“Cierra el café más antiguo de San Juan: adiós a la confitería El Águila”, tituló este diario el pasado lunes, tras casi 85 años de vida. La noticia tuvo una altísima repercusión y fue un puñal al corazón de la histórica clientela del espacio gastronómico de calle Entre Ríos al 300 Sur. Esto se vio reflejado durante los tres días finales de actividad, cuando las hermanas Rosa y Mabel Navas -propietarias del negocio- vieron que el local estuvo prácticamente lleno, como si nadie quisiera perderse del último encuentro.
El último adiós y las fotos de las mesas históricas de la confitería más política de San Juan
El icónico café cerró definitivamente sus puertas durante esta semana, tras casi 85 años de vida. Tiempo estuvo presente en el último día y fue testigo del sinfín de emociones entre las propietarias, los empleados y los clientes. El legado de Juan Francisco Navas hacia sus hijas Rosa y Mabel y sus nietas, los memorables encuentros de figuras políticas, sociales y culturales, registrados en fotos, y qué dijeron sobre 'el día después'.
Llegó el miércoles 30 de abril, el día del cierre definitivo de la confitería, y Tiempo estuvo presente para vivir el fin de una era. La melancolía fue evidente en los rostros de las propietarias y los empleados. Conscientes del adiós y con los ojos llenos de tristeza, juntaban un poco de fuerzas en cada saludo, deseo de prosperidad y apretón de manos.
“Las voy a extrañar. Es una lástima que cierren. Pero espero que todo sea por el bien de ustedes”, dijo una señora, tan conmovida como el personal del café por el cierre. Algunos consumidores prefirieron no ser tan expresivos, pero sabían que ese cortado con medialuna, tortita u otra delicia era la última compra en ese negocio que frecuentaron por años. El cariño de los clientes llegó a superar a las propias dueñas, confesaron a este diario.
Mientras tanto, la foto de Juan Francisco Navas -el padre de Rosa y Mabel y quien en 1972 tomó las riendas de la confitería- estaba bien arriba, con una sonrisa y pareciendo mirar con orgullo todo lo trabajado y el legado que sus hijas y hasta sus nietas continuaron. “Juan Francisco está siempre presente. A pesar de que él ha fallecido en 2008 pero él siempre está presente”, afirmó Rosa.
Juan Francisco marcó un antes y un después en la vida de El Águila. Era muy joven cuando ingresó como pastelero al negocio nacido en 1940, aquel que siempre fue epicentro de míticos encuentros políticos, sociales y culturales de San Juan. Soñaba con su confitería propia, y con el correr de los años, pasó a ser mano derecha de un miembro de la sociedad Margarit-Alsina, antiguos propietarios del negocio. En 1972, el café se mudó a Córdoba y Tucumán. El día de la inauguración fue una revolución en la que participaron dirigentes del Gobierno local, público en general y hasta el presbítero Alejandro Blanco realizó la bendición. Siete años después, Navas quedó como único dueño y la confitería arribó a inmediaciones de Mitre y Mendoza, lugar donde se instaló hasta 2003, con la posterior llegada a la calle Entre Ríos.
Rosa y Mabel no tienen una anécdota puntual de su padre, pero cuando mostraron una decena de fotos antiguas sí recordaron que Juan Francisco era fanático de las reuniones políticas. Sin ser simpatizante de ningún partido o ideología, le encantaba ver a dirigentes de diferentes espacios debatiendo sobre los temas de coyuntura, acompañados de un buen café más alguna masita.
La historia de San Juan pasó por la confitería. Figuras de renombre como los gobernadores Carlos Gómez Centurión, Eloy Camus, Wbaldino Acosta, la familia Bravo, entre otros, degustaron las especialidades de la casa mientras discutían en mesas muy amplias y debates casi interminables. Nunca faltaban los abrazos, las chicanas, los pases de factura y las risas. El lugar también fue visitado por personalidades de la cultura local y nacional, como el caso del tanguero Guillermo Fernández.
Las añoranzas por todo lo vivido estuvieron reflejadas en ese miércoles 30 de abril, el último adiós a El Águila. Las hermanas saben que un pedazo de historia sanjuanina se va con ellas, pero no podían afrontar más con el negocio, principalmente por los altos costos. “Habrá que continuar con la vida”, reflexionaron, tras responder al interrogante sobre lo que pasará ‘el día después’. El futuro es incierto, pero están seguras que se despidieron con la frente en alto por los momentos brindados a una clientela de años, siendo cosas que exceden a un café o una masita.