El cimbronazo no cesa en Villa Mercedes, un pueblo que vive por y para su iglesia. La noticia de la demolición fue el mayor baldazo de agua fría que este rincón de Jáchal recibió en toda su historia. Sobran los motivos. Todos los lugareños tienen algún recuerdo en la parroquia y una gran mayoría participa con suma frecuencia de las actividades religiosas. Es más, consideran que el templo de casi 140 años -afectado por el terremoto del 2021 y principalmente por las crecientes, según las palabras de los vecinos- es el más importante de la localidad.
"Esta iglesia no se caerá jamás": Villa Mercedes, entre la angustia por la demolición del templo y el pedido del pueblo a la virgen
La localidad de Jáchal no sale de la conmoción por el anuncio del derrumbe de la parroquia. Los vecinos muestran tristeza y bronca, pero tienen fe porque saben de reconstrucciones y de la fuerza de su patrona. Los relatos de un pueblo que se desvive por su iglesia.
Tiempo lo verificó en primera persona. “Vinieron por la iglesia, ¿cierto?”, preguntaron los lugareños al equipo periodístico. Toda la vida de Villa Mercedes gira alrededor del templo fundado en 1886. Al lado está la escuela, enfrente se encuentra la plaza y atrás aparecen la nueva parroquia -donde hace cinco años se celebran las actividades religiosas- y una emisora de radio.
Tras arribar a la localidad, fue el momento de buscar testimonios. Quienes estaban a pocos metros de la iglesia, como el caso de la bibliotecaria Analía, aconsejaron hablar con Eulalia y Catalina, dos vecinas añejas y grandes fieles. El dolor invade a ambas señoras y sus miradas son el reflejo del sentimiento de los mercedinos. Hay mezcla de impotencia, bronca y nostalgia por la decisión de derrumbar la histórica parroquia, pero como muy buenas creyentes, también le piden a la Virgen de la Merced. Es difícil que ocurra el milagro, pero la fe mueve montañas y suplican a la patrona para tener las últimas fuerzas y colaborar en el renacer del templo, aquel donde pasaron las grandes historias del pueblo.
Eulalia Torres describió la noticia de la demolición con una sola palabra: “Tristeza”. No pudo contener la emoción y soltó las lágrimas. La abuela, quien supo hacerle frente a un ACV, sabe que esta es una nueva batalla en su vida. Las fuerzas que tuvo para enfrentar ese complejo cuadro médico quiere que sean las mismas para evitar el colapso, siendo el rezo de todas las mañanas. Los momentos más importantes de ella y su familia pasaron en la parroquia. Desde los 19 años hasta la fecha colabora con la rifa para la celebración del 24 de septiembre, cuando Villa Mercedes le rinde homenaje a su patrona. También participó de la comunidad religiosa y allí vivió los casamientos de sus hijos y los bautismos y las comuniones de sus nietos. La virgen también toma protagonismo en su casa, ubicada a casi dos cuadras del edificio, cuando se observan varias imágenes de su protectora y fotos de actividades en la iglesia.
Valeria Tejada, hija de Eulalia, no puede creer la decisión: “La tristeza más grande que puede haber en mi corazón”. No únicamente tomó la comunión y la confirmación, contrajo matrimonio y bautizó a sus dos hijas, también trabajó como secretaria de la parroquia durante una década. No quiere ni pensar en el día después de la demolición, cuando el templo donde pasó su vida se convierta en un baldío. “Se va a ser el dolor más grande para Villa Mercedes”, finalizó.
El panorama es prácticamente similar al frente de la casa de Eulalia. Allí viven otros Torres, siendo Catalina el gran ícono del hogar. Al igual que su vecina, hay decenas de retratos de la virgen y los eventos en la capilla. Predominan las fotos de la remodelación del templo, ocurrida en los primeros años de este siglo, y el relato de toda la familia tiene como eje principal el justificativo para frenar la demolición. Negados a la idea del derrumbe, pretenden que las autoridades a cargo piensen en cómo restaurar el templo. ¿Por qué motivo? En esa casa todos participaron de la reconstrucción y con fotos mostraron las tareas realizadas. Para Catalina, su hermana Teresa y compañía, el inmueble tiene “unos tremendos fierros” que costó mucho sacrificio colocarlos: “No pueden decir que el trabajo estaba mal hecho”.
Catalina no pudo dirigirse a la iglesia por problemas de salud, aunque hizo pasar a este medio a su habitación para mostrar su descontento por la medida tomada por varios dirigentes políticos y religiosos, tras inclinarse por una serie de estudios. La fe es lo último que pierde y todos los días le pide a la virgen para tener fuerzas en sus piernas, evitar el derrumbe y volver a participar de las rifas por el 24 de septiembre.
Otro testimonio, más precisamente de Ramón Torres -cuñado de doña Catalina- pone foco en el estado del edificio. El hombre de 75 años hizo referencia al patrimonio cultural del piso de la parroquia, el cual debería tener resguardo. Pasó mucho sudor por su frente para la remodelación sucedida hace casi 20 años. Y no solamente estuvo involucrado en dicha actividad. También fue tesorero y cocinó a las personas que trabajaron en el lugar. Pero además, reconoce que la iglesia lo sacó de los malos recuerdos de su infancia y fue escenario de su casamiento.
La esperanza de Ramón está puesta en una impactante anécdota, que es su rayo de luz en medio de tanta oscuridad. La historia del mercedino sucedió hace aproximadamente 60 años:
“Yo me acuerdo del padre María cuando tenía 17 o 18 años. Un día vino decidido, pasó el plomo y dijo: ‘Esta iglesia no se va a caer nunca más’. Lo dijo con una convicción que nos dejó a todos marcados. Desde entonces, nadie se atrevió a dudar de que esta capilla resistiría todo. Él fue quien puso el plomo, con sus propias manos, y repitió: ‘Esta iglesia no se caerá jamás’. Era como si hubiera sellado un destino. A partir de ese momento, empezó la pelea por conservarla, como si fuera parte de él”.
Ya en 2025, la historia es distinta y Ramón, un grato creyente, se siente a la deriva. No sabe qué sucederá, pero al igual que todo el pueblo, muy unido por sus creencias, hará todo lo posible para esquivar la extinción de la iglesia, celebrar otra misa más y agradecerle enormemente a la Virgen de la Merced, la patrona que marcó la vida de Villa Mercedes.
Qué señalaron los informes
Con 139 años de antigüedad, el templo, uno de los edificios más emblemáticos de la localidad, sufrió daños considerables a raíz del terremoto de enero de 2021, que comprometieron su estructura.
Expertos del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) y el Ministerio de Infraestructura de la Provincia de San Juan realizaron un análisis detallado de la edificación, concluyendo que presenta fisuras severas y carece de la sismorresistencia necesaria para garantizar la seguridad de los feligreses. Además, su construcción original, que combina adobe y madera, no cumple con los estándares de seguridad modernos, indicaron las investigaciones.
El deterioro de la parroquia no solo es producto del sismo, sino también de los efectos de las crecientes, que han agravado la situación. A pesar de los esfuerzos por restaurar el templo, los técnicos han señalado que no hay opción viable para la rehabilitación, lo que llevó a la decisión de su demolición.