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sábado 28 de marzo de 2026

Guía práctica

El modelo DICE, la innovadora propuesta para el cuidado del paciente con Alzheimer, explicado por un especialista sanjuanino

El neurólogo Fernando Márquez explica por qué los gritos o la desconfianza son pedidos de ayuda y cómo manejarlos sin recurrir de inmediato a fármacos. Describir, investigar, crear y evaluar son los pilares de la técnica que busca reducir el estrés familiar y mejorar la calidad de vida del paciente.

Por Miriam Walter

En la actualidad, el mundo enfrenta una crisis silenciosa con más de 55 millones de personas viviendo con demencia, una cifra que en Latinoamérica se multiplicará para el año 2050. En San Juan, Fernando Márquez, médico del servicio de Neurología del Hospital Rawson y especialista en neuro-rehabilitación, advierte que gran parte de la carga del cuidado recae en familias que no cuentan con formación profesional. Ante este escenario, el especialista, en diálogo con TIEMPO DE SAN JUAN, propone un cambio de mirada radical: entender que los gritos, la desconfianza o la agresividad no son actos voluntarios de provocación ni "mal carácter", sino la expresión de un cerebro que ya no procesa la realidad de la misma manera.

Cuando el lenguaje abstracto comienza a desaparecer en fases moderadas de la enfermedad, la conducta se convierte en la principal vía de comunicación del paciente. El doctor Márquez explica que el deterioro de circuitos cerebrales específicos, como el lóbulo temporal o la corteza prefrontal, provoca que la persona pierda el control emocional y la flexibilidad cognitiva. Por eso, en lugar de preguntarse por qué el paciente se porta mal, el cuidador debe intentar descubrir qué necesidad básica, ya sea dolor, miedo, hambre o frustración, está intentando transmitir a través de su comportamiento.

Los cuatro pilares de la metodología que propone el sanjuanino

Para abordar estos desafíos de manera estructurada, Márquez promueve el modelo DICE, una herramienta diseñada para reducir intervenciones innecesarias y mejorar el bienestar general: se basa en Describir, Investigar, Crear y Evaluar, para reducir el estrés familiar.

El primer paso consiste en describir la conducta de forma precisa, observando qué hace exactamente el paciente, en qué momento ocurre y quiénes están presentes. Una vez documentado el hecho, se debe investigar la causa, buscando posibles desencadenantes que pueden ir desde ruidos molestos en el ambiente hasta factores médicos ocultos.

El proceso continúa con la creación de un plan de intervención personalizado que puede incluir ajustes en la comunicación, cambios en la iluminación del hogar o el establecimiento de rutinas que brinden seguridad al paciente. Finalmente, es fundamental evaluar los resultados obtenidos para decidir si la estrategia se mantiene o si el proceso debe ajustarse con nueva información. Este enfoque prioriza siempre las soluciones no farmacológicas, dejando el uso de medicamentos solo para situaciones de riesgo físico o sufrimiento severo que no cedieron ante otros cambios.

Señales de alerta y el manejo de lo cotidiano

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Es importante comprender que un cambio brusco o repentino en el comportamiento no suele ser una progresión natural de la enfermedad, sino una señal de alerta médica. El doctor Marquez subraya que antes de asumir un agravamiento de la demencia, se deben descartar causas físicas como infecciones urinarias, deshidratación, dolor no verbalizado o estreñimiento severo. Detectar estas situaciones a tiempo puede evitar el uso de medicación innecesaria y resolver el malestar del paciente de manera inmediata.

En el día a día, existen estrategias sencillas que pueden transformar la convivencia. Por ejemplo, ante la repetición constante de preguntas, el uso de pizarras o calendarios ayuda a reducir la incertidumbre del paciente sin necesidad de repetir la información verbalmente. En casos de agresividad, la clave reside en no confrontar, bajar el tono de voz y dar espacio físico, comprendiendo que muchas veces estas reacciones son respuestas a una amenaza percibida en el entorno. Incluso la apatía, a menudo confundida con pereza, debe tratarse ofreciendo actividades breves y guiadas, ya que la motivación en estos casos debe venir exclusivamente del ambiente externo.

El bienestar de quien cuida

Un punto fundamental en la propuesta de Márquez es la salud del guía o cuidador. Cuidar a una persona con Alzheimer implica un estrés crónico que pone en riesgo la salud cardiovascular de quien asume la tarea, generando sentimientos de culpa, fatiga extrema y agotamiento emocional. Por esta razón, el tratamiento integral de la demencia incluye necesariamente la preservación del bienestar del cuidador, fomentando la distribución de responsabilidades familiares y la búsqueda de espacios de respiro personal.

Comprender que la persona con demencia no pierde su dignidad, sino su capacidad de regularse, es el primer paso para un cuidado más humano y efectivo. La formación constante y el apoyo profesional son las herramientas principales para transitar este camino con mayor seguridad y menos sufrimiento para todo el entorno familiar.

Una invitación abierta a la comunidad

Para profundizar en estas herramientas, el Hospital Rawson invita a las familias y profesionales a un taller gratuito titulado “Conductas difíciles en Demencia y Alzheimer: qué significan y cómo manejarlas”. La capacitación se llevará a cabo el próximo miércoles 1 de abril, de 11:00 a 12:00 horas, en el Salón de Usos Múltiples (SUM) Central del mencionado nosocomio.

Durante el encuentro, se trabajarán estrategias para lidiar con la desorientación, los trastornos del sueño, las alucinaciones y la deambulación constante. Debido a que los cupos son limitados, los interesados deben realizar una inscripción previa a través del enlace https://shortlink.uk/1rBs8, donde podrán manifestar sus principales dificultades actuales para que la charla se ajuste a las necesidades reales de los asistentes.

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