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domingo 29 de marzo de 2026

Historias

La resiliencia de María: la "trapito" que sueña con ser abogada y pide una computadora para terminar los estudios

María Montaña tiene 63 años, trabaja como cuidacoches en Capital y cursa Abogacía en la UNSJ, una carrera que sostiene pese a las dificultades económicas. Tras años de postergar sus estudios y atravesar situaciones personales complejas, hoy pide por una computadora para culminar la carrera que considera una pasión. Su historia combina trabajo en la calle, esfuerzo cotidiano y un objetivo que no abandona desde hace más de cuatro décadas. Fotos y video: Leandro Porcel.

Por David Cortez Vega

Miércoles a la noche. Parecía otra jornada cualquiera para María Montaña, la cuidacoches de Paula Albarracín de Sarmiento y Laprida, hasta que un llamado encendió las alarmas. Un grupo de ladrones asaltó a su hijo mientras trabajaba como delivery en La Bebida, justamente en la localidad donde ella reside hace varios años. No solo le llevaron la moto y dinero, también lo apuñalaron y, según le indicaron los médicos, el puntazo pasó muy cerca del pulmón. Tras constatar que el hombre estaba fuera de peligro, María regresó al día siguiente a su punto de trabajo.

Este hecho es un reflejo de una vida que no deja de sorprender. Para muchos, un episodio así hubiera significado un freno prolongado; pero en esta mujer de 63 años -víctima de enfermedades, pérdidas familiares y violencia- pareció ser un problema más. “Vivo en la incertidumbre”, contó, resignada. Fue otro golpe en una historia marcada por las dificultades, que, lejos de detenerla, la fortalecen y le permiten seguir soñando en grande. Siendo “trapito”, María pone su foco en recibirse en Abogacía, carrera que estudia hace varios años y que, por falta de recursos, no puede terminar. Ahora pide una computadora. No le interesa el tamaño: mientras le sirva para leer y editar documentos, será bienvenida.

La historia de María no empezó en la calle. Egresó del Central Universitario en 1982. En ese entonces, el camino parecía más claro. Había comenzado a estudiar abogacía, sostenida por un entorno familiar que le permitía proyectar un futuro distinto. Pero la enfermedad de su padre cambió todo. Tuvo que dejar la facultad para salir a trabajar y ayudar en su casa. Desde entonces, la vida se convirtió en una sucesión de oficios, entre cosechas, cocina, limpieza y changas. Pero siempre priorizó en sostener a su familia.

Pasaron los años, y en medio de los golpes de la vida, llegaron los hijos -uno fallecido-, los nietos y hasta los bisnietos. Sin embargo, la idea de volver a estudiar nunca se fue. Quedó ahí, latente, como una promesa pendiente.

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El día a día entre autos y apuntes

Ser “trapito” no es un trabajo estable. Reconoció que hay noches buenas y otras en las que no alcanza ni para lo básico. A veces, quienes pasan colaboran con unas monedas; otras, con algo de comida. En ese vaivén, María arma su economía diaria.

“Hay veces que se tiene y hay veces que no”, resumió. Y aun así, organiza cada peso pensando en algo más grande. “Hay veces que se tiene y hay veces que no”, resumió. Y aun así, organiza cada peso pensando en algo más grande.

El problema es que hoy le falta una herramienta clave. Hace un tiempo le robaron la computadora que tenía en su casa. Era vieja, pero le servía. Ahí guardaba apuntes, trabajos y material de estudio. Desde entonces, continuar la carrera se volvió mucho más difícil.

“Me gustaría mucho poder conseguir una compu, aunque sea para leer y escribir”, dijo. No pide lujo, ni tecnología de última generación. Solo algo que le permita seguir.

Estudiar contra todo

Actualmente, María está en una etapa avanzada de la carrera, con materias complejas por rendir, como Derecho Internacional Público y Privado. Sabe que no es fácil, pero tampoco imposible.

Su objetivo no es solo el título. También piensa en lo que vendrá después: trabajar desde su casa, retomar pequeños emprendimientos de comida, generar un ingreso más estable que le permita dejar, algún día, la calle.

Para ayudar a María, pueden comunicarse al 2645705365. Para ayudar a María, pueden comunicarse al 2645705365.

Mientras tanto, hace de todo. Cosecha aceitunas, acepta changas, cocina por encargo. “Si hay que ir a la uva, al ajo o a lo que sea, voy”, aseguró. La consigna es clara: ganarse la vida “por la derecha”, como le enseñó a sus hijos.

El sueño intacto

A pesar del cansancio, de las noches largas y de los miedos cotidianos, hay algo que no cambia: su convicción. María habla de la abogacía como un amor. Uno que atravesó décadas, pérdidas y obstáculos, pero que sigue intacto. “Es mi gran amor, pasión y anhelo”, aseguró.

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También tiene un mensaje para los más jóvenes, construido desde su propia experiencia: estudiar, aprovechar las oportunidades, no abandonar. No desprecia el trabajo manual -lo conoce de sobra-, pero insiste en que, si existe la posibilidad de formarse, hay que hacerlo.

Hoy, su pedido es concreto y urgente. Una computadora que le permita volver a tener sus apuntes, preparar materias y avanzar hacia ese título que persigue desde hace más de 40 años.

Porque si algo define a María Montaña no es su trabajo en la calle, ni las dificultades que la rodean. Es su forma de seguir. De insistir. De no soltar.

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