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miércoles 6 de mayo de 2026

A 57 años de la muerte de Buenaventura

El nieto recopilador

Carlos Semorile es hijo de Brígida Dojorti, hija de Eusebio de Jesús Dojorti; y es quien ha reunido la obra de Buenaventura, la conocida y la inédita. Esta es la historia del nieto que esperó con paciencia su legado y el tesoro de los sanjuaninos. Por Viviana Pastor.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com


“Desde el año 2005 vengo recopilando parte de la obra de Buenaventura Luna, el abuelo que conocí gracias a su compañera, Olga Maestre, quien siempre me habló de Eusebio Dojorti con el amor a flor de labios”, contó Carlos Semorile, nieto de Buenaventura.
El próximo 29 de julio se cumplirán 57 años del fallecimiento de Buenaventura Luna, el máximo poeta que dio la tierra jachallera, y su nieto Carlos, hijo de Brígida, cuenta cómo salieron a la luz las obras inéditas de don Buena.

Carlos nació y vive en Buenos Aires y no conoció a su abuelo Eusebio Dojorti, o Buenaventura Luna como eligió que lo conociera el mundo, pero pudo aprender a amarlo a través de su abuela y compañera de toda la vida. Ella fue quien le heredó los papeles que guardaba de Eusebio y fue Carlos quien contribuyó a expandir la obra de Buenaventura Luna.

“Mi abuela Olga no tuvo en este mundo más cosas que las indispensables, pero atesoró los papeles del Papi -o del Viejo, como también solía llamarlo-, a sabiendas que resguardaba, amén que jirones de una vida apagada demasiado pronto, la obra de un profundo filósofo y poeta. En las condiciones menos favorables, persecución y exilio incluidos, ella conservó un caudal de materiales que tuve la fortuna de dar a conocer a través de sucesivos trabajos. Al hacerlo, he cumplido con Olga y su deseo de rescatar a Eusebio de un injusto olvido. Pero a la vez, merced al pensamiento de Eusebio Dojorti, me fue revelado este mismo suelo argentino que miraba sin ver y ponderaba sin amar”, contó Carlos.

Carlos está casado con Sandra Palomares, con quien tiene dos hijos. Con ella visitó en varias oportunidades el  Jáchal de su abuelo. “Mi vinculación con Huaco y con Jáchal y San Juan, es básicamente emocional, ya que además allí tengo muy buenos y queridos amigos”, dijo Carlos.

Como recopilador de la obra de Buenaventura, Carlos publicó varios libros: "Olga y Eusebio, papeles resguardados al rescoldo del amor" (2006), "La Vida y la Libertad" (2007) y "El Canto Perdido y Los Manseros del Tulum" (2008). Y fue productor de los compactos "Buenaventura Luna, El Canto Perdido" (2008), "Zamba del Gaucho" (2009) y "Coplitas del Gaucho Pobre" (2009).

“Yo pasé buena parte de mi infancia en la casa de mi abuela materna, en Ciudad Evita. Como relato en “Olga y Eusebio, papeles resguardados al rescoldo del amor”, ese tiempo fue una etapa de formación mítica durante la cual Olga Maestre me brindó los recuerdos de su alma y, con ellos, la posibilidad de “tener” un abuelo excepcional. Desde temprano, hicimos un pacto: cuando creciera me ocuparía de “los papeles de Eusebio” que ella había atesorado y preservado. Quise abocarme a esa tarea alrededor de mis catorce años, pero Olga supo que me faltaba formación como para comprenderlos cabalmente. Cosas de la vida, Olga falleció sin haber visto que aquel anhelo suyo de ver reivindicada la memoria de Eusebio comenzaba a hacerse realidad”, destacó el nieto.

Después de la muerte de la abuela Olga, Carlos comenzó a ordenar los escritos de Eusebio y a preparar  el primer libro “Olga y Eusebio”, al mismo tiempo que trabajaba en el que sería su primer libro editado: “Palabras Grávidas. La maternidad en la literatura”. Luego vendrían los otros libros mencionados.

Más adelante, tuvo la necesidad de publicar también su obra musical inédita, y así nacieron los compactos “Buenaventura Luna. El Canto Perdido”, y los dos primeros discos de la colección que emprendimos junto con Andrés “Lolo” Hidalgo, “Buenaventura Luna y La Tropilla de Huachi-Pampa”: “Zamba del Gaucho” y “Coplitas del Gaucho Pobre”.
Para completar estas tareas de difusión, Carlos sumó un blog “Pensamiento Dojortiano”, un espacio de relectura de los textos de Dojorti que también está abierto a los aportes musicales, fotográficos y narrativos de los seguidores de “Don Buena”.

“Me resulta cada vez más difícil determinar cuál es la faceta de la vida de Eusebio que me llega más. En algún momento de mi adolescencia lo admiré como periodista, al punto de que ése fue el estudio que primero encaré al salir del secundario; y siempre me impactó el relato de Olga sobre sus días en la cárcel cordillerana de Tamberías. Pero a esta altura, ya convertido en un estudioso de su pensamiento, no creo que haya ningún aspecto de la obra de Dojorti que se deba soslayar, ni mucho menos desmembrar del conjunto de su producción en el marco de la Cultura Nacional y Popular”, destacó Carlos.

Los hijos de Olga y Eusebio

Eusebio de Jesús Dojorti tuvo siete hijos con Dora Olga Maestre. A todos los bautizó Eusebio, salvo al penúltimo que lleva, por imposición de Olga, el nombre del padre, prolongando -seguramente sin saberlo- una tradición de Eusebios que comenzó con el hijo del irlandés John Dougherty (Eusebio Dojorti Cabot).

Los tres primeros hijos de Olga y Eusebio nacieron en San Juan (Marta Olga, José María y Brígida del Carmen), y los cuatro restantes en Buenos Aires (Eulalia Beatriz, Mónica del Rosario, Eusebio de Jesús y Juan Pablo). Lo de tener hijos sanjuaninos y porteños, contó Carlos, se explica por el hecho de que Olga fue la compañera de Eusebio durante el período en que éste se transforma en “el Buenaventura Luna de la radio”, y se viene a Buenos Aires a difundir la música nativa desde la metrópoli cosmopolita.

“A mi madre, Eusebio le puso el nombre de la diosa celta de la inspiración y la creatividad, Brígida, aunque en rigor de verdad fueron varios los hijos de Olga y Eusebio -incluida mi madre- que en algún momento de sus vidas tomaron la pluma y/o la guitarra”, señaló Carlos.

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