Hace un año, Soledad Bove y Héctor Flores tomaron una decisión que les dio vértigo y libertad al mismo tiempo: dejar su vida tradicional en Neuquén, alquilar su casa y salir a recorrer el país en un motorhome. Desde entonces sumaron más de 18.000 kilómetros y atravesaron 12 provincias argentinas. Pero en ese mapa en movimiento, San Juan ocupa un lugar especial.
Dejaron su rutina en Neuquén y recorren América en motorhome: el flechazo con San Juan
Hace un año dejaron su vida en Neuquén para recorrer el país en motorhome. En su paso por San Juan visitaron Jáchal, Huaco, Cuesta del Viento y el Observatorio del Leoncito, y destacaron la hospitalidad y los paisajes únicos de la provincia
No lo dicen como turistas de paso. Lo cuentan como quienes duermen, cocinan y viven en la ruta, atentos a los detalles que no siempre aparecen en las postales.
“San Juan nos sorprendió muchísimo”, resume Héctor desde Chile, donde ya preparan el segundo año de viaje. Y enseguida empieza a enumerar recuerdos que todavía tienen frescos.
Su llegada coincidió con una de las celebraciones más emblemáticas del interior sanjuanino: la Fiesta Nacional de la Tradición en Jáchal, considerada la más antigua del país en su tipo y una de las más importantes de la provincia. “Estuvimos en primera fila. Nos dieron entradas gratis los dos días del evento y el sábado fue la fiesta del fogón. Un espectáculo terrible en ese anfiteatro natural que tienen en Jáchal. La pasamos increíble”, cuenta.
Se instalaron en el camping gratuito que funciona al lado del predio. “Eso también nos llamó la atención. Poder quedarnos ahí, con servicios, y vivir la fiesta desde adentro”. Como hacen en cada provincia, registraron todo en su canal de YouTube, Rodando por América, donde comparten la experiencia de vivir sobre ruedas.
Pero San Juan no fue solo un evento. Fue paisaje y fue camino.
Antes de llegar a Jáchal, recorrieron los diques cercanos a la capital, disfrutaron de las rutas abiertas y del contraste entre agua y montaña. Después siguieron hacia Huaco, donde —dicen— sintieron ese clima de pueblo que tanto buscan cuando viajan.
“Siempre pasa que en las capitales la gente es un poco más cerrada, pero cuando empezás a recorrer los pueblos del interior la cosa cambia. La gente es más dada. Igual, en todos lados, cuando te conocen y hablás un poco, son buenísimos. Gente tranquila, de buen corazón”, reflexiona Héctor.
La ruta sanjuanina los llevó también por Cuesta del Viento, uno de los escenarios más impactantes del oeste argentino. “Es impresionante”, describe. El viento, el espejo de agua y la aridez del paisaje les dejaron una imagen difícil de olvidar.
Siguieron por Barreal, la Pampa del Leoncito y el Observatorio Astronómico. “Terminar el día ahí, con ese cielo, fue único”, cuenta. Para quienes viven en movimiento, el cielo despejado y la sensación de inmensidad son parte del combustible emocional que alimenta el viaje.
Incluso cruzaron hacia el Cerro de los Siete Colores —en el límite con otras provincias— como parte de una vuelta más amplia que terminó de sellar su paso por territorio sanjuanino.
“Ahí cerramos la vuelta por San Juan”, dice Héctor, como quien marca un capítulo en un libro.
La vida en motorhome no es improvisación permanente. Detrás de la postal hay números y organización. Con el alquiler de su casa en Neuquén financian la travesía. Calculan que necesitan alrededor de un millón de pesos por mes para cubrir combustible, seguro, patente, gas envasado y comida. Recorren unos 800 kilómetros mensuales, consumiendo cerca de 80 litros de gasoil.
“Se viaja sin apuro. No es como salir 15 días de vacaciones y hacer miles de kilómetros de golpe. Acá el viaje es la vida”, explican.
En muchas provincias, incluida San Juan, encontraron campings municipales gratuitos con servicios básicos. Eso les permite sostener un estilo de viaje accesible y, al mismo tiempo, conectar con comunidades locales y otros viajeros.
Antes de llegar a San Juan habían pasado por San Luis, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Jujuy, Salta, Catamarca y La Rioja. Luego siguieron hacia Mendoza y regresaron a Neuquén para reorganizar la segunda etapa.
Hoy están en Chile. Cambiaron el motorhome argentino por uno chileno debido a restricciones aduaneras que les impiden reingresar con el vehículo anterior hasta cumplir un año fuera del país. El plan para 2026 es recorrer Chile de norte a sur.
El objetivo final es ambicioso: llegar hasta México. Calculan que el recorrido completo, entre ida y vuelta, podría llevarles unos ocho años. No hay fechas estrictas ni ansiedad por llegar. La premisa es disfrutar cada tramo.
En ese mapa que sigue creciendo, San Juan quedó marcado como una provincia que los impactó por su diversidad: diques, cordillera, desierto, cielo limpio, fiestas populares y hospitalidad.
“En el camino te encontrás con más gente buena que mala”, suele repetir Héctor. Y esa certeza se fortalece en lugares donde, dicen, se sintieron bien recibidos.
A quienes sueñan con cambiar de vida, el mensaje es claro: “No esperen a tener todo, porque siempre va a faltar algo. Hay que tomar la decisión y salir. En el camino uno se acomoda”.
Ellos lo hicieron. Vendieron la idea de estabilidad fija, cambiaron rutinas por rutas y transformaron el motorhome en hogar.
Y en esa casa rodante que ya suma 18.000 kilómetros, San Juan no fue solo una escala más. Fue un paisaje que los sorprendió, una fiesta que los emocionó y una experiencia que, como tantas otras en la ruta, confirmó que a veces hay que moverse para encontrar lo que de verdad importa.