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jueves 2 de abril de 2026

Coleccionista de historias

Un paseo sanjuanino hacia el pasado: fanatismo por los objetos antiguos

Con piezas únicas del 1900 y otras que forman parte de la historia, el "paseo al pasado" es una invitación a enamorarse de las antigüedades en San Juan.

Desde hace un tiempo a esta parte hay un auge en el negocio de las antigüedades. Lo que ya no se usaba, hoy se elige como decoración o para que forme parte del mobiliario de nuestros hogares. Si hay alguien que sabe de esas cosas en San Juan es Marcelo Lliteras, quien lleva 15 años dedicado al rubro que desempeña con una pasión nata.

Un paseo sanjuanino hacia el pasado para los fanáticos de las antigüedades

Caminado por calle Abraham Tapia, pasando General Acha, se puede comenzar a transitar un viaje al pasado. Sobre la pared exterior hay una rueda de carreta gigante y algo similar a un barril a la mitad que, en sus años mozos, sobre 1900, era un lavarropas.

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Al ingresar se puede respirar nostalgia. Cartelones, vajilla, planchas, muebles, instrumentos musicales y detalles que narran historia, que tuvieron una vida y que están ahí de paso, esperando que alguien les dé una segunda oportunidad. “Lo que más busca el sanjuanino son objetos para decorar un quincho o un bar. También están los coleccionistas de ciertos objetos y hay quienes vienen buscando cosas puntuales, como un sifón azul con cabeza de plomo”, señala Marcelo, quien desde hace casi una década tiene un local dedicado a las antigüedades.

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“Para mí una pieza puede tener tres estados: usado, viejo y antiguo. Trato de pegarle a los objetos antiguos, que sean de los años '70 hacia atrás”, señala. Pero también se cautiva por aquellos que quizás no cargan tantos años, pero que hoy están en desuso y forman parte de la historia. Así es que en su poder por ejemplo cuenta con un teléfono público de Telefónica o un cambiador de monedas que usaban los colectiveros antes de la SUBE entre otros.

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Marcelo señala que cuenta con un listado mental de todos los artículos que hay en su poder, pero muchas veces algunos “se le pierden” entre tanta historia, nostalgia y bulto; o, por el contrario, se multiplican. Así le pasó con unos tocadiscos. Cuenta que cuando comenzó con la mudanza de un lugar a otro, pensó que tenía 4 para vender, y de repente eran 12. “Así me pasa hasta el día de hoy con muchas cosas”, comenta entre risas.

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Acompañado de su hijo mayor, Marcelo reconoce que las antigüedades siempre lo cautivaron, pese a venir de cuna de mueblero. “Primero era más coleccionista, me gustaban mucho lo que eran juguetes antiguos, de la década del 70 hacia atrás, y una cosa va llevando a la otra y un día dije y de a poco fueron ganado más espacio”.

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Para quienes admiran los objetos provenientes del pasado, en sus manos tiene varios tesoros con una vasta historia. De cada cosa que tiene, él cuenta una anécdota, de dónde provienen, la época, cómo llegaron a sus manos o la persona que se los vendió. No solo vende una pieza de porcelana o acero, un mueble o algo para decorar, visitar el lugar es una invitación a la nostalgia, incluso para generaciones que hoy están pisando los 30 y se conectan con recuerdos de sus abuelos.

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“Ser anticuario me gusta, me atrae mucho esto de la historia, del comercio. No es solo comprar y vender, es entender lo que está pasando por tus manos, su historia. Si sigue redituando la idea es continuar lo que me queda de vida”, finaliza Marcelo.

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