En una recóndita finca de 25 de Mayo había una serpiente en un pozo, pero no era una serpiente común: tenía ojos rojos y pelo en lugar de escamas. La gente decía que era la guardiana de un pacto entre un hombre y el maligno.
Relatos del campo sanjuanino: el misterio de la serpiente de ojos rojos
Una antigua historia que narra hechos ocurridos en una finca de 25 de Mayo te hace poner la piel de gallina. ¿Mito o realidad?
En toda la provincia de San Juan son muchos los relatos de personas que vendieron su alma, ninguno con final feliz. Esta historia ocurrió, dicen, en el departamento 25 de Mayo, en fecha incierta, y fue narrada en el libro “Devociones y relatos míticos de San Juan” (2017) de Edmundo Jorge Delgado, y titulada La serpiente maléfica.
“Vivió hace bastante tiempo, un hombre que se dedicó a las tareas vitivinícolas llegando a forjar una gran riqueza, ‘un verdadero imperio’, como manifestaron los lugareños.
Si bien aquel individuo trabajaba de sol a sol y era sumamente hábil para los negocios, la suerte que parecía ser su aliada junto con la prosperidad que aumentaba hicieron meditar a los pobladores”, relató Delgado.
El rápido ascenso económico hizo sospechar a los lugareños que había algo raro y tal vez, siniestro.
Entonces comenzaron a circular muchas versiones sobre el origen del gran patrimonio del patrón, hasta que un día un obrero creyó descubrir el secreto de aquel hombre.
Este trabajador era el encargado de alimentar todos los días a un reptil que su patrón tenía como mascota y que estaba en un pozo que muy pocos conocían. Era una serpiente que había adquirido y llevado cuando era pequeña.
“Pasados los meses, cuando la víbora había crecido, el curioso obrero observando la contención advirtió atemorizado que sus pequeños ojos eran ahora de un fuerte color rojo, semejando brasas en la oscuridad. Y lo más espantoso es que no poseía sus típicas escamas, en lugar de ellas había un tupido y negro vello que crecía lentamente”.
El hombre quedó aterrado y presintió algo maligno en esa espantosa criatura, una representación del mismísimo Diablo.
“Comprendió con claridad de qué se trataba: su patrón le había vendido el alma al maligno. Ese era el origen de su fortuna. Un miedo horrendo se apoderó de él, y lo que vio ese día fue conocido por todos, la noticia se corrió como reguero de pólvora por todo el pueblo”.
La vida siguió, el obrero continuó alimentando a la serpiente, hasta que un día se produjo un misterioso incendio que destruyó el sitio donde moraba el reptil quedando solo cenizas.
El día después no había rastros del animal y a partir de ese momento la suerte del bodeguero cambió radicalmente, su fortuna comenzó a disminuir hasta que tiempo después murió pobre y solo.
Después de su muerte comenzaron a ocurrir cosas extrañas en esa propiedad que, según los vecinos, aún se sienten: ruidos extraños, puertas que se abren y cierran solas, escalofriantes sonidos producidos por tropeles de caballos, ruidos de cadenas que se arrastran, escobas que barren solas, incluso un obrero sintió la misteriosa presencia de algo indescriptible mientras limpiaba una de las piletas de la bodega.
“Las explicaciones sobre estos raros sucesos son una sola: es el espíritu de aquel hombre que vaga por el lugar ya que no puede descansar en paz debido a las nefastas transgresiones que cometió mientras vivía. Su alma está condenada eternamente a errar por el pacto que consumó”.
El Familiar
Esta historia local se relaciona con la leyenda de El Familiar, que según relatos norteños se originó en los ingenios azucareros de Tucumán, Salta, Jujuy y Catamarca durante el auge de la industria azucarera en el siglo XIX y principios del XX.
Según el sitio Ser Argentino, “se cree que los dueños de los ingenios realizaban pactos con el Diablo recibiendo prosperidad y riqueza a cambio de sacrificar la vida de algunos trabajadores, quienes eran arrebatados periódicamente por El Familiar”.
Esta leyenda se difundió entre los zafreros y trabajadores, quienes atribuían a esta criatura accidentes inexplicables y desapariciones en los ingenios.
El Familiar fue descrito de diversas formas según la región:
-Como un perro negro enorme, con cadenas, mirada de fuego y garras capaces de desgarrar a un hombre.
-Como una serpiente gigante o «viborón», que devora a los peones.
-Y como un jabalí o criatura híbrida, a veces sin cabeza, con pelos gruesos y ojos de fuego.
“Se le considera invencible, solo detenido por la presencia de una cruz. Su esencia mágica le permite adoptar distintas formas para cumplir su función de cobrarse el pacto”.
(Fuente: Destino San Juan)