La historia de Tulio Tucho Valenzuela y Raquel Negro, fue contada en San Juan en el libro de Eloy Camus, “Historia de víctimas del terrorismo de Estado. San Juan – Argentina”, que cuenta muchas de las historias de los desaparecidos de la provincia. Pero antes, las hazañas de Tucho fueron contadas por Miguel Bonasso, en su libro Recuerdo de la muerte (1994); y por Richard Gillespie, en Soldados de Perón. Los Montoneros. Es que la historia de Tulio se destaca por los visos de película hollywoodense.
Tulio y Raquel
Tucho nació en San Juan en 1945 y vivió acá hasta 1963, cuando emigró a Buenos Aires para estudiar Derecho en la UBA. En la universidad ingresó a la Juventud Peronista, y años más tarde se sumó a Montoneros. Por su militancia, fue trasladado a Jujuy y después a Rosario.
Fue detenido en 1972 y trasladado al penal de máxima seguridad en Rawson. Fue el segundo al mando de los montoneros presos. Fue liberado en mayo de 1973, luego de la amnistía general a los presos políticos que decretó el gobierno de Héctor Cámpora.
Volvió a militar en Rosario y en 1974 se convirtió en el jefe político y militar de la Columna Rosario de Montoneros, alcanzando el grado de Mayor en la organización, que era el segundo rango en orden de importancia, luego de los oficiales Superiores (Conducción Nacional).
Luego del golpe militar de 1976, Valenzuela partió al exilio con Raquel y el hijo de ella. Ese camino lo llevó por Costa Rica, Nicaragua, Uganda, Suiza, España, Brasil y Paraguay. Volvió al país en diciembre de 1977. Fue delatado por su segundo en el mando de la columna, Nelson Latorre, que había sido secuestrado y "quebrado" por el Ejército, y fue detenido el 2 de enero de 1978, en Mar del Plata. El mismo día fue secuestrada Raquel y su hijo. Los tres fueron trasladados a una quinta en Funes, un pueblo cerca de Rosario, donde el Ejército tenía concentrada a la cúpula de la Regional. Allí la mayoría de los prisioneros estaban "quebrados", "arrepentidos" y trabajaban para los militares, según consignaron en sus libros Bonasso y Gillespie.
Cuentan que allí Tucho simuló estar "quebrado" y dispuesto a colaborar con los militares para golpear al núcleo dirigente de Montoneros; y convenció al general Galtieri de que estaba dispuesto a atentar contra Firmenich, quien se encontraba en México.
Se puso en marcha la Operación México, en la que Valenzuela debía infiltrarse en una reunión de Montoneros en tierra mexicana y atentar contra el líder máximo de la organización. Tucho estaba marcado por un montonero "quebrado" (Carlos Laluf) y tres militares; mientras que su mujer e hijo quedaron en el país, como garantía de que no se fugaría.
En México, Valenzuela tomó contacto con la organización y les contó los planes militares. Por orden de la Conducción Nacional, el 18 de enero de 1978, Tulio denunció públicamente la Operación México, en conferencia de prensa, y lo que pasaba en la quinta de Funes.
Sin embargo, la Conducción de Montoneros sometió a Juicio Revolucionario a Tulio Valenzuela, encontrándolo "culpable" de los delitos de traición, delación e instigación. Dijeron que había "colaborado con el enemigo para infiltrar la organización con objeto de asesinar a Firmenich", pese a que el hecho no se había llevado a cabo y aunque precisamente por el accionar de Tulio el asesinato se había evitado. Como sanción, la Conducción degradó a Valenzuela de Mayor a Subteniente (4 rangos menos).
Cinco meses después, Tulio volvió voluntariamente a Argentina en el marco de la Primera Contraofensiva. La versión de los libros mencionados contaba que una pinza militar cercó a Tulio y éste se suicidó ingiriendo una pastilla de cianuro.
Cuando las Abuelas encontraron a Sabrina, el titular de Clarín fue: “Encuentran a la hija del montonero que salvó a Firmenich”.