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miércoles 6 de mayo de 2026

editorial

Obras en San Juan: La delgada línea roja

Nuevo mandamiento: Lo que está se hace, lo demás deberá esperar. ¿Cambio de matriz política para una administración caracterizada por la obra pública? Nada de eso: desensillar hasta que aclare. Por Sebastián Saharrea.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Sebastián Saharrea

En ningún lado como en estos valles germinó con tanta potencia la semilla del new deal criollo de la obra pública para atravesar la crisis.
Aquella receta de hiperactividad cementera fue la visión con la que irrumpió Kirchner en plena política del ajuste. Inspirada en la relectura de John Maynard Kaynes, aquel economista del establishment que ni se hubiera imaginado figurar como emblema heterodoxo, y en la experiencia de Franklin Roosevelt en el rescate de EEUU luego de la Gran Depresión del 30, el fogoneo de la obra pública fue el intídoto que imaginó aquel presidente aterrizado de los pelos en el 2003 en aquella Argentina en plena combustión.
Funcionó a nivel macro con la locomotora económica que significó la construcción. La inyección de recursos derivados a obras públicas nacionales por medio de la inversión pública derivó en una actividad multiplicada hacia todos los proveedores de insumos, sumado al descrédito del sector financiero que hizo que lo más razonable –y rentable- fuera invertir en ladrillos y eso derivara en un auge inédito de la inversión privada. El gremio de la construcción fue el que más creció en afiliados en los últimos 8 años, los cascos amarillos aparecieron en los anuncios presidenciales de diques, escuelas, hospitales; la venta de cemento se multiplicó por diez en una década. Y todos felices.
En San Juan, tomaron color varios de los viejos elefantes anclados desde tiempos inmemoriales. Se terminó el Centro Cívico, reapareció el movimiento en los diques Caracoles y Punta Negra, la construcción de viviendas públicas alcanzó su récord, igual que la de hospitales y escuelas, rutas nuevas y parquizadas. Un estadio modelo que atrae eventos de jerarquía. La perdurabilidad de la administración de José Luis Gioja tuvo en el apartado de las obras a su socio ideal. ¿Qué pasó?, ¿se terminó?
Esta semana, José Luis Gioja por un lado y Francisco Alcoba por el otro recitaron en estéreo el nuevo mandamiento: se harán las obras que ya fueron anunciadas, pero no habrá más anuncios mientras dure la incertidumbre financiera. La jugada tiene destino: frenar la ansiedad. Pero tiene otra lectura: calmar las aspiraciones, no reducir el ritmo de las obras.
Buscan en la provincia semblantear la sintonía política con la Nación, que quedó ajada por algunos malentendidos. Y esperar que la caja nacional vuelva a cobrar dinámica. Mientras tanto, la provincia planea seguir bancando obras públicas nacionales que siempre el despacho de De Vido termina recomponiendo, como se hace desde hace tiempo. Y acá no ha pasado nada
Un punteo por las obras más relevantes señala que:
-La ruta 150, en su tramo Huaco-Ischigualasto, es el más comprometido por la sequía de fondos nacionales. Está a cargo de Vialidad Nacional y es estratégica porque forma parte del Corredor Bioceánico. Por estas horas negocian para ver si la provincia se puede hacer cargo de los desembolsos y que la Nación los reponga luego.
-La construcción de viviendas en la provincia no corre ningún riesgo de resultar alterada. Porque el Plan Federal II de la Nación cayó a manos del plan del Banco Hipotecario, por lo tanto la provincia sigue con su operatoria del IPV. Para fin de año calculan que habrá 5.000 en ejecución.
-El Instituto de Formación Docente, que se construye donde antes estaba el Ministerio de Educación, está paralizado por falta de fondos nacionales. En silencio, la provincia busca también hacerse cargo de manera transitoria. Lo del silencio tiene que ver con que no hay nada que caiga más mal en los escritorios nacionales que algún reproche por alguna malaria pasajera. Es un viaje de ida.
-El túnel Agua Negra aparece por ahora alejado de la parálisis. Se construirá con fondos aportados por los interesados en la construcción, con garantía de fondos incluidos en el presupuesto nacional de este año por la totalidad de la obra. Entre agosto y setiembre estará el pliego licitatorio y a fin de año esperan lanzar el concurso.
-El Teatro del Bicetenario, con un presupuesto de $250 millones de pesos pagados fifhty-fifhty entre la provincia y la Nación comenzará a ser construido el mes que viene. La idea es que el aporte para sostener la obra desde el inicio lo haga la provincia y después pase por ventanilla nacional. Será con un condimento político especial: esperan que el inicio de la construcción se realice con la presencia de Juan Manuel Abal Medina, el hombre fuerte en los alrededores de CFK. Quien dice presencia dice compromiso.
-El museo Titanes de Ischigualasto acaba de ser llamado a licitación y su construcción está pensada para este año con fondos provinciales.
-Entre los diques, avanza la construcción de Punta Negra, que va por casi el 40% de obra, y hay en carpeta otro proyecto, El Horcajo, que no podría concretarse sin ayuda nacional. Nadie habla de frenarlo.
Ante este panorama, ¿qué es entonces lo que sufrirá un parate en la provincia como consecuencia de la crisis?
La respuesta tiene más ingredientes de tipo políticos que financieros. No existe en las cuentas públicas provinciales un tablero de semejante alarma como para virar de manera drástica una variable que fue la columna vertebral del proyecto político provincial: la de las obras. Sí lo hay desde el remolino político en el que giran las relaciones de los gobernadores, las simpatías cruzadas, las declaraciones, Scioli, Moyano y compañía.
En este momento de reposicionamiento en el oficialismo, todo huele raro. Y eso se traduce en las vibraciones políticas que siempre son el insumo básico con el que se arrancan los compromisos de inversión pública nacional en las provincias, incluyendo por supuesto a San Juan.
José Pepe Strada, el ministro de Infraestructura provincial es muy allegado a Julio De Vido, su colega nacional, pero a ese buen vínculo hay que regarlo todos los días. Nunca fue una carta automática para obtener compromisos políticos con alguna estampita. Cada pedido, con peregrinación por los escritorios nacionales, debe ser acariciado por buen trato y alguna botella de buen syrah. No es que ahora la fórmula haya caído en desgracia sino que estos tiempos convulsionados hacen que hasta a los más afines como el gobernador sanjuanino le resulte necesario pisar sobre seguro.
Toda aquella larga lista de obras enumeradas en el portal de acceso del modelo político provincial fue, al menos, coprotagonizada con la Nación. Dieron fama al gobernador sanjuanino en experto en mangazos, pero nunca Gioja se comió en soledad el protagonismo de alguna obra. Siempre coparticipó a Néstor y Cristina con cualquiera de esos ladrillos. Funcionaron en tándem.
El círculo no se rompió. El anuncio de no hacer más anuncios tiene el aroma de pisar el freno para evitar generar expectativas que luego hay que revalidar en el terreno político. Y ese terreno aparece hoy muy pantanoso.
¿Alguien cree que no habrá más obras para un modelo caracterizado por las obras? Nada de eso. Se trata de desensillar hasta que se vea mejor el panorama.

En este momento de reposicionamiento en el oficialismo, todo huele raro. Y eso se traduce en las vibraciones políticas que siempre son el insumo básico con el que se arrancan los compromisos de obras.




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