Hace 5 años Jonathan Cozza, administrador del Merendero Alem, vivió una experiencia que le hizo tomar una decisión que lo llevó a alimentar a más de 120 familias de la zona de Concepción. El hombre tiene un lavadero y recibe alimentos a cambio de lavados. Jonathan le contó a Tiempo de San Juan que todo comenzó mientras practicaba uno de sus deportes favoritos, el enduro, por la zona de Los Berros. Allí se topó con un par de niños que en invierno iba de pantalones cortos. “Recuerdo que hacía mucho frío y eso me abrió la cabeza. Le dimos unas galletas y Coca que teníamos. Ahí empezó la idea acá en el lavadero”, agregó.
Te lava el auto por un alimento: la iniciativa de un sanjuanino que ayuda a más de 120 familias
A partir de ahí la idea era clara: marcar un día específico para que la gente se acerque al lavadero con alimentos o ropa para donar y a cambio, se les lavaba el vehículo. La propuesta se comenzó a esparcir. “Un día llegué y estaba afuera lleno de gente. Quedé asombrado, en San Juan hay mucha gente solidaria”, dijo.
Con el paso de los años, Jonathan compró un terreno en la zona y se comprometió a armarlo para ayudar a más familias. El lugar ya cuenta con una galería, un almacén para guardar todo en construcción. Se invirtió en una olla gigante para hacer más fácil el trabajo y “ahora queremos hacer unas cocinas, para empezar nosotros a cocinar y que la gente pueda almorzar acá”.
El Merendero Alem alimenta a pibes y grandes, aproximadamente 120 familias. De la Villa La Capilla, Villa Echeverria, casas de calle Corrientes.
Actualmente son cinco personas las que trabajan para el lavadero y al mismo tiempo están comprometidas con la propuesta del merendero. Tal es así que este próximo 18 de diciembre harán una cena para las familias que más lo necesiten. “Queremos hacer un pre festejo a las fiestas”, indicaron.
Esto forma parte de las distintas actividades que hacen, como el festejo de Reyes Magos. Todos los 6 de enero, los chicos del Lavadero Alem, se disfrazan para sorprender a los niños de la zona. Mientras, una merienda y juegos de por medio.
Durante el año de la pandemia y el aislamiento, Jonathan y sus amigos sintieron que les "cortaron las piernas. Tratamos de buscar la forma para hacer llegar a la gente la comida”. ¿Qué decidieron hacer? Llegar hasta el merendero con una olla o tupper, entregarlo e irse. “Pareció eterno, queríamos que pase rápido y los niños puedan venir a sentarse acá y disfrutar de sus tacitas", finalizó el solidario emprendedor.