Con apenas 16 años, Pablo Ariel Fernández se sube al escenario de piedra y deja caer de su boca con ansias y bravura una a otra las palabras que homenajean al glorioso Buenaventura Luna: "Hay una amarga tristeza cencerreando en las majadas, al manantial lo detienen médanos de distancias…". Pablo ya es conocido en su Valle Fértil natal y dio sus primeros pasos días atrás en la Fiesta del Chivo, ganándose el aplauso de propios y ajenos de su entrañable pueblo.
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El aparcerito vallisto que sueña en grande
Conocé a Pablo Ariel Fernández, que con solo 16 años da sus primeros pasos como recitador en los escenarios de San Juan. Su historia, con su Valle Fértil en el corazón y un verso en la punta de la lengua con el que sueña pintar al hombre de campo que lleva en el alma.
Pablo a escribe sus propios versos y se sabe unos cuantos. El 17 de diciembre cumplirá 17 años y ya lleva varios haciendo lo que le gusta: recitar. Por eso lo conocen como "el aparcerito vallisto".
Su referente, Jorge Castro, lo lleva de la mano en esta misión de animar las peñas, los festivales y montarse a los escenarios sin temor a que le falle la memoria. En esa tarea está y sueña en grande, sueña con poder dedicarse a este arte de decir las cosas con mucho estilo.
"Jorge es como un hermano y maestro, un padrino, que gracias a Dios me está dando la oportunidad. Y bueno, acá seguimos en el camino de a poco. Yo me voy animando. Soy un chico nuevo. Así que quiero seguir adelante y aprendiendo obviamente", cuenta entre recitado y recitado.
Artísticamente se define como "una persona humilde. Gracias a mis padres y a Dios a ellos estoy acá". ¿Qué le gusta recitar? "Todo lo que es tema campero, las costumbres del campo, representar al hombre del campo. Yo también me crié en el campo, tuve esa experiencia", comenta.
Entre cactus y montes verduzcos de testigos, Pablo mecha su pasión con asistir a la escuela Fuerza Aérea Argentina, donde cursa el quinto año. Lo suyo es el arte: "He salido bailando más de los actos. Y ahora es el segundo festival que me largo en esto. Así que soy nuevo, soy nuevito y voy largándome la cancha", cuenta, tras su estreno este año en la fiesta del Caballo y El Folklore" que también se hizo en Valle Fértil este mes.
El amor por recitar le viene de familia. "De mi abuelo, que se llamaba Nicolás Rey, el padre de mi madre. Y bueno, él siempre gustó lo que era la guitarra y todas esas cosas. Bueno, acá a mí me gusta esto. Y nos seguimos largando. Las familias también de mis padres son de músicos", cuenta.
Las ganas de recitar le vinieron de muy chico, porque cuando tenía alrededor de 12 años se empezó a interesar por esta particular práctica. Para Pablo, él tiene un don que le dio Dios. "Creo que el don mío no es por ni dármela ni nada, es aprender y poder darle la esencia del campo, del hombre campero, digamos, en criollo, y del vallisto en particular.
Sabe de campo, como sus coterráneos que se crían en ese maravilloso paisaje lunar y prodigioso que fue cuna de los dinosaurios. Pablo está acostumbrado a cuidar animales. "Tenemos caballo con mi viejo. Se me pudo dar esa enseñanza de tener animales. Y obviamente aprender a cuidarlos y respetarlos y saber que se andará encima de ellos".
Su inspiración en el hombre de campo le viene del corazón. "Siempre recuerdo a mi tata, que fue un gran referente mío también. Y ahora no está conmigo, pero seguimos adelante", dice.
¿Cuáles son sus metas? "Yo creo que la mejor frase es no es mirar para el futuro, sino vivir el momento. Y seguir creciendo y creciendo. Obviamente aprendo porque el que no sabe caer, no sabe levantarse", asegura.
Sueña con presentarse en "la ciudad", donde a veces viaja para hacer algún trámite en el Gran San Juan. Cuesta mucho imaginarse cómo poder abrirse camino en el negocio del espectáculo. "Por ahí el tema de los presupuestos no se da mucho y poco viajamos, no viajamos más para el médico", se lamenta.
Confiesa que con su voz que está entrenando "por ahí se me da por cantar, cuando estoy solo en casa o en la ducha. Con mi familia me da un poco de vergüenza, pero llego acá al escenario y no sé, algo se me enciende en mí y saco lo mejor".
También está en plan de aprender a tocar algún instrumento que lo acompañe en sus andanzas, algo improvisa con el ukelele pero se imagina una sapiencia que le permita coronar su paso por los festivales. Dice que le encanta estudiar y que es un fiel creyente, criado como hijo único.
Tiene otro sanjuanino como ídolo: "Lo admiro mucho a Jorge Pascual Recabarren, que es amigo de mi viejo, amigo de la familia, que siempre va a Aguango, cerca de La Rioja, para la fiesta de la Virgen de la Merced. "Yo con él no tuve mucho contacto, porque yo era muy chico. Pero si me da la oportunidad de poder compartir un verso, una mateada, un almuerzo, un asado, yo contento, yo me conformo con lo más simple", dice.