Conduciendo a Gioja
Se llama Fredy Funes, es un humilde vallisto de 39 años de perfil bajo que se ganó la confianza del gobernador Gioja y la de su familia. Con abuelos y padre policías, es el único agente de esa fuerza de seguridad que tiene el título de chofer-custodio otorgado por la Policía Federal y avalado por el Ministerio del Interior.
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Su función es la de chofer-custodio. Está altamente entrenado para hacerlo. Pero además es un estrecho colaborador del Gobernador. Es de hablar poco, muy poco. Pero siempre está a su alcance y sabe lo que va a necesitar. No sólo lo conduce a Gioja al frente del volante de alguno de los Volkswagen Passat doble tracción afectados al servicio del Gobernador, sino que también lo hace en la camioneta Nissan cuando visitan los departamentos o lo siguió por los finos senderos de la cordillera de Los Andes en cada uno de los siete cruces sanmartinianos que se realizaron.
Siempre se lo ve cerca de Gioja, acercándole el teléfono satelital o la campera de alta montaña en la cordillera; atendiéndole el celular cuando está en reuniones que no quieren que lo molesten o, simplemente, acompañando a su esposa y a sus hijos en los traslados a los actos protocolares formales.
“Siempre estamos atentos a todo. Tal vez un acto chico te puede sorprender”, comenta. Y confiesa la instrucción que recibieron de Gioja desde sus comienzos como Gobernador: “No le gusta que empujemos a la gente, ni que estemos en el medio. Pero como es una persona muy querida, en ningún lugar tenemos problemas de que lo vayan a agredir. Más allá de que siempre estamos atento”, dice Funes, quien siempre habla en plural como para no dejar de reconocer la labor de los otros custodios.
Si bien Funes es un hombre de pocas palabras, todos en el círculo chico del Gobernador saben que se ganó su confianza. Y cuando se le pide una definición de Gioja, él dice que “es una gran persona. Se puede hablar con él. Es muy, muy humilde. Es así, como uno lo ve en todos lados. Toda su familia es muy humilde y son muy buenas personas”.
La jornada del custodio arranca a las 7 de la mañana en Casa de Gobierno. Lo primero es limpiar el vehículo. Luego se pone la ropa adecuada según el día de trabajo: una camisa para una jornada común o un saco si es un acto más importante. Nunca más de eso para no desentonar con el estilo descontracturado de Gioja. Normalmente, a las 7.45 lo busca al Gobernador por su casa para llevarlo hasta la calle Paula de Sarmiento. Allí suelen estar hasta las 15, cuando lo lleva de vuelta a su hogar. Y a las 16.45 lo buscan nuevamente hasta la medianoche. Respecto del uso de los vehículos, Funes recuerda que Gioja nunca quiso que le polarizaran los vidrios a los vehículos oficiales afectados a su traslado.
“El Gobernador es un hombre que no para en todo el día. Muchas veces, cuando vamos llegando a su casa, se acaricia sus piernas con sus manos, como aliviando el cansancio, y siempre suele decir “qué lástima que el día sea tan corto”. Es incansable”, dice Funes, en una de las muy pocas infidencias que confiesa sobre el Gobernador.
Sangre azul
Llegar a ser el guardaespalda del Gobernador fue como “tocar el cielo con las manos”. No es para menos. Es que siempre se preparó para algo “grande”. Desde que nació vivió la milicia: sus dos abuelos, paterno y materno, fueron policías. Su padre fue policía. Su hermano es policía. Y desde que dejó sus pagos, la Villa San Agustín de Valle Fértil, a los 12 años, siempre supo que quería ser policía.
“Yo amo a la policía”, dice Funes con orgullo. De esa fuerza siempre recibió un apoyo incondicional y logró hacer carrera impulsado por su vocación, pero también por el apoyo de sus pares y superiores. Eso ocurrió desde sus comienzos, en 1993, cuando era chofer de la División Tránsito y decidió postularse para una beca que la Policía Federal Argentina ofrecía en la Escuela Chofer-Custodio General Villar. “Como no tenía recursos económicos, mis compañeros me ayudaron a conseguir los pasajes. Y una vez en Buenos Aires, un suboficial de apellido Malla me consiguió alojamiento porque no tenía dónde quedarme”, recuerda Funes.
Esas dificultades no amedrentaron al vallisto. A esa escuela ingresaron 60 policías de todo el país. Tras un proceso de eliminación que incluía el curso de manejo a la defensiva y tiro, sólo 15 llegaron al examen final. Y 9 aprobaron. Entre ellos Funes, quien se convirtió en el único chofer-custodio con diploma de la Policía Federal. En San Juan son cinco los choferes-custodio con carnet otorgado por el Ministerio del Interior: Roberto Funes, hermano de Fredy, afectado a la custodia del Jefe de Policía; Blanes, Arias y Pereyra.
Luego Funes siguió haciendo carrera. En la provincia integró el GERAS (Grupo Especial de Rescate), recibió entrenamiento como Tirador Policial en la Policía Federal y en Buenos Aires realizó un curso de Brechero –los policías que irrumpen por la fuerza en un lugar, mediante el uso de balística, mecánica o explosivos- en el GEOF (Grupo Especial de Operaciones Federales) que dicta el Ministerio del Interior.
Con el tiempo, la experiencia acumulada lo llevó a enseñar. Primero en el grupo GERAS. Y luego fue a San Luis a dar curso de manejo defensivo a la custodia de Alberto Rodríguez Saa. Hasta que en el 2003, cuando Gioja asumió la gobernación, el entonces jefe de Policía, Miguel González –actual secretario de Seguridad-, lo afectó a la División Custodia de la Gobernación, como chofer-custodio, junto a Alberto Rodríguez.
Con ese trabajo, Funes crió a sus tres hijos; el varón de 18 años que juega al rugby en el Jockey Club y estudia Automotores en la Escuela Industrial, quien ya tiene decidido que será policía, como su padre, su abuelo y sus bisabuelos; la nena de 12 años y el menor de 6.
Además de su función de custodio, Funes realiza adicionales como policía cuidando las instalaciones del Dique Ignacio de la Rosa. Y hasta imagina su futuro con Gioja fuera del gobierno: “Tal vez vuelva al grupo GERAS o al Comando Radioeléctrico, no lo sé”, dice, con humildad.
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