“Tengo la bendición de estar en este cargo desde el 2022”, comienza relatando Liliana Castillo mientras se encuentra sentada en la silla de la Dirección de la Escuela Albergue “Casa del Niño”, en Valle Fértil. Pese a que lleva poco tiempo en el departamento, se siente una vallista más, y si bien tiene una vida dedicada a la docencia, jamás cruzó por su mente hacer parte de su carrera en contacto con una realidad totalmente distinta, la misma que ofrece la educación en albergues.
Liliana Castillo, una directora con corazón de oro
Desarrolla tareas en la Escuela Albergue “Casa del Niño", en Valle Fértil. La decisión que la llevó kilómetros lejos de su casa, el apoyo familiar y la fortaleza que contagia a docentes y alumnos.
Liliana es oriunda de Santa Lucía, donde hoy en día viven sus hijos. Previo a dar el gran paso ocupaba dos cargos en dos establecimientos distintos en el Gran San Juan. Una situación familiar los atravesaba y la Dirección en Valle Fértil apareció como algo predestinado. “Hablé con mis hijos, que son quienes me apoyaron para tomar la decisión y son quienes me siguen acompañando. Un fin de semana me voy para allá a verlos, y al siguiente se vienen ellos para acá”, comenta.
Similar a los niños que se hospedan en el albergue, Liliana también vive en la escuela, donde tiene una dedicación al 100%. Las docentes o celadoras no dejan de señalar que ella es más que una directora. Antes de las 7 de la mañana se la puede ver entre los pasillos del albergue, ayudando a alguna de las niñas con sus tareas o a arreglarse. “Y a veces se hacen la una de la madrugada y ves la luz de la Dirección prendida, porque seguro está haciendo algún trabajo que le quedó pendiente. Ella siempre está presente”, señalan.
Si bien se desenvuelve con una naturalidad nata, asumir la Dirección de la escuela albergue representó todo un desafío para Liliana, simplemente porque era un terreno desconocido. La mayoría del personal que desarrolla tareas en el establecimiento tiene antecedentes en otras escuelas de la mima modalidad o rurales, o simplemente llevan años en la institución vallista, pero para Liliana todo era nuevo.
“No había trabajado con modalidad albergue y es un desafío y aprendizaje diario que se hace entre todos en conjunto. Se trabaja en equipo, no hay otra forma de trabajar. Si falla uno, fallamos todos”, reflexiona.
Hoy entiende las realidades que se le presentan, empatiza con los niños y adolescentes que llegan hasta la escuela, brinda una escucha atenta a los padres, recorre cada rincón del edificio como si hubiera nacido entre esas paredes y maneja una pasión por la enseñanza propia de la vocación de ser docente. Sabe que el lugar que ocupa no es sencillo, y que bajo ella hay una comunidad que depende de sus decisiones y acciones. Pese a ello, no está sola. Saca fortaleza no solo del apoyo de sus hijos, sino también del cuerpo docente y los trabajadores del sector albergue que depositan en ella la confianza que necesita para conducir los destinos de la escuela albergue.