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miércoles 29 de abril de 2026

El cura sanador

La nueva vida del padre Eric

Hace 5 años, el nigeriano causó un revuelo sin precedentes al irse repentinamente de Marquesado, donde por 4 años captó miles de seguidores que aseguraban que curaba mediante la sanación. Días atrás reapareció en un acto de la UNSJ, recibiendo el diploma de una maestría. Por Miriam Walter.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Miriam Walter

Difícil pasar desapercibido: además de su color de piel morena, propia de ser nigeriano, se puso la sotana y subió al escenario, aclamado por varios que lo reconocieron al subir a recibir su diploma por una maestría universitaria en Historia. Estuvo desde temprano sentado en la fila 15 del Auditorio Juan Victoria, sonriente, esperando por el momento académico que su hermana grabó segundo a segundo. Al bajar las escalinatas, se le acercaron varias señoras con chicos en los brazos. Él, en un español muy básico y con acento, les decía que había pasado mucho tiempo, que los niños ya “son hombrecitos” y que “qué alegría verlos”.  A unos los abrazaba, a otros les ponía la mano en el hombro, con muchos se sacaba fotos.

Así fue la mañana del 8 de octubre de 2013 para el padre Eric Ugochukwu, reaparecido justo 5 años después de dejar San Juan, en octubre de 2008, cuando fue trasladado en medio de un revuelo nunca antes visto en la Iglesia local, que incluyó piquetes de fieles frente a la Catedral y el Arzobispado, pidiendo que lo dejaran, porque tenía muchos seguidores en Marquesado, donde daba misas cantadas y decían que curaba mediante el don de la sanación. Pese al clamor popular, al nigeriano no se lo vio más en su parroquia.

“Ahora ya estamos en el año de la fe y de la iglesia, mejor olvidar, sigamos para adelante sembrando la paz”, contesta ahora, escueto, cuando se le pregunta cómo está su relación con el obispo Alfonso Delgado y cómo tomó que lo separaran de los feligreses en Marquesado.

Eric había llegado a San Juan directamente desde Nigeria, en octubre de 2004, a pocos meses de ser ordenado sacerdote por la Iglesia Católica. Apenas hablaba español y se lo escuchaba manejarse con el dialecto igbo, indescifrable para los sanjuaninos, pero eso no fue barrera para que cultivara una relación especial con los feligreses, apenas llegó a la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús. Miembro de la congregación vocacionista, se las arreglaba para llegar a la gente: daba las misas en su lengua y en voz alta arengaba a alabar a Dios, cantaba en otras ocasiones, y se ganaba el afecto de los chicos y ancianos en particular. De vez en cuando, iba invitado a otras parroquias de sacerdotes vocacionistas en San Juan como el brasilero Menegildo Santos y el colombiano Jesús Rendón.  Además de en Marquesado, vivió en las parroquias de Nuestra Señora de Andacollo, de La Bebida, y en la Santísimo Sacramento, en el Barrio Camus.

En 4 años, la popularidad del sacerdote nigeriano creció a pasos agigantados y excedió los muros de la humilde parroquia de Marquesado: se le atribuían poderes milagrosos, de curación mediante el don de la sanación. Además, se le reconocía una labor incesante con los fieles, que estaba con todos siempre, que visitaba enfermos, que daba comuniones a domicilio, que sus misas eran  alegres y distintas porque todos se tomaban de la mano para rezar.

A principios de octubre de 2008 se conoció una noticia que cayó como agua helada en los miles de seguidores del sacerdote: que dejaba la provincia, para ser trasladado a un lugar no revelado. Entonces, en la comunidad empezaron a circular rumores y versiones que motivaron que el Arzobispado emitiera un comunicado afirmando que la Congregación de Vocacionistas de Roma había enviado una notificación de que se lo cambiaba de destino. Mientras se agitaba el avispero, el padre Eric se llamó a silencio, informando en Marquesado que pasaba a recluirse a retiro espiritual.

Cuando se supo que se iba de San Juan, ocurrió una movilización inédita de fieles en defensa de un cura en la Provincia. Se contó centenar y medio de seguidores en pleno microcentro, cortaron varias calles, rezaron el rosario y protestaron con pancartas con mensajes como “la comunidad religiosa de San Juan lo necesita” y cantitos, frente a la Catedral y el Arzobispado.  Desde este último lugar confirmaron esa misma noche que la decisión era “irreversible” y que el cura partiría en el corto plazo rumbo a La Plata, donde está la sede de la Congregación Vocacionista.

Fue recién dos semanas después del piquete que Monseñor Delgado habló del tema, en una entrevista con Diario de Cuyo. Dijo que la decisión la habían tomado los superiores de la orden de los Vocacionistas y que él no tenía nada que ver. Y justificó la medida diciendo que “Desde hace tiempo les preocupaban algunos casos conflictivos con el padre Eric. Situaciones en su entorno que, por ser conflictivas, no son de Dios, porque Dios es el Dios de la paz”. El obispo dijo que el traslado no tenía relación con sus misas “sanadoras”, que era “una tontería” decir que él estuviese en contra de los carismáticos y que el sacerdote ya había partido de San Juan días atrás.

Después fue como que al padre Eric se lo tragó la tierra. En enero de 2009, una multitud lo esperó en la Parroquia de Marquesado, porque se decía que iba a aparecer, de visita por San Juan. Pero nunca llegó. En marzo de 2009, todos los sacedortes de la orden del padre Eric, los vocacionistas, abandonaron San Juan.

Nueva vida

Y pocos sabían que después de su partida, el padre Eric volvería a San Juan para hacer una maestría en Historia, de dos años de cursado y dos más de tesis, que inició en 2010.

“Era un alumno más, pero siempre iba con camisa de cura, clériman y su cadena de crucifijo. Participaba en algunas clases más que en otras, particularmente en las que tenían que ver con su país de origen. A veces saludaba diciendo ‘bendiciones’”, contó un compañero de estudios. Un profesor de Eric contó que hizo su tesis sobre la esclavitud en África del siglo XVI, planteando que tiene su continuidad en tiempos actuales.

Mientras tanto, en el ambiente eclesiástico local manejaban la versión de que estaba viviendo en Pocito, que mandaba gente a comprarle “ropa de sacerdote” a las tiendas especializadas y sabían que estaba estudiando. También estaban atentos al rumor de que el cura seguía celebrando misas localmente, algo que no podía hacer luego de su traslado.

“Estoy recién llegando para hacer esto, últimamente no estoy en San Juan, vivo en La Plata pero hace un tiempo que viajé a Nigeria. Quiero mandar un saludo afectuoso a la gente de San Juan”, contó el africano durante su acto de colación. El cura no quiso hablar mucho de lo que pasó. Apenas si confirmó que estudió viviendo en la Provincia, que hizo una maestría en Historia porque “me gusta, los seres humanos somos hombres históricos”, y recordó sobre sus días de estudiante que “gracias a Dios y la Virgen amo el idioma el español y es complicado pero ahora me puedo expresar un poco mejor, mientras uno sigue adelante sigue mejorando” y que “uno ha trabajado para poder recibirse, acá no hay favoritismo”, respecto de su condición de sacerdote en las aulas.

El nigeriano dijo que “no estuve en Pocito”, respecto de su paradero estos años antes de recibirse. En su entorno dijeron que suele quedarse en casas de familias amigas. De hecho, en el acto en el Auditorio se lo vio acompañado por algunas personas que “lo cuidaban”. Una señora llamada Esther ofició de secretaria para contactar al padre, eso sí, ellos no dan teléfono del sacerdote, sólo llaman al interesado en hablar con Eric en caso de que él acceda.

Sobre si volvió a dar misa, el cura dijo “por supuesto”, pero no quiso dar detalles sobre dónde, sugiriendo que lo hizo en La Plata pero no en San Juan. Para la despedida se permitió un análisis sobre el Papa Francisco: “Es una bendición de Dios para la Iglesia”, disparó, antes de subirse a un auto rodeado de gente que pedía más fotos con el enigmático cura africano.

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