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domingo 22 de marzo de 2026

Historias

A 100 años de la creación de Bomberos, los recuerdos del "Gringo" Chicahuala, uno de los jefes más queridos del cuartel

Cuando se hizo cargo de la jefatura en el año 1998 se puso como objetivo encontrar el decreto que creaba el Cuartel de Bomberos de la Policía de San Juan. Lo consiguió tras un año de investigación. El recuerdo de rescates, pérdidas y las vidas que salvó uno de los bomberos más queridos de la provincia.

Por María Agostina Montaño

Se llama José Enrique Chicahuala pero todos lo conocen como “Gringo” o “Quique”. Formó parte del Cuartel Central de Bomberos de la Policía de San Juan durante 30 años y llegó a ser uno de los jefes más queridos del cuartel. En su juventud pudo ser deportista cuando jugaba en la reserva de Unión y también profesor de Educación Física pero dice que “el señor” lo iluminó y le mostró su profesión como Bombero.

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“El Gringo” sostiene que todavía era “un gordito de 10 años que iba a 4to grado” cuando el Cuartel de Bomberos visitó su escuela. Estaban en el patio porque la maestra los sacó para que vean cómo trabajaba la dotación y él le dijo a un compañero “yo cuando sea grande voy a ser Bombero”. Esa historia quedó plasmada en un libro que años más tarde escribió su amigo y a la que él fue invitado.

Su carrera comenzó en la Escuela de Policía de donde salió como oficial subayudante. Llevaba tres meses asignado a la Comisaría 3ra cuando pidieron dos ayudantes de la nueva camada para ir a ayudar al Cuartel de Bomberos.

“El primer día no me sentí muy cómodo pero, ya al segundo día, cuando empecé a salir en todas las dotaciones me di cuenta que esa era mi carrera, estamos hablando del año 1974, yo era oficial subayudante”, recuerda Chicahuala sobre el día en que descubrió que esa sería su profesión durante el resto de su vida.

El Cuartel Central cumplió 100 años desde su creación el 14 de marzo de 1924 y fue Chicahuala el que gestionó todo para que los Bomberos de la Policía tengan su propia fecha.

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“Se festejaba el 2 de junio junto con la creación de Bomberos Voluntarios en todo el país. Nosotros sabíamos que Bomberos se había creado en el año 1924 pero no teníamos la fecha exacta, entonces cuando yo me hice cargo de Bomberos en 1998, me puse como meta encontrar el día que se había inaugurado”, relata Chicahuala. Esa investigación duró 1 año y medio y requirió revisar papel por papel de la Legislatura Provincial hasta que encontraron el decreto mediante el cual se creó el cuerpo. “En ese momento estaba de gobernador Escobar y fue él el que sacó el decreto con la fecha. Desde entonces celebramos todos los 14 de marzo”, asegura orgulloso el ex jefe.

Las pérdidas más dolorosas y las satisfacciones

La fibra sensible del “Gringo” son los niños. Con lujo de detalles recuerda un incendio en la Villa Lourdes donde perdieron la vida tres hermanitos. “Tenían 1, 2 y 3 años. La mamá había salido y había dejado una vela arriba de la cama, fue un instante y cuando quiso acordar estaba todo quemado”, detalla el ex Bombero.

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Chicahuala acudió con una dotación para apagar las llamas y rescatar los cuerpos. “Sacamos los dos primeros cuerpos y el tercero no lo encontrábamos. Estaba acostadito, debajo de la cama”, recuerda. Esa imagen quedaría para siempre grabada en su memoria.

Tenían 1, 2 y 3 años. La mamá había salido y había dejado una vela arriba de la cama, fue un instante y cuando quiso acordar estaba todo quemado. Tenían 1, 2 y 3 años. La mamá había salido y había dejado una vela arriba de la cama, fue un instante y cuando quiso acordar estaba todo quemado.

El exjefe del cuartel tiene guardadas experiencias muy fuertes, recuerda direcciones, nombres, caras y detalles de cada una de las personas que perdió y también de las que pudo rescatar. Entre esas pérdidas están dos compañeros que se electrocutaron cuando cortaban una rama que estaba a punto de caer sobre una casa. Él llegó y ya se habían llevado a uno pero se subió a la ambulancia con el otro para ir hasta el hospital. “Yo cuando llego me di cuenta de que se iba a morir. Le había salido la corriente por los codos, las rodillas y el extremo de los pies. Él estaba a los gritos y me decía que se iba a morir. Me fui con él en la ambulancia que si nos tocaba una bicicleta nos dábamos vuelta porque íbamos a cualquier velocidad. Murió al día siguiente”, se lamentó.

A él mismo le ha dado la corriente tres veces durante distintos siniestros a los que asistió. Sobrevivió para contarlo pero reconoce que nunca le dijo nada a su compañera Susana hasta pasado un tiempo porque no quería preocuparla.

“Gran parte de los logros de mi carrera se los debo a mi compañera Susana porque ella fue la que se encargó de los niños, de llevarlos a la escuela, al médico. Cómo la iba a preocupar yo con más cosas, ella ya tenía suficiente”, asegura.

Producto de esos accidentes, Chicahuala se quebró la rótula y tiene operación en los meniscos, pero, aún al día de hoy, no dejó nunca de hacer actividad física. “Nado todos los días, sin parar”, dice.

A él mismo le ha dado la corriente tres veces durante distintos siniestros a los que asistió. Sobrevivió para contarlo pero reconoce que nunca le dijo nada a su compañera Susana hasta pasado un tiempo porque no quería preocuparla. A él mismo le ha dado la corriente tres veces durante distintos siniestros a los que asistió. Sobrevivió para contarlo pero reconoce que nunca le dijo nada a su compañera Susana hasta pasado un tiempo porque no quería preocuparla.

Para él la satisfacción de todo, al final del día y a pesar de todo lo malo, son las vidas que pudo salvar. “El simple gracias que me haya dicho alguien es suficiente”, afirma.

El incendio del Centro Cívico, el día que el cielo sanjuanino se tiñó de rojo

Era el 14 de octubre del año 1976 y Chicahuala llevaba un año y medio en Bomberos cuando se incendió el Centro Cívico. “Fue en el último piso y estaba todo encofrado para echar la loza. Era un viento Zonda que corría a 100 km/h y yo estaba de franco pero me presenté igual. Había cuatro efectivos disponibles, nos subimos y nos fuimos hasta allá fuimos los primeros en llegar”, detalla.

Fue esa la primera vez que sintió el verdadero terror y no era para menos ya que ese día volaban trozos de madera prendidos fuego y el viento Zonda hacía cada vez más difíciles las tareas de los bomberos. “En un momento se nos acabó el agua y los tizones salían encendidos y volaban 200 o 300 metros y ocasionaban otros incendios. El fuego nos encerró y uno de mis compañeros había empezado a ponerse nervioso. Yo había visto unas escaleritas por donde subían las carretillas por cemento, era bajar por ahí o con las mangueras y deslizarnos”, relata con claridad. Encontrar esas escaleras fue un alivio para la dotación que pudo bajar por ahí y ponerse a salvo. “Tuvimos una labor ardua”, sostiene sobre ese día.

Fue en el último piso y estaba todo encofrado para echar la loza. Era un viento Zonda que corría a 100 km/h y yo estaba de franco pero me presenté igual. Había cuatro efectivos disponibles, nos subimos y nos fuimos hasta allá fuimos los primeros en llegar Fue en el último piso y estaba todo encofrado para echar la loza. Era un viento Zonda que corría a 100 km/h y yo estaba de franco pero me presenté igual. Había cuatro efectivos disponibles, nos subimos y nos fuimos hasta allá fuimos los primeros en llegar

Cuentas pendientes

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La vida del “Gringo” hoy es otra. Se dedica a pasar tiempo con sus nietos y pudo recibirse de Técnico en Higiene y Seguridad y una de sus cuentas pendientes es escribir un libro con todos sus rescates.

“Me faltan algunas horas pero tengo todo”, dice Chicahuala que todavía se emociona cuando una autobomba pasa cerca de su casa y los recuerdos lo invaden al escuchar la sirena.

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