Mateo Mallea es un sanjuanino 18 años que cursa su último año de secundario y espera con ansias la presentación de su buzo de egresados. Hoy tiene una vida estable, pero no siempre fue así. Desde los seis meses de edad lucha con una rara enfermedad que recién fue diagnosticada en el 2007, cuando de milagro fueron trasladados al Hospital Garrahan. A partir de ese momento, el chico fue tratado por la enfermedad Glucogenosis 1B, que es un error congénito del metabolismo y está dentro de las enfermedades poco frecuentes. También fue trasplantado en el 2010 y seguido por los profesionales del nosocomio hasta el año pasado, cuando pasó su mayoría de edad, y tuvo que empezar a tratarse en el Hospital Italiano. En medio de la polémica por los bajos sueldos de los médicos residentes, su mamá, Belén Aballay habló con Tiempo de San Juan, contó la experiencia familiar en el nosocomio y aseguró que es "una injusticia" todo lo que los profesionales deben pasar.
"Si no hubiésemos llegado al Garrahan, Mateo se moría": el relato de la madre de un sanjuanino que fue atendido durante 18 años en el hospital
En medio de la delicada situación presupuestaria que se vive en el nosocomio de alta complejidad ubicado en Buenos Aires, Belén Aballay, mamá de Mateo, un chico de 18 años con una rara enfermedad, habló de los años de tratamiento y dijo que es una "injusticia" lo que pasan los médicos.
"Si no hubiésemos llegado ahí, Mateo se muere", relató con crudeza y emoción Belén, su madre, al recordar los primeros días de incertidumbre, cuando no encontraban respuestas claras en otros centros de salud. La situación de su hijo era delicada, y solo el equipo multidisciplinario del Garrahan pudo brindar el diagnóstico preciso y actuar a tiempo para estabilizar su condición.
Con el paso del tiempo, Lorena y Mateo forjaron un lazo único con los profesionales del hospital. “Fueron muchos años juntos. Se convirtieron en una red de contención, en una familia. Cuando no podíamos viajar por lo delicado de su salud, los médicos nos hacían videollamadas y me enseñaban cómo hacerle los tratamientos en casa”, recuerda Lorena.
La familia reconoce que el acompañamiento médico fue clave, no solo en términos clínicos, sino también emocionales. “No sé si hubiésemos podido resistir sin el acompañamiento humano de la gente del Garrahan”, confesó con gratitud.
Pero hoy, quienes ayudaron a salvar a Mateo atraviesan un momento difícil. En el principal hospital pediátrico del país, los médicos residentes mantienen un conflicto abierto con el Gobierno nacional, reclamando mejores salarios y condiciones laborales. Aunque se anunció un aumento, aún no hay acuerdo y las protestas continúan, con asambleas y manifestaciones dentro del hospital.
Lorena no dudó en sumarse al reclamo. Junto a Mateo participaron del abrazo simbólico al Hospital Garrahan, realizado la semana pasada, en apoyo a los profesionales que día a día sostienen la salud pública.
La historia de Mateo no solo habla de la importancia de un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado, sino también del rol vital que cumple la salud pública, sostenida por miles de médicos, residentes y trabajadores que entregan su vocación, muchas veces sin las condiciones que merecen.