En el día de los enamorados: De Polonia a San Juan, por amor
La historia de Monika Skowron y Federico González, ella polaca y él argentino. Ella dejó su país para venir a vivir a San Juan por amor, luego que se conocieran en un encuentro de coros en el año 2006. Un relato para compartir en el Día de San Valentín, patrono de los enamorados.
Pero la distancia no fue un problema. Como tampoco lo fue el idioma, desde la primera vez que se vieron. “Yo hablaba inglés y hacía de intérprete con los chicos del coro y eso facilitó las cosas. Después el chat nos permitió seguir conociéndonos”, asegura. Las posibilidades laborales para Monika, que estaba terminando su carrera universitaria, fueron otro gancho para terminar de decidirse. A poco de llegar, trabajó dirigiendo el Coro de Niños de Albardón y mientras aprendía a hablar castellano, empezó a conocer y apreciar las costumbres de una provincia que luego hizo suya. Tanto que hoy habla fluidamente y emplea los artículos “el” y “la” antes de nombrar a alguien, tan sanjuaninos, en su diálogo diario. “El Federico hace un rico asado. Yo nunca había visto preparar tanta carne así y hoy soy fanática de los asados. También aprendí a cocinar”, se enorgullece. Federico confirma la apreciación con un “hace muy buenas empanadas”, que corrobora el acuerdo en el que basaron, desde el primer día, su relación.
El calor del verano sanjuanino, tan impiadoso como el crudo invierno polaco, fue una de las cosas que más le costó asimilar a Monika. Y agrega, mirando a Federico directamente: “Los polacos son más puntuales, esa es otra diferencia con los sanjuaninos”, despertando la carcajada de él.
A los dos les gusta la tranquilidad del campo. “Vamos mucho a Jáchal, mi familia tiene casa allá y a los dos nos gusta mucho”, dice Federico. En la lista de gustos en común también comparten la música clásica y el folclore, a tal punto que Monika aprendió a bailar zambas y chacareras casi a la perfección.
Hoy, mientras ella termina de estudiar canto en la Escuela de Música de la UNSJ y él transita por el último tramo de su carrera de Ingeniería en Electrónica, comparten su vida y hacen planes para el futuro. “¿Casarnos? Algún día lo haremos, por ahora no es la idea. Estamos bien así. De hecho, casarnos hubiera sido la solución para que Monika tuviera resuelta su situación de residencia, pero no quisimos que fuera un trámite. Además, cuando nos casemos, me gustaría que puedan venir algunos miembros de su familia. Y también correspondería que yo fuera a casarme con ella a Polonia. Ya habrá tiempo para hacerlo”, reflexiona Federico.
De Monika, Federico dice que es “activa, siempre está haciendo algo”. De Federico, Monika afirma que “es inquieto, siempre va un paso adelante”. Y mirándose a los ojos, ambos aseguran que se sienten muy queridos el uno por el otro. Y sostienen que, contra toda receta infalible de amor eterno, ellos prefieren mantener lo que decidieron cuando resolvieron estar juntos: el acuerdo de compartir el camino, día por día, respetándose y queriéndose “para crecer a la par”.
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