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lunes 30 de marzo de 2026

Salud emocional

El Trastorno Bipolar también puede afectar a niños y adolescentes: ¿cómo reconocerlo y actuar a tiempo?

En el Día Mundial del Trastorno Bipolar, la licenciada en Psicología y Magister sanjuanina, Silvana Bellotti, da a conocer todo lo que los padres deben saber y las herramientas a tener en cuenta para calmar las crisis que lo caracterizan. Aclara que un diagnóstico de este tipo “no es el destino de un hijo. Con amor, estructura y tratamiento adecuado, se puede encontrar un centro”.

Por Myriam Pérez

Hablar de Trastorno Bipolar se ha vuelto usual en los últimos años, tanto que la mayoría de las personas saben, al menos en alguna medida de qué se trata. Quizá lo que menos se conoce es que este diagnóstico se puede dar en niños y adolescentes. Por ese motivo en este “Día” establecido para concienciar y así eliminar el estigma social, la licenciada en Psicología y magister, Silvana Bellotti, responde las dudas que surgen y brinda herramientas para que los padres sepan cómo actuar a tiempo.

Es importe destacar que se denomina trastorno bipolar -al menos en los adultos-, a una afección crónica de salud mental caracterizada por cambios extremos en el estado de ánimo, energía y actividad, alternando entre episodios de manía (euforia/irritabilidad alta) y depresión. Afecta a un 3 por ciento de la población mundial y sus causas son principalmente biológicas y neurobioquímicas.

-¿Cómo se manifiesta el Trastorno Bipolar en niños y adolescentes?

Lo primero que hay que aclarar es que no es una versión en miniatura del trastorno bipolar en los adultos. Es diferente y, muchas veces, más complejo. La irritabilidad extrema puede ser un síntoma principal, no sólo la euforia. Suele presentarse con otros desafíos como el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Cuando el ánimo de un niño oscila con la fuerza de un péndulo —entre la aceleración que no lo deja descansar y el vacío que lo apaga—, lo que vemos afuera como “mal comportamiento” o “rebeldía” es, en realidad, el grito de un sistema emocional que ha perdido su centro.

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Silvana Bellottti, destacada psicóloga sanjuanina, magister en Minoridad y Familia, escritora, docente y mamá de cuatro hijos,

-¿Hay que alarmarse con los berrinches repetitivos?

No sólo son berrinches. A veces el comportamiento de nuestro hijo no es falta de límites o mala crianza. Ahora si notas que esa irritabilidad parece no tener fin, momentos de energía explosiva seguidos de gran desgano o reacciones desproporcionadas ante pequeñas cosas, es posible que su sistema de regulación emocional esté pidiendo ayuda. Hay que imaginar el ánimo como un péndulo que en el trastorno bipolar se mueve con demasiada fuerza. Hacia un lado, el niño está acelerado, habla sin parar y no siente cansancio, mientras que hacia el otro lado aparece el desinterés, la queja constante o una tristeza profunda. En el centro es donde buscamos que el niño logre aterrizar. En mi nuevo libro explico que el cerebro del niño tiene un “termostato” emocional que no está funcionando bien-. No es que el niño no quiera calmarse, es que su sistema de alarma –la amígdala-, está encendido al máximo y su freno natural aún no responde. No le podemos pedir que se controle, hay que ayudarlo a regularse.

-¿Es posible detectar el momento de crisis a tiempo?

Sí, hay señales antes de la tormenta. Debemos observar cambios en la mirada, ojos demasiado brillantes o fijos; en el habla, si empieza a saltar de un tema a otro muy rápido. También si dice que no tiene sueño y amanece como si no hubiera descansado. Si detectamos algo de eso a tiempo podemos intervenir antes de que el péndulo oscile del todo.

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-¿Y eso cómo se logra?

En mi nuevo libro, ‘Más allá de la psicopatología”, invito a los padres a cambiar la mirada. No se trata de “frenar” el péndulo por la fuerza, sino de convertirnos en el suelo firme donde ellos puedan aterrizar. El diagnóstico no es una sentencia, es un mapa para entender que su cerebro necesita un “soporte de fondo” más sólido, como por ejemplo rutinas que calmen, una presencia que no juzgue y un amor que regule. Hay que saber que la casa debe ser su refugio seguro. Cuando el mundo interno del niño es un caos, el hogar debe ser predecible. Por ejemplo las rutinas de hierro como comer y dormir a horarios fijos ayudan a calmar la biología. En momentos de crisis darle pocas opciones, en lugar de preguntar qué quiere, decir es hora de tal o cual cosa. El ambiente debe ser calmo, con luces bajas, tenues y menos ruido porque eso ayuda a bajar la aceleración

-¿La tecnología colabora en el ánimo de los chicos?

Las pantallas pueden ser gasolina para un ánimo acelerado. La luz azul y la rapidez de los videos sobreestimulan un cerebro que ya está excitado. Si notas que tu hijo está acelerado, es mejor apagar los dispositivos, y eso no es un castigo, es proteger su descanso.

-¿Hay herramientas específicas para calmarlos o bajarlos a tierra?

Sí, una de las actividades que calman es el esfuerzo físico. Por ejemplo pedirles que ayuden a cargar algo pesado o amasar harina, ya que la fuerza muscular ayuda a frenar la mente. También un abrazo contenedor, o envolverlo en una manta pesada que le devuelva la sensación de sus límites. Caminar descalzos o saltar sintiendo el peso del cuerpo. En caso de que los chicos en aceleración lleguen a decir cosas poco realistas como “tengo superpoderes”, no hay que burlarse sino apelar a decir siento que tenés mucha energía, pareces un superheroe, pero aquí en casa caminamos con los pies en el suelo.

-Con la ayuda de la familia, seguramente no alcanza, ¿qué más se debe hacer?

Hay que crear una red con el médico, el psicólogo, y la escuela para hablar el mismo idioma. A veces hay medicación de soporte que le permite al niño aprovechar la terapia y el amor de su familia. Se trata de reparar el termostato para que la vida familiar sea posible.

-Los padres en algún momento se deben sentir sobrepasados por esta situación, en este caso ¿qué es lo recomendable?

No se puede ser un ancla si también te estás hundiendo, hay que saber que sentir miedo, cansancio, frustración es humano, y se debe buscar un espacio para hablarlo. Una frase que yo uso en mi libro es “si ustedes pueden respirar en medio de la tormenta, tu hijo aprenderá que la tormenta no es el fin del mundo”.

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