Para los Coen la de este año no fue una vacación cualquiera. Viajaron de Buenos Aires a Valle Fértil dos veces: la primera, cuando vinieron a descansar y se enamoraron de un firulais que rondaba su cabaña; la segunda, cuando lo vinieron a buscar en una visita relámpago, solo para adoptarlo.
Murci, el callejerito sanjuanino que enamoró a unos porteños que viajaron 2.400 kilómetros para adoptarlo
La historia de un perrito vallisto que encontró a la familia ideal, la misma que no dudó en hacer una loco y largo viaje para poder verlo de nuevo y darle un hogar en Buenos Aires.
Esta es la aventura de un callejerito feliz que hizo doblemente feliz a una familia, así, inesperadamente. Una historia de amor a primera vista entre perro y humanos.
Para la sanjuanina que es dueña de la Finca Elsa fue todo un acontecimiento. "Nosotros rescatamos animales y a veces nos los dejan ya en la finca directamente en la puerta porque saben que los cuidamos, que los castramos y los regalamos, si hay alguien que los quiere, si no los vamos teniendo", recuerda Claudia Carmona.
Así empieza la historia, con los Coen llegando como turistas al Valle, desde Buenos Aires. Verónica, con su esposo e hijo recorrieron el lugar y Murci, un perrito negro de cinco meses y medio, que apareció confianzudo. "Iba a la casa de ellos, se les instaló y fue amor mutuo porque directamente estaba allá, yo lo llamaba para comer y no, no quería saber nada, venía a la nochecita por ahí, daba una vuelta, jugaba con los otros perros y todo, pero estaba ahí con ellos permanente", cuenta la sanjuanina que ofició de celestina.
Ellos habían venido en avión a San Juan y antes de irse le preguntaron a Claudia "¿vos los das en adopción?". Y ante la respuesta positiva, se ilusionaron con volver a ver al perrito. Pasaron no más de 15 días cuando Verónica se contactó y consultó, esperanzada: "¿lo diste en adopción a Murci?". Claudia respondió "No, todavía está acá". Y desde Buenos Aires, Verónica empezó a imaginar cómo llevárselo. "Yo voy a hacer todo lo posible por ir a buscarlo, quiero a Murci", prometió.
Y así volvieron por el firulais...
"Averiguó por avión, averiguó de si a alguien de acá, si se lo podíamos acercar por San Juan, bueno, un montón de cosas, pero no es tan fácil, entonces directamente ella con el esposo lo vinieron a buscar", relata Claudia.
Era un día sábado, hace un par de semanas, cuando aparecieron, "yo pensé que se iban a quedar, nosotros les ofrecimos gratis el alojamiento de esa noche para que se quedaran de nuevo en la finca, porque es un viaje larguísimo de Buenos Aires para acá y nos dijeron que no porque el esposo tenía que trabajar el domingo, él hace sonido para eventos. Me dijeron "vamos, lo buscamos y si tenemos que parar en Córdoba o en otro lado, paramos, pero vamos ahora, lo buscamos y ya'".
Así fue, un viaje relámpago. Los porteños se tomaron un café con los dueños de la Finca en el Valle y se fueron. De esta manera cumplieron con su sueño de venir exclusivamente a buscar a Murci, en un trayecto de 2.400 kilómetros entre ida y vuelta, contrarreloj, sin casi nada de descanso.
"Nosotros de familia somos cinco, matrimonio y tres chicos. Vivimos en CABA y tenemos además de Murci un perrito caniche desde hace 14 años. Este viaje donde conocimos a Murci, fue la primera vez que fuimos a San Juan", cuenta Verónica.
"Fuimos con mi hijo y durante la estadía en lo de Claudia se nos acercaron muchos gatos y un solo perro. Murci estaba medio asustado hasta que de a poquito se fue quedando cada vez más con nosotros. Cuando llegábamos de las excursiones venía a visitarnos y se iba cuando nos íbamos a dormir. Y la verdad que el nos eligió a nosotros", recuerda.
Cuando volvieron a Buenos Aires, fue todo un dilema. "Los chicos empezaron a preguntar por qué no lo traíamos, y empezaron a planificar la búsqueda".
El operativo adopción no fue cosa sencilla. Todo un lío volver a viajar. "La verdad que sí. Porque teníamos que programar con el tema del trabajo y las horas de manejo … y cómo volver con Murci tantas horas en el auto, sin saber cómo la iba a pasar él", dice Vero. El animalito vallisto se portó como los dioses.
"Yo ahora, pensando, sé que fue una locura pero no me arrepiento. ¡Murci es súper cariñoso! Y de a poco se va amoldando a la logística familiar", cuenta Vero.
Para toda la familia fue una fuerte experiencia. Ni hablar para el caniche, que era la única mascota de la casa. Ciro se lo tomó bastante bien. "Está enfermo. Tiene un tumor que le afecta la estabilidad de las patas y a veces está bastante casacarrabia. Pero en general lo recibió bien. Murci quiere jugar, pero Ciro mucho no puede", describe Vero cómo conviven con el nuevo integrante.
La familia Coen habita en una casa que no tiene parque. Murci, nacido y criado en Valle Fértil, seguro extraña un poco sus correteadas por los campos, pero disfruta de las salidas a la plaza y de su nuevo hogar en el que los siete viven una historia de verdadero encanto perruno.