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domingo 22 de marzo de 2026

Santa Lucía

Una casa del barrio Centro Empleados de Comercio guardaba el secreto más oscuro: perros y gatos despedazados "para absorber su energía"

Después de decenas de denuncias de los vecinos, finalmente por orden judicial lograron ingresar a la casa de María del Carmen. Lo que se escondía en aquella vivienda era peor de lo que imaginaban.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Toda clase de hipótesis elaboraron los vecinos del Centro Empleados de Comercio sobre lo que sucedía adentro de una vivienda del tranquilo barrio santaluceño. Todas se quedaron cortas ante la escena dantesca que se encontraron los miembros de la Justicia y de organizaciones proteccionistas al ingresar a la casa en la que vive María del Carmen. Pedazos de gatos y perros despedazados, guardados en la heladera para absorber su energía; animales en pésimas condiciones y una obsesión de la dueña de casa con el demonio y los espíritus de la oscuridad.

Si bien los vecinos presumían que algo pasaba allí dentro, las denuncias desesperadas ante la justicia fueron por el olor nauseabundo que salía de aquella casa lúgubre que encerraba un secreto aún más oscuro. El olor era tan fuerte, que muchos tenían que cruzar la calle. A los aromas, se le sumaba el ladrido de decenas de perros encerrados, la basura en la calle y los gritos de María del Carmen.

Los vecinos le dijeron a este medio que intentaron de todas las formas posibles que ella limpiara la casa, pero no hubo caso. Incluso aseguraron que se escuchaban gritos. -Santísima Trinidad, Santísima Trinidad, decía a viva voz en las siestas. Pero su obsesión con lo oscuro no quedaba allí: decía que veía al diablo y miraba a las personas con una persistencia inusual, de forma tan penetrante que atemorizaba.

Este combo llevó a los vecinos a pedir ayuda en la Justicia y también a organizaciones proteccionistas, que lograron finalmente que se diera el tan esperado allanamiento. La imagen que encontraron en la casa de María del Carmen fue aún más horrorosa de lo que pudieron alguna vez imaginar. Adentro había pedazos de gatos y de perros. No dudó en admitir que los mataba para absorber sus energías, para vivir más. En el garage, que supo ser un salón en donde María del Carmen daba clases de yoga, había perros que dormían sobre sus propios excrementos. En el fondo, encontraron más perros, algunos cachorros que no pudieron abrir los ojos ante el sol. En total rescataron a 11 animales, que fueron trasladados a un hogar.

Los que conocen la historia de María del Carmen, recordaron que en esa vivienda también metieron a la heladera a un perro fallecido de la familia.

Sobre la situación judicial de la mujer, no trascendieron detalles. Su cara se puede ver inmortalizada en encuentros solidarios, en tés organizados en hoteles reconocidos de la provincia. Es que los que viven desde hace más de 40 años en el barrio, indicaron que María del Carmen supo tener una buena posición económica. Hasta fue profe de yoga, como se indicó líneas atrás. Hoy es la propietaria de una casa que guardó durante años un secreto tan oscuro como la muerte misma.

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