Creció siendo el más chico de cuatro hermanos, en el seno de una familia laburadora que residía en la esquina de Avenida Rioja y calle San Luis, en pleno centro sanjuanino. Pese a las exigencias del día a día, en su casa se cocinaba bastante. Era un disfrute pasar tiempo en la cocina. Con apenas 12 años, un hermano fue el primero que se animó a incursionar en el mundo de la masa redonda. Más tarde lo siguió él. “Al principio era un experimento y mis padres comían nuestros inventos… pero la verdad es que siempre quise ser pizzero, desde niño”, confiesa Luciano Gerlo, el protagonista.
Se enamoró de la pizza de niño y hoy recrea la verdadera "napolitana" en el corazón de San Juan
Su romance con la pizza tiene casi los mismos años que él tiene de vida. Era niño cuando visitaba el local de La Regional o Los Gorditos, este último ya desaparecido. El aroma del tomate, el aceite, queso y pan lo terminaron conquistando para siempre: “Para mí, la pizza era tan fantástica que la gente que la hacía era también fantástica. Yo decía, por el pizzero, ´este tipo es un genio´. Me conquistó primero el olor y después el sabor. La pizza para mí era el momento de diversión, de algún festejo. Claro que antes era más divertido que ahora, cuando llegas a hacer 600 pizzas”.
Luciano creció admirando el arte de los “pizzaioli”, pero recién pudo explotar su pasión a los18 años, cuando terminó el secundario y cruzó el charco buscando nuevas oportunidades laborales. En Europa, precisamente en España, trabajó durante las temporadas de verano en algunos boliches. Luego llegó la propuesta que cambió su vida.
“Yo estaba sin trabajo y estaba en un bar. De repente aparece una persona, Cristiano, y me propone ir a trabajar a su pizzería italiana. Yo estaba ilusionado con ser lavaplatos, pero ya habían tomado a un argentino. Entonces me mandan a trabajar a la sala, hasta que hice mi primera pizza. Me doy cuenta que hay topineras, hornos, una pala y toda la materia prima. Era abrir el disco, condimentarlo y cocinarlo a ojo; era de lo más intuitivo. Cuando lo vi, era como ver una Ferrari. Entonces me explicaron dos o tres cositas, y empecé con la pizza”, cuenta el protagonista.
Gerlo se había reencontrado con su pasión de la infancia, la cocina y la pizza. Ya no era un niño, sino un joven con ganas de aprender, crecer y con un único objetivo a la vista: tener su propia pizzería. Impulsado por su alrededor, se capacitó y formó en Italia, la tierra de la pizza, e Inglaterra: “Gracias a la pizza no me faltó nunca el trabajo. Ya pasaron 20 años desde que empecé profesionalmente y puedo decir que todos los días de mi vida hice pizzas. Claro que en el medio estuvo la parte comercial, de crecimiento y de una investigación muy grande. Antes no había Youtube para aprender, sino buenos maestros”.
Su primera pizzería en San Juan fue Santa Margherita, ubicada en Rivadavia. Ahora está al frente de Bambino´s, ubicada en Capital, donde recrea la verdadera pizza napolitana. “Históricamente es un plato de calle, con masa leudada y harinas muy rusticas. Se trabaja a laboratorio. Es una pizza de buena calidad. Cuando la pizza está cada vez más industrializada, nosotros la hacemos lo más natural posible. Eso la hace fantástica”, señala.
Luciano además es dueño de Forno, una empresa que fabrica hornos estilo napolitano que tiene alcance nacional.
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