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viernes 8 de mayo de 2026

Historias

El cielo sanjuanino celebra 40 años de ciencia en El Leoncito y abre sus puertas con experiencias únicas para el público

El Complejo Astronómico El Leoncito cumple 40 años y lo festeja con actividades abiertas, talleres, concursos y turismo astronómico en uno de los cielos más limpios del planeta.

Por Cecilia Corradetti

En el corazón de la cordillera sanjuanina, donde el silencio se vuelve protagonista y el cielo parece estar más cerca que en cualquier otro lugar, hay una historia que lleva cuatro décadas escribiéndose cada noche. El Complejo Astronómico El Leoncito, uno de los centros científicos más importantes del país, cumple 40 años y lo celebra con una agenda cargada de actividades que buscan acercar la astronomía a la gente y poner en valor su legado.

No se trata solo de un aniversario. Es, en realidad, la confirmación de un camino sostenido en el tiempo: investigación científica de primer nivel, formación de profesionales y una apertura creciente hacia la comunidad, que hoy puede no solo visitar el lugar, sino incluso dormir allí y vivir una experiencia que, para muchos, resulta transformadora.

“Durante 2026 vamos a desarrollar un amplio cronograma de actividades científicas, educativas y culturales para acercar la astronomía a la comunidad y poner en valor el rol histórico del observatorio”, explica Nelson Ariel Rodríguez, a cargo del complejo. La intención es clara: celebrar el pasado, pero también proyectar el futuro.

Cuatro décadas mirando el universo

Ubicado en el departamento de Calingasta, dentro del Parque Nacional El Leoncito, el observatorio no es un sitio cualquiera. Las condiciones naturales lo convierten en un punto privilegiado: más de 270 noches despejadas al año, clima seco y una oscuridad casi absoluta gracias a la lejanía de los centros urbanos.

Ese combo lo posiciona como uno de los mejores lugares de América Latina para la observación astronómica.

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Allí funciona el telescopio Jorge Sahade, el más importante del país en su tipo, inaugurado en 1986. Desde entonces, más de 100 investigadores y proyectos científicos han pasado por sus instalaciones, generando conocimiento que trasciende fronteras.

Cada noche, incluso de manera remota, equipos de científicos operan el observatorio desde distintos puntos del país y del mundo. Mientras tanto, en ese mismo espacio, también hay lugar para algo menos frecuente en el ámbito científico: la experiencia del visitante.

Un aniversario con actividades para todos

El cronograma de los 40 años no se limita a una celebración puntual, sino que se extenderá durante todo el año con propuestas variadas.

En mayo, por ejemplo, el foco estará puesto en la fotografía astronómica y de paisaje. Habrá talleres especializados -algunos ya con cupos completos- y otros abiertos al público que permitirán vivir una experiencia integral: recorridos diurnos, observación nocturna y capacitación práctica junto a profesionales.

En junio llegará el concurso “Miradas al Universo”, una convocatoria que busca captar la esencia del cielo sanjuanino. Fotógrafos aficionados y profesionales podrán participar en distintas categorías, con premios que pondrán en valor la mirada sobre uno de los paisajes más impactantes del país.

Pero uno de los momentos más fuertes será en septiembre. Allí se inaugurará un sendero interpretativo dentro del parque y el observatorio, un recorrido panorámico que abrirá la vista hacia la cordillera de los Andes, la Pampa del Leoncito y las instalaciones científicas.

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Ese mismo mes también se presentará una muestra itinerante de fotografía astronómica que recorrerá distintos espacios, desde el Centro Cultural de Barreal hasta el propio observatorio, para culminar en la Plaza Seca durante la apertura de la reunión anual de la Asociación Argentina de Astronomía.

En ese contexto, además, se realizará un taller de concientización sobre contaminación lumínica, una problemática clave para la astronomía moderna. La preservación de los cielos oscuros no solo impacta en la ciencia, sino también en el ambiente y en la calidad de vida.

Dormir entre telescopios

Si hay algo que distingue al CASLEO de otros observatorios del mundo es su apertura al turismo. No como una actividad central, sino como una extensión que permite a la sociedad acercarse a la ciencia de una manera directa.

La propuesta es simple y, al mismo tiempo, extraordinaria: alojarse dentro de un observatorio astronómico en funcionamiento.

“Es el único observatorio profesional que permite vivir la experiencia de alojamiento dentro de sus instalaciones”, explica Rodríguez. Con cupos limitados a apenas diez personas por noche, quienes acceden a esta experiencia pueden recorrer el predio, compartir el espacio con investigadores y, si el clima lo permite, observar el cielo a través de telescopios preparados para el público.

El impacto de esa vivencia suele ser profundo. No es solo mirar estrellas. Es entender la magnitud del universo desde un lugar privilegiado, en un entorno donde el silencio y la oscuridad potencian cada percepción.

Muchos visitantes coinciden en lo mismo: después de una noche en El Leoncito, el cielo nunca vuelve a verse igual.

Ciencia, turismo y comunidad

El aniversario también apunta a fortalecer el vínculo con el territorio. Por eso, entre septiembre y octubre, se desarrollará una capacitación destinada a prestadores turísticos de Calingasta, organizada junto a la Universidad Nacional de La Plata, el municipio y el Planetario de La Plata.

El objetivo es claro: consolidar el astroturismo como una alternativa de desarrollo local, brindando herramientas sobre astronomía, uso de telescopios y diseño de experiencias para visitantes.

pareja casleo

En paralelo, el equipo del observatorio continuará con charlas y disertaciones en escuelas e instituciones culturales, llevando la astronomía más allá de sus instalaciones.

“Queremos que la comunidad se apropie de este espacio, que entienda lo que hacemos y que valore la importancia de la ciencia”, señalan desde el CASLEO.

Un cielo que también es identidad

A lo largo de estos 40 años, el Complejo Astronómico El Leoncito no solo consolidó su lugar en el mapa científico, sino que también se transformó en un símbolo de San Juan.

Un punto donde confluyen la ciencia, la naturaleza y una experiencia casi espiritual para quienes lo visitan.

Porque en ese rincón de la cordillera, lejos del ruido y de las luces, el cielo no es un paisaje más. Es protagonista. Es historia. Y, para muchos, también es una puerta a algo mucho más grande.

Y mientras el observatorio celebra sus cuatro décadas, cada noche vuelve a repetirse la misma escena: telescopios apuntando al infinito, científicos trabajando en silencio y, a veces, un visitante que descubre, por primera vez, la verdadera dimensión del universo.

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