Por Gustavo Martínez
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La casa de la versión oficial
Es la de Horacio Videla, quien escribió la única versión oficial de la historia de San Juan. Vivió allí desde el año anterior al terremoto del ´44 hasta que falleció. Un viaje a su interior.
Por Gustavo Martínez.
Ladrillo, madera, rejas labradas a fragua y martillo y el uso de mármol Travertino obtenido de las canteras albardoneras mandan en la construcción en la que vivió y murió el historiador sanjuanino.
El diseño y construcción estuvo a cargo del arquitecto mendocino Daniel Ramos Correa, un destacado de los años ´40 en San Juan y Mendoza, el mismo que pensó la Iglesia Catedral, la plaza Aberastain y la plaza Hipólito Irigoyen con restos del terremoto del ´44, entre otras construcciones destacadas de la ciudad en la reconstrucción.
Los constructores dicen que los pisos hablan del estilo y de la antigüedad de una casa. Entonces se podría decir que la de Videla es una edificación conservadora, tal como lo fue política e intelectualmente el hombre que se recibió de abogado a los 21 años en Buenos Aires y llegó a ser vicegobernador por la Concordancia en diciembre de 1941. Así reza el epígrafe de la foto del diario Tribuna que se exhibe en la chimenea de la biblioteca en la que Videla escribía en sus años de vigor.
Ese ambiente tiene un amplio ventanal que da al fondo, por el que se asoman los lirios color lila tras el sillón giratorio y el escritorio que durante años usó Videla.
Luego, cuando los años le pedían más luz para sus ojos, el profesor se mudó con su pluma y sus papeles al espacio pensado como un escritorio de la casa, con una entrada directa, en el sector Oeste de la casa, donde una ventana que da a la avenida Libertador le permitía un mayor ingreso de los rayos del sol.
La entrada principal de la casa es sencilla, pero imponente. Los jardines aún conservan las boinas de Vasco y una puerta doble blanca con un balconcito decorativo en la parte superior, que en la planta alta cumple las veces de entrada de luz y ventilación para el hall que hace de distribuidor de los tres dormitorios: el matrimonial (en el que hay dos camas y dos placares), otro que usaba Videla (el cual tiene dos placares, uno para ropa de invierno y otro de verano), el de huéspedes y un baño. En el entrepiso, donde está el descanso de la escalera, está la entrada al departamento de servicio, el cual se aprecia desde la calle porque está arriba del garaje.
Tanto en la entrada principal como los pasillos que conducen a la biblioteca, el salón y el comedor principal y la cocina, el piso es de mármol Travertino. El salón principal y el comedor de visitas están atravesados por dos inmensas vigas de madera natural talladas a mano en los dos extremos que apoyan en las paredes.
El comedor ene a que Videla almorzaba todos los días a las dos de la tarde, cuando regresaba de cumplir su función de asesor en el Banco San Juan, es muy sencilla: es una L de asientos fijos tapizados de rojo, una mesita y tiene la particularidad de conservar la heladera General Motors color gris que le regalaron para su casamiento. Allí también hay una pequeña pileta de lavar que era usada para la vajilla fina.
A continuación de este espacio está la cocina, con conexión directa a la calle, al fondo y al comedor principal, en la que resalta un extenso mesón como para una docena de comensales y está conectado al salón principal mediante una puerta plegadiza.
Cada uno de estos ambientes, desde el hall de entrada, hasta el escritorio, la biblioteca, el salón principal y la galería del primer piso, se destacan por tener arañas pensadas para cada ambiente, en cuanto a su tamaño y sistema de iluminación, que le dan un toque de distinción único.
La mayoría de estos lugares tienen una abertura que conectan al fondo de la casa, un espacio amplio que también se comunica con la avenida Alem. Allí se destaca un ombú de muchos años que parece brotar de la tierra con sus raíces por sobre el césped; un nogal cargado de nueces, una magnolia, un naranjo y un laurel. En ese sector, todo el ancho de la casa es una galería de arcos que hacen de balcón del primer piso, desde el que se observa el frente del Teatro Sarmiento.
Bajo tierra, la casa de Videla también tiene sus secretos: tiene un gran sótano en el que el historiador jugaba grandes partidas de póker con sus amigos. Pero cuando instalaron en ese lugar la caldera para la calefacción de toda la casa, ese espacio dejó de usarse para ese fin.
Datos
En cada ambiente de la casa de Videla se observan crucifijos, fotos de obispos e imágenes religiosas que denotan la profunda fe católica del historiador.
El historiador Videla dejó su casa en herencia a la Universidad Católica de Cuyo, quien dedicó el espacio a un centro de estudios históricos.
Horacio Videla nunca tuvo hijos. Al poco tiempo de casarse se divorció e incluso hizo gestiones hasta que el Papa le disolvió su matrimonio.
Marina Mercado, una sobrina de quien fuera el ama de llaves de toda la vida de Videla, vive en esa casa desde los 12 años. Hoy en día es la persona que la sigue habitando y cuidando sus recuerdos.
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