Dentro del Frente de Todos dicen, no sin cierta inquina, que cada vez que habla Cristina Kirchner, un ministro deberá vaciar su escritorio. El viernes el apotegma se pondrá a prueba.
Cristina vuelve a hablar el viernes, después de "la última cena": no todos confían en la tregua
Cada intervención de la vicepresidenta, para algunos desató un caos en el Gobierno, para otros ordenó la política interna de la fuerza gobernante.
Habrá que ver qué efectos tendrá el mensaje que dará este viernes, a sólo 5 días de su última aparición que publica que detonó la gestión y la permanencia en el Gabinete del ex ministro de Economía Martín Guzmán.
Cristina Kirchner dará un mensaje este viernes a las 16 desde el Calafate, en un aniversario (casualmente, quizá) de la designación de Juan Perón como vicepresidente, en 1944.
La “excusa oficial” es la inauguración del Cine Teatro Municipal de el Calafate, en un acto del que además participarán la gobernadora Alicia Kirchner y el ministro de Educación Jaime Perczyk, por firma de convenios con universidades nacionales para dictar carreras y tecnicaturas en el Centro de Universidades Nacionales de El Calafate.
Será la primera aparición de la vicepresidenta tras la cena que compartieron el lunes a la noche con Alberto Fernández luego de la charla telefónica de una hora en la que se acordó el nombramiento de silvina Batakis al frente del ministerio de Economía.
En esa cena, “aceptable” dijeron desde ele kirchnerismo, “cordial”, apuntaron desde el lado del Presidente, no se bajó la tensión ni un gramo, y quedaron expuestas, más, si era posible, las diferencias entre los integrantes de la fórmula presidencial.
Los puntos más importantes que se debatieron, sin llegar a acuerdos en la mayoría, fueron el déficit y gasto tolerables, la segmentación de tarifas, que Guzmán había pautado por ingresos, mientras que Cristina quería que sea por consumo, el shock distributivo para recuperar salarios, cómo negociar frente al establishment, el “festival de importaciones”, el salario básico universal, y los planes sociales en manos de las organizaciones que están muy cerca de Alberto Fernández.
Detrás de todo esto subyace el drama del acuerdo con el FMI, del que Cristina sigue renegando, y que sostiene que hay que romper de facto aumentando el déficit si es necesario para solventar las necesidades de los más vulnerados.
Como coincidencia puede marcarse una sola: Cristina y Alberto creen que hay que contener a Sergio Massa, pero sin favorecer su Normandía, desembarcando en el gobierno nacional con todo un ejército, y quedándose prácticamente con la administración de la cosa pública.
De ahora en más, acordaron, deberán respetarse los espacios de poder y cada sector de los tres que componen la alianza gobernante deberá tener porciones de decisión razonables.
La sobreexposición de los conflictos hace que algunos dirigentes del frentetodismo no tengan demasiadas expectativas con respecto a un mensaje conciliador, ni siquiera condescendiente, de la vicepresidenta.
Otros miran con disimulo la oficina del ministro de Trabajo Claudio Moroni, que en términos de apuestas burreras, presenta un sport bajísimo para ser la próxima que se vacíe.