Raúl trabajaba como albañil en Mendoza cuando su esposa le llegó con una idea que iba a transformar por completo sus vidas, al menos, iba a mejorarla. "Por qué no compramos una máquina y empezamos a vender algodones de azúcar", le exclamó Gladys, totalmente segura de lo que decía. Las changas diarias en la construcción no alcanzaban para alimentar a sus hijos y la mujer, hipnotizada por el oficio, decidió apostarlo todo a la venta de copitos. Raúl, su fiel compañero, la siguió: compraron la máquina, aprendieron a producir el dulce y salieron a la calle. Desde aquella primera incursión en 1989 a la fecha, la familia transformó el emprendimiento en todo un legado familiar.
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La historia de un legado familiar: los algodones de azúcar de Raulito
Raúl Rodríguez es la cara visible de los algodones de azúcar más populares de San Juan. Oriundo del Barrio Cabot, todo un rebusca -trabajó de lustrabotas hasta de gamelero-, fue el primero de la familia en salir a la calle con dos cañas repletas de copitos de distintos colores. Primero en Mendoza, donde pasaron cerca de ocho años, y después en Chimbas, a donde volvieron para instalarse definitivamente. "Nosotros estuvimos mucho tiempo vendiendo en el Parque de Mendoza. Después llegamos a San Juan y seguimos con el oficio. Un poco que cambiamos la mentalidad, ya no recibíamos botellas sino plata para comprar nuestras cosas, la comida del día. Son 32 años vendiendo copitos, muchas experiencias vividas y cosas bonitas. Pero todo empezó caminando la calle, con frío, con lluvia, barrios enteros", comentó Raúl.
Con sus hijos llegó a caminar hasta 20 kilómetros para volver a su casa sin nada. Siempre a pie. "Una vez, en Mendoza, no teníamos para comer y salimos a vender mientras nevaba", contó su hijo Darío. "Hemos salido hasta con lluvias. Ahora andamos en la bicicleta que me regaló el intendente de Chimbas, Fabián Gramajo. Nos ven en la calle y nos dicen ´la banda de los copitos", agregó la pareja entre risas.
Luis, hijo de Raúl y Gladys, falleció en 2001 tras sufrir coronavirus: "Él era la imagen de todo esto. Además, hacía globología y recreación para eventos".
Raulito y su familia son todos unos innovadores en materia de dulces. A pulmón y con el objetivo de crecer y hacer felices a chicos y grandes con el tradicional dulce, tienen una página de Facebook en la que suman miles de seguidores. En cuanto al producto, también fabrican copitos en cantidades para fiestas, boliches y escuelas. Hay para todos los gustos e incluso ¡tienen un copito especial con luces led! Una locura.
"Los copitos nos dio estabilidad a nuestras vidas y por eso le ponemos el alma para siempre mejorarlos. Nunca pensamos en dejar este oficio. Son historias hermosas que hemos vendido con este emprendimiento. Nos dio muchas alegrías y bendiciones. Pudimos trabajar, pero también estar permanente con nuestros hijos. Coseché muchos amigos, clientes... los niños me adoran. Estoy muy orgulloso de lo que he logrado. Son tres generaciones de clientes, también tres generaciones en la familia que están detrás de los copitos", señaló Raúl.