El vínculo entre Jorge Lozano y Jorge Mario Bergoglio no fue circunstancial ni protocolar. La relación se forjó durante años de trabajo pastoral conjunto en Buenos Aires, donde el actual Arzobispo de San Juan fue uno de sus colaboradores más cercanos. Eso vínculo tuvo un momento cumbre el 25 de marzo de 2000, cuando Bergoglio lo ordenó obispo en la Catedral Metropolitana y le dedicó una profunda exhortación que hoy cobra un valor simbólico tras la muerte del Papa.
Monseñor Lozano, mano derecha de Bergoglio y el mensaje que el Papa le dedicó cuando fue su Vicario
El Arzobispo de San Juan mantuvo una relación cercana con Francisco I desde los años 90, cuando trabajaron juntos en Buenos Aires. El entonces cardenal lo ordenó obispo en 2000 y le dejó una exhortación que marcó su camino pastoral.
Aquel día, Bergoglio no solo impuso las manos sobre Lozano, sino que también dejó palabras que delineaban el perfil de pastor que esperaba de él. Le habló de servicio antes que de poder, de humildad antes que de autoridad, y de cercanía con los más débiles como eje del ministerio.
“El Episcopado significa una carga, no un honor”, le recordó, en una frase que sintetizaba su mirada sobre la Iglesia. También lo instó a proclamar la palabra “oportuna e inoportunamente”, a corregir con paciencia y a no perder nunca la vocación de enseñar.
El mensaje fue aún más allá de lo doctrinal. Bergoglio le pidió que conociera a su pueblo “si es posible por su nombre”, evocando la imagen del Buen Pastor, y que extendiera su amor a los pobres, los desamparados y quienes no tienen hogar. Una línea pastoral que luego marcaría el pontificado de Francisco.
De colaborador cercano a referente eclesial
La relación entre ambos había comenzado en los años 90, cuando Lozano conoció a Bergoglio y se integró a su círculo de confianza. Con el tiempo, se convirtió en uno de sus auxiliares en la Arquidiócesis de Buenos Aires, acompañándolo en una etapa clave de su liderazgo.
Incluso, su nombre llegó a sonar como posible sucesor de Bergoglio al frente del arzobispado porteño. Para entonces, Lozano ya tenía un perfil definido, siendo cercano a las problemáticas sociales y con una mirada crítica sobre la realidad económica del país.
El recuerdo de Lozano, el día que murió Francisco I
La muerte del Papa, el 21 de abril de 2025, encontró a Lozano en San Juan, desde donde expresó públicamente su dolor y su gratitud. Conmovido, destacó la cercanía y cordialidad de quien fuera su referente y amigo.
Para Lozano, el pontificado de Francisco dejó una marca clara: una Iglesia “en salida”, más cercana al Evangelio y a los pobres, con una fuerte preocupación por la paz y el cuidado del ambiente.
En sus palabras, se mezclaron el sentimiento humano y la fe. Habló del dolor por la pérdida, pero también de la esperanza en la vida eterna. “Tengo una memoria muy agradecida por lo que él nos ha enseñado”, afirmó.
También recordó el vínculo construido a lo largo de los años, especialmente durante su tarea como obispo auxiliar entre 2000 y 2006. “Hemos hecho realmente un vínculo muy lindo”, señaló, al tiempo que valoró el perfil sencillo y cercano que caracterizó a Francisco.