Su nombre aún retumba en la memoria. Con sus vinos Maravilla supo convertirse en una de las bodegas más importantes de San Juan y logró, incluso, dejar su marca en los estadios más importantes del país floreándose en la pechera de la camiseta de Boca. Sin embargo, el paso del tiempo, los cambios y las consecutivas crisis de país hicieron que desapareciera. Hace un par de meses, sus piletas y oficinas fueron demolidas y el predio ubicado en una zona neurálgica de Desamparados quedó vacío. De ese modo, las ruinas de la ex Bodega Maravilla dejaron lugar a un importante emprendimiento inmobiliario con viviendas y un vanguardista salón comercial que ya comienzan a ser construidos.
De cuna de conocidos vinos a moderno emprendimiento: qué harán en el predio de la Bodega Maravilla
“Junto a un grupo empresarial rescatamos el inmueble de la ex Bodega Maravilla que estaba abandonado y comenzamos a idear qué podíamos generar en el lugar. La compra se hizo a la familia Garcés, que son empresarios vitivinícolas, 2 años antes de la pandemia. De a poco, fueron surgiendo las ideas a las que ahora empezamos a dar forma”, comentó Hugo Goransky.
Lo que decidieron entonces fue dividir el predio de alrededor de una hectárea y media para desarrollar dos proyectos distintos. Por un lado, se decidió destinar media hectárea de la zona que da a Avenida Paula Albarracín de Sarmiento a un sector comercial. En tanto que, en el terreno que queda hacia atrás, que limita al Norte con calle Colombia, al Sur con calle San Lorenzo y hacia el Este con calle Perito Moreno y el barrio Del Carmen; se construirá un barrio privado que contará con 44 viviendas.
Lo que viene
Sobre la construcción del local comercial, Goransky contó que la idea es aprovechar la importante afluencia vehicular de la zona. El salón estará dentro de media hectárea con un importante frente y ya tiene destino: allí se establecerá la firma Automotriz Yacopini, con dos concesionarias, una de Nissan y la otra Volkswagen. Este será el primer espacio de venta de la marca Nissan en la provincia, en tanto que, se transformará en el segundo de la firma Volkswagen, que distribuye sus agencias teniendo en cuenta la cantidad de población de cada lugar.
“Será un gran salón de ventas, vidriado y muy luminoso, con las características que tienen las concesionarias de última generación. Por ejemplo, estará equipado con paneles solares en los techos siguiendo el concepto del uso de energías limpias y renovables, pensando en el medio ambiente y la economía circular”, destacó Goransky.
Y agregó: “La firma del rubro automotriz Yacopini tiene en Mendoza agencias con la venta oficial de distintas marcas de vehículos, entre las que figuran también Chevrolet y Ducati, de motos. Hemos generado un acuerdo acuerdo estratégico con un contrato a largo plazo, el inicio de una relación de empresarios mendocinos y sanjuaninos apostando a todo lo que estamos seguros que va a venir en San Juan, teniendo en cuenta el desarrollo de la minería y de la provincia en sí”.
Este espacio es desarrollado por el empresario, que ya tiene experiencia en reciclar terrenos ocupados por bodegas que perecieron con el paso del tiempo, ya que fue uno de los encargados de la construcción del Shopping Del Bono en el sitio que había pertenecido a la Bodega El Globo; junto con Eduardo Miodowky, de la empresa Fase SRL.
También con él y el ensamble de la sociedad Maravilla SRL, enfrenta el desarrollo de la zona residencial. Será un barrio privado que llevará el nombre “Solares de bodega” y que estará integrado por 44 viviendas, pensando para ser dirigido a un sector de población joven, de clase media.
“Luego de la demolición, que llevó bastante tiempo debido a lo complejo de la tarea, se pudo comenzar a trabajar en la construcción. Nos estamos demorando porque queremos crear un barrio de calidad. Por el momento estamos haciendo todo lo que es urbanización, con el delineado de las calles, la parte forestal, la construcción del portal y, cuando tengamos eso listo, iniciaremos la comercialización. Hemos comenzado con la construcción de 16 viviendas y la idea es poder tenerlas listas en el transcurso de 2024”, comentó Goransky.
Lo que fue
La Bodega Maravilla supo transformarse en un símbolo de la vitivinicultura en San Juan. Fue fundada en 1935 por los empresarios Carlos Gualino y Mauricio Escolar, en el enorme predio del barrio Del Carmen, en Desamparados. Según figura en el archivo de Tiempo de San Juan, 20 años después, la bodega era ya era una de las más importantes de San Juan. El establecimiento contaba además con un aserradero que era uno de los más importantes del país. Allí procesaban maderas de la región y en la década de 1950, en pleno auge de la vitivinicultura, proveían de trabas, media trabas y postes a los nuevos parrales. El aserrado funcionó aproximadamente hasta promediar los ‘60.
En 1971, cuando murió Carlos Gualino padre, Carlos hijo siguió dos años más en el directorio. Luego, junto a sus hermanas Ana de Estornell y Lidia de Castro, decidieron vender su parte a la familia Escolar.
A partir de ahí, la bodega siguió creciendo y fue entonces que el establecimiento consiguió tanto renombre que la marca aun reverbera en la memoria de gran parte del país. Fue el 26 de febrero de 1983, el día en que Boca salió a jugar con la publicidad de Maravilla en su camiseta. Sucedió durante un encuentro del Torneo de Verano, nada más y nada menos, que enfrentando a River.
Fue la primera vez que el club argentino mostraba una inscripción en la casaca con un aporte económico suficiente como para pagar casi todos los sueldos del plantel profesional. De hecho, trascendió que la bodega de los vinos Maravilla había superado el ofrecimiento realizado por la empresa de electrónica Hitachi. De ese modo, el emprendimiento sanjuanino sentó las bases de una práctica que fue reproduciéndose y hoy es habitual.
Ya en los ’90, la familia Escolar le vendió el establecimiento a Plaza Vieja, que terminó vendiendo el emprendimiento a una firma de capitales cordobeses y sanjuaninos que, casualmente, se llamaba Maravilla. Pero ellos tampoco pudieron levantar el emprendimiento, que terminó quebrando con la crisis del 2000.
En 2004, los viñateros sanjuaninos Miguel y Eduardo Garcés adquirieron el establecimiento en un remate. Allí fraccionaron vinos durante algunos años, hasta que en 2017 vendieron el inmueble al grupo de empresarios locales que ahora desarrollan el novedoso emprendimiento inmobiliario.