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martes 24 de marzo de 2026

En San Juan

A 50 años del golpe de Estado: el rescate de historias de "Memorias Locales"

“Memorias locales” es el nombre del proyecto que busca poner en valor la lista de los desaparecidos en San Juan con el foco en sus identidades, sus sueños y su militancia.

Por Viviana Pastor

Este 24 de marzo se cumplen 50 años del último golpe de Estado en el país y como cada año habrá marchas y actos a lo largo y ancho del territorio nacional. San Juan avanza en sus propios proyectos relacionados con los desaparecidos en la última dictadura. Un grupo interdisciplinario participa del proyecto Memorias locales junto con la agrupación HIJOS, es un programa de Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNSJ que dirige Jimena Sancho.

“La idea es contar sus vidas, que estudiaban, cómo eran como amigos, cómo eran en el barrio o en la villa, por qué se fueron a estudiar a otra provincia, cómo eran como compañeros, qué los movilizó. Y esto se hace a través de las entrevistas que vamos haciendo con la familia, los amigos de la infancia, con los compañeros de la escuela o de la universidad”, contó Gabriel Farías, hijo de Alberto Farías, secuestrado y asesinado en 1976.

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Gabriel Farías junto a la foto de su padre Alberto.

En el Bosque de la Memoria, creado en San Juan en 1995, cada árbol que representa a un desaparecido tendrá un código QR donde se podrá acceder estas historias. Hasta el momento hay escritas ocho historias, de más de 125.

Es un trabajo lento, porque no sólo estarán los sanjuaninos desaparecidos en San Juan, también estarán, por ejemplo, los sanjuaninos desparecidos en otras provincias; o los que no son sanjuaninos y desaparecieron en otras provincias pero cuyas familias viven en San Juan. “Cuando se realiza un acto se los nombra porque están ahí, como el padre de una de nuestras compañeras Belkis Ivanovich, él fue ejecutado en La Plata, pero su única hija y su esposa viven acá desde hace 45 años. Esta metodología se ha empezado a hacer en todo el país”, dijo Farías.

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Esta visibilidad es importante para contar las historias que faltan, porque es en estas fechas y en estos actos cuando surgen nuevas dudas y consultas.

“Empezamos a recibir mensajes ‘¿dónde puedo averiguar?’, ‘tengo dudas’, ‘tengo un familiar desaparecido en la dictadura pero mi familia nunca quiso hacer la denuncia’, eso pasaba porque el miedo era parte del plan sistemático. Nosotros sabemos guiarlos, lo primero ir a la justicia federal y hacer la denuncia. Lo mismo cuando hay dudas sobre la identidad”, señaló Farías.

Agregó que el negacionismo dice ‘no son 30.000, son 8.000’, “porque la primera lista de la CONADEP al inicio de la democracia eran pocas las denuncias que existían en todo el país, con lo cual era lógico tener esa cifra. Con los años fueron las familias animándose a denunciar. Y después del 2004 ni te cuento, porque se derogaron las leyes de la impunidad y eso permitió abrir los juicios”.

Lo mismo pasa con muchos nietos recuperados, “al principio a muchos les cuesta aceptarlo o se niegan. Son procesos. Les llevará el tiempo que les tenga que llevar y tenés que respetar esos procesos”.

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La propia historia

Memorias locales llevará tiempo, no hay plazo, es un trabajo que se hace día a día con muchas voluntades. Participan organismos como H.I.J.O.S., ex detenidos, la APDH, profesionales, docentes, historiadores, sociólogos, comunicadores, es un trabajo en conjunto.

“Este trabajo de memoriar las memorias es un trabajo titánico porque es reconstruir a cada desaparecido. Y es necesario porque es darle otra imagen al desaparecido, darle una mirada humana. Es saber qué hay más allá de un hombre o una mujer que fueron víctimas del terrorismo de Estado. ¿Cuáles eran sus inquietudes? ¿Por qué eran militantes políticos? Sus hobbies, cómo eran como hijos, cuáles eran sus raíces, sus inquietudes”, señaló.

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Alberto Farías tenía 23 años cuando fue secuestrado y asesinado.

-¿La historia de tu papá ya está escrita?

– La historia de mi papá está ahí… Todavía no la presento porque bueno, estoy buscando viejos amigos, tengo que entrevistar y juntarme con unos tíos. Quizás falta alguna cosita.

-¿Vos cuántos años tenías cuando lo mataron?

– Un año y dos meses, mi vieja estaba embarazada de mi hermana Cintia. Yo la reconstrucción de mi viejo, de esa imagen paterna, la hago a través del relato. Mi hermana y yo hicimos una reconstrucción primero de la parte paterna, después lo que tuvo que ver con su causa y después entenderlo.

Es el mismo proceso que le toca hacer a cada hijo de desaparecido, primero una reconstrucción a través del relato y la foto, son pocos los que se acuerdan de la voz o de la imagen.

“Me acuerdo dos anécdotas muy fuertes que me marcaron mucho. En la familia eran muy humildes, entonces mi abuela lo mandaba a vender semitas y a él le gustaban mucho los animales; salía a la calle y volvía con animales, sin semitas y sin plata… Mis hijos son así también”.

Otra anécdota que le contaron a Gabriel es cuando salía a trabajar en la «chata» siempre tenía tiempo para poner agua a los animales de la calle o darle una mano a alguien.

Alberto Farías era militante de la JTP (Juventud Trabajadora Peronista) y era integrante de Montoneros, a su esposa, la mamá de Gabriel, Victorina Ortiz, la conoció militando.

“Era un tipo que se las arreglaba para hacer de todo, era inquieto, era de esas personas que desarman y reparan cualquier cosa. Si tenés una crianza normal con tu viejo lo vas viendo y lo normalizás, pero cuando no lo tenés, cada detalle cobra un valor enorme. La dictadura nos quitó la posibilidad de tener un padre o una madre y verlos en una vida”.

Gabriel participa activamente en H.I.J.O.S desde el 2006, “pero en realidad con mis amigos del barrio también lo hablaba, o sea que todo esto lo vengo haciendo desde que tengo uso de razón”.

Su madre falleció cuando Gabriel tenía 13 años, por eso mucha de la información la tuvo a través de abuelos y tíos. “Nos decían que eran peronistas y nos acomodaban la información acorde a la edad que teníamos, pero nunca nos mintieron”.

A Alberto Farías lo secuestraron de la casa en la que vivían en Rawson, en la madrugada del 27 de agosto de 1976. Estuvo 10 días desaparecido. Los militares volvieron a la casa y se llevaron a un tío que estudiaba ingeniería, pero a él lo pudieron encontrar rápido.

“A mi mamá no se la llevaron, pero sufrió persecución permanente. Estuvo escondida para poder dar a luz. Mi mamá nunca dejó la militancia”.

A los 10 días les avisaron que el cuerpo de Alberto estaba en la morgue. Lo identificó su padre.

“Siempre me pregunté por qué no fue desaparecido, hablando con un investigador me decía que a mi papá lo torturaron y no le sacaron nada, se bancó todo. Entonces entregaron el cuerpo para ver si en el velorio podían enganchar a los compañeros y estuvo vigilado permanentemente. No fue nadie de sus compañeros de militancia porque sabían lo que iba a pasar”, contó.

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Cuando se realizó el juicio de lesa humanidad, una de las pruebas fue la exhumación del cuerpo de Alberto y se demostró que había sido una ejecución y no un enfrentamiento, como dijo la policía en el diario, práctica común en esa época.

“Hablando con compañeros de H.I.J.O.S., a todos nos pasó lo mismo, todos pasamos por procesos de negación y enojo. Te planteás: ‘si sabías lo que te iba a pasar, ¿por qué no pensaste en nosotros?’. Yo me sentía muy mal porque pensaba que era el único, pero todos pasamos por eso.

Y después te das cuenta de que se la jugó no solamente por ellos, sino por nosotros también. Estaba convencido. Como dice un compañero: ‘hay un montón de superhéroes, pero el mejor que yo tengo es mi viejo’».

Para Gabriel recuperar esa identidad es recuperar la propia verdad, pero es también un aporte a la comunidad porque suma a la construcción de la memoria, la verdad y la justicia.

Embed - Bosque de la Memoria | Facultad de Ciencias Sociales | UNSJ

(Fuente: Destino San Juan)

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