón y en la que se usaron materiales de la Casa de Gobierno y la Iglesia Catedral que derrumbó el terremoto del ´44.
Por Gustavo Martínez Puga.
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com
Cuentan que todo empezó por la promesa de un sacerdote, el padre Erasmo Salomoni. A fines de la década del ´40, cuando llegó al humilde templo que había en el Barrio Obrero Rawson, en el predio donde hoy está el Centro René Favaloro, llamado popularmente La Rotonda, el religioso le hizo una promesa a la Virgen de Fátima: si él no era trasladado de esa comunidad, iba a construirle un templo y una gruta nueva. Así lo recuerdan los fieles más tradicionales de la zona, como la ex ministra de Educación, Ana María Nieto de García.
Así fue como esa humilde Capilla Blanca que había en La Rotonda pronto empezaría a transformarse en el moderno templo de hoy en día con la característica Gruta en el patio de entrada.
Claro que no fue fácil. Y todo fue gracias a la voluntad del vecindario, desde el vecino que en 1954 donó el terreno, un señor López que hoy en día aún tiene su casa el Norte de la Gruta, quien también ayudó a traer las piedras de travertino volcánico desde la Laja, Albardón, hasta los fieles que colaboraban con lo que podían depositando su dinero en un sobre que era repartido en las misas.
Eran días en que los sanjuaninos empezaban a levantarse de la peor catástrofe natural en la historia de San Juan: el terremoto del ´44. Por eso fue que la comunidad rawsina decidió recurrir a la historia y usó como parte del material de construcción del Templo Viejo y de la Gruta los restos útiles de la Casa de Gobierno y de la Iglesia Catedral.
El 1 de marzo de 1956 comenzaron los trabajos de construcción de la Gruta y del templo. Los fieles más memoriosos recuerdan que en 1958 la Gruta ya estaba levantada y lucía como único arte decorativo en azulejos de mayólica el paisaje recreativo de la Cova de Iria, en Fátima, Portugal, el lugar donde la Virgen María se le apareció a los tres pastorcitos y nació la advocación de la Virgen de Fátima.
Hoy en día, mediante una ordenanza municipal del 13 de mayo de 2000, la Gruta, el templo viejo y el campanil de la Virgen de Fátima, son un Patrimonio Arquitectónico Municipal.
Dejá tu comentario
Te Puede Interesar
Movida patrimonial
Por Miriam Walter
Santas razones para no demoler la historia: la cruzada por las ruinas de la Iglesia de Trinidad
Opinión
Por Natalia Caballero
Perdón Carlos Héctor Velázquez, el jubilado sanjuanino abandonado dos veces
Clima
Por Redacción Tiempo de San Juan
Lunes otoñal y agradable en San Juan: el sol se impone con temperaturas templadas
Historias
Por David Cortez Vega