Nació en Villa Hipódromo y desde chica estuvo ligada al deporte de la mano del atletismo. Sin embargo, Carola Ochoa nunca imaginó que ese vínculo la llevaría a descubrir su para qué en la vida. Fue su interés por los deportistas desaparecidos durante la dictadura militar y su gusto por escribir lo que la condujeron a publicar un libro y a encontrar un motivo por el cual dejar una huella en su paso por este mundo.
Militar los derechos humanos a través de la literatura, la misión de una sanjuanina
Carola Ochoa escribió el libro sobre los desaparecidos en el rugby durante la dictadura militar y ahora está a punto de sacar su segunda obra que también refiere a los crímenes de lesa humanidad. Su sueño de traer la Carrera de Miguel a San Juan y su deseo de que sus trabajos perduren en el tiempo y cumplan con la tarea que se propuso: custodiar la memoria.
Allá por el 2013, la joven que integraba el equipo de atletismo Barrilete Cósmico, creado por el maratonista Hugo Casanova, fue invitada a un plenario en Puerto Madryn y allí conoció a los creadores de la Carrera de Miguel y la historia del atleta y poeta tucumano desaparecido durante el proceso militar, que es homenajeado con dicha competición.
No sólo fue el sentido del tributo que se rinde todos los años en distintos puntos del país lo que la conmovió, sino también las historias de otros deportistas que por sus ideales y por defender lo que consideraban justo fueron secuestrados y asesinados. No obstante, lo que sucedió con los rugbiers fue lo que la atravesó por completo y la incentivó a querer saber más.
La protagonista de la nota reconoce que siempre tuvo prejuicios con el mundo del rugby por la clase social a la que, tradicionalmente, estuvo relacionado. Sin embargo, enterarse de que la mayor cantidad de deportistas desaparecidos en la dictadura habían sido jugadores de rugby cambió su perspectiva y, por ello, su regreso a la provincia fue el punto inicial de una investigación que culminó con ‘Los desaparecidos en el rugby’, un libro con buenas críticas y con una gran aceptación de parte de las organizaciones que defienden los derechos humanos.
Es que rescatar la historia de 40 jugadores de rugby (son más de 160 en total), entre ellos de dos sanjuaninos, Eduardo Malberti y Guillermo Adilio Rodríguez, y visibilizar su compromiso social con la situación política y económica del país, razón que los llevó a ser parte de los 30.000, fue un desafío que le representó cerca de 9 años y que, finalmente, rindió sus frutos.
La mujer que viajó por toda la Argentina para reunirse con las familias de las víctimas cuenta que todo fue a pulmón, aunque la solidaridad de la gente del rugby -que le dio una lección de vida y derribó sus prejuicios- le sirvió de ayuda para concretar la misión. “Yo soy de clase obrera y si bien fue sacrificado poder llegar a todos, nada habría sido posible sin la ayuda de Juan Sansó, Eliseo Branca (ex Puma) y tantas otras personas de los clubes que aportaron para que la obra se pudiera concretar”, destaca y agrega: “Sin ellos me hubiera rendido a la primera”.
La escritora que no lucró con la publicación del libro, que este año fue exhibido en los Juegos Olímpicos de París, admite que esa fue la calve para contar con la participación desinteresada de todos aquellos que aportaron para que su investigación quedara plasmada en 385 páginas. Es que la autora donó los derechos patrimoniales al club donde Chapa Branca jugó en las inferiores como un gesto de nobleza.
Quizás ese detalle sea el que pinte de cuerpo entero la personalidad de Carola, quien puso su empeño para enaltecer la lucha de otros sin buscar rédito. “Ningún dinero del mundo debe manchar la memoria de las víctimas del terrorismo de estado. Creo que, porque no hay un beneficio personal en esto, este año se cumple la novena edición del Torneo Nacional Homenaje a los Rugbiers Desaparecidos”, remarca la mujer que asegura que de esta vida nos vamos sin nada.
Acorde confiesa, su objetivo con la obra literaria es que todo aquel que lea las historias se sienta parte de los 30.00 desaparecidos. “Nunca pensé en escribir un libro, para mí fue una sorpresa que una editorial quisiera reunir mis publicaciones”, reconoce la misma que trabaja para sacar su segundo libro.
Como militante de los DD.HH y su compromiso con la verdad, su siguiente tarea no podía ser otra más que recordar lo que ocurrió con una de las víctimas de la ‘Masacre del cinco por uno’, Enrique "Pacho" Elizagaray. Fue el hermano del referente de la Juventud Universitaria Peronista acribillado por una patota, la madrugada del 21 de marzo de 1975, quien la contactó para pedirle que escribiera su historia y, tras aceptar, se adentró en un nuevo relato que verá la luz de lo público el próximo año.
La autora admite que encuentra inspiración en las experiencias de aquellos que ya no están y que dejaron la vida por sus causas. “Esos muchachos seguían una utopía y uno aprende, sobre todo en los tiempos difíciles que estamos viviendo, en los que cuesta encontrar un sentido a las cosas. Si no, basta con observar las cifras del suicido que cada vez son más altas”, manifiesta.
La escritora que advierte que transitamos en un clima negacionista asevera que respeta las opiniones que difieren con la suya. No obstante, señala que hay hechos que son contundentes y no pueden ser discutidos.
“El Estado no puede matar a un ciudadano por lo que piensa. Se habla de subversivos como si fueran asesinos sanguinarios, pero hay que ver que era gente que buscaba cambiar el mundo -más allá de las formas- y que tenía como referencia otras luchas, el contexto era el de la revolución cubana, el mayo francés, la guerra de Vietnam”, explica y concluye: “Estos muchachos eran hijos de ese clima. No robaron bebés, ni les cambiaron la identidad, no violaron. Lo que hicieron fue enfrentar una dictadura”.
La biógrafa que se ilusiona con que la Carrera de Miguel se realice alguna vez en San Juan revela que las historias que persigue le cambiaron la vida y forjaron su forma de ser. “Me han salvado la vida, su ejemplo a querer un mundo mejor y a dejar algo me han empujado a seguir adelante. En Villa Hipódromo, con todas las necesidades que acá se viven, las perspectivas suelen ser escasas. Sin embargo, estas historias me han enseñado a sobrevivir”, cierra.