Por Miriam Walter
mwalter@tiempodesanjuan.com
La otra reina
Luciana Escudero nació hombre pero se siente y aparenta ser una mujer. Es la Reina Nacional Gay del Sol que hoy deja su trono. Cuenta a Tiempo de San Juan cómo es la vida de un transexual en la provincia.
Se define como “trans”. En su DNI figura el nombre de un hombre pero ella siempre se sintió como Luciana. Dice que desde la infancia se siente una niña. Se sometió a tratamientos hormonales para que no le creciera el vello en el rostro y para que se le desarrollara el busto, pero sueña con poder operarse más adelante y lograr verse como una mujer plena. Esta morocha de ojos profundos, gestos delicados, voz suave, esbeltas piernas y lindas curvas, es la Reina Nacional Gay del Sol que hoy dejará el trono a una nueva soberana, representante de la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales por el próximo año, en una de las fiestas más provocativas de la noche sanjuanina.
La historia de Luciana simboliza la de cualquier integrante de la comunidad gay sanjuanina. “Yo soy una persona que soy todo el día igual, así como me ven de noche me ven todo el día. Gracias a Dios estoy muy apoyada por mi familia, me quieren y me cuidan muchísimo. Mi familia siempre me respetó muchísimo”, dice.
“Mi vida es trabajar, me recibí después de hacer una capacitación profesional en peluquería, pero vengo de trabajar en un montón de lugares, he trabajado en centros de estética y en otros lugares también”, resume.
Luciana dice que terminó la secundaria en el Nacional Pablo Cabrera con uno de los mejores promedios, luego estudió un año de Economía y también un año de Informática, hasta que se volcó a la peluquería.
“Tuve una infancia tranquila, normal, con la familia constituida por un papá, una mamá, dos hermanos y una hermana, yo creo que no sufrí tanto como las demás porque me aferré mucho al estudio, estudié un montón, me gustaba estudiar”, analiza.
Cuenta que a la vez que iba al colegio estudiaba catequesis y que hizo la comunión y la confirmación. Y pese a que los preceptos religiosos están muy lejos de aceptar conceptos como la homosexualidad y la transexualidad, Luciana asegura que nunca tuvo problemas, porque “en el entorno en que me he manejado, todos siempre han sido muy afectuosos y yo siempre fui muy compañera, yo no sufrí discriminación nunca”.
Para lograr una apariencia femenina, Luciana se sometió a tratamientos con hormonas. “No tengo ninguna operación, hasta el momento”, aclara. Y dice que quiere hacerse cirugías en el futuro, empezando por los pechos, sin abandonar el tratamiento hormonal. Asegura que esos procesos no fueron traumáticos para ella: “yo siempre lo que hice fue porque quise hacerlo, no porque me obligara nadie ni nada por el estilo, nadie me lo pidió”, subraya.
El tratamiento más fuerte se lo hizo entre los 18 y los 19 años, “yo tengo la particularidad de que me parezco más a mi hermana que a mis hermanos, en el colegio parecíamos mellizas”, dice. Cuenta que los medicamentos y la atención para lo hormonal –que se basa esencialmente en pastillas- cuestan caro. “Ahora hay fundaciones como Acercándonos que nos da oportunidades, como por ejemplo análisis libres, consultorio, nos ayuda a que nos sintamos más cómodos”, reflexiona. Agrega que nunca tuvo problemas cuando fue a atenderse a los hospitales públicos. Gracias a los tratamientos, se puede lograr hacer más tersa la piel, disminuir el crecimiento del vello, afinar la voz y crecimiento en los pechos.
En su ámbito de trabajo, sus compañeros y sus clientas saben bien quién es Luciana. Según ella cuenta, “hago domicilios y me relaciono con muchísima cantidad de gente y gracias a Dios he tenido muy buena aceptación”, y nunca recibió ningún comentario desubicado.
“Yo soy una agradecida de la vida, realmente, de lo que soy, de lo que tengo, porque puedo trabajar desde chica y mucha gente me quiere”, asegura. Luciana aún vive con su familia en Santa Lucía y afirma que desde pequeña sus padres tuvieron claro que ella no se sentía varón. “Yo de chica compartía cosas con mis hermanos, pero siempre fui muy femenina, por ejemplo salía como mi hermana disfrazada de personajes femeninos, como de conejita, tengo esas fotos de chica y me encantan”, recuerda. “Mis padres dieron su trabajo y dinero para que yo hiciera las cosas bien y creo que ha sido así”, concluye.
“Yo no soy transformista, que de día soy hombre y de noche soy mujer, a mí me tocó una familia genial, tengo dos hermanos varones que me adoran, ellos no vienen a Rapsodia, pero respetan mi decisión y mi condición. Y cuando han estado de novios, jamás tuve problema con mis cuñadas”.
Como embajadora de la comunidad gay, cierra con un análisis sobre cómo es vivir en San Juan con esa elección de vida. “El sanjuanino es como muy chapado a la antigua, pero creo que con el tiempo ha ido cambiando. La vida es diferente y estamos en el Siglo XXI, la sociedad se ha abierto bastante para lo que era antes, por suerte ha habido un avance”.
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