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jueves 23 de abril de 2026

Informe especial

A 40 años de la reforma de la Constitución de San Juan: la rosca previa, una elección única y el texto más alfonsinista posible

De los 30 convencionales constituyentes, 20 eran radicales. La representación peronista y la bloquista, que derivó en la renuncia de Leopoldo Bravo como gobernador. La incidencia del presidente Raúl Alfonsín y el antecedente a la reforma de 1994.

Por Natalia Caballero

Hace 40 años, el conjunto de normas que regulan la vida de los sanjuaninos fue sancionado por 30 convencionales constituyentes elegidos por el pueblo. La Constitución de 1986 es la primera del país que se sancionó en democracia. Nadie podría objetar si se la define como el resultado de la primavera alfonsinista que conquistó a la Argentina durante los ochenta. La elección de los convencionales fue atípica para la provincia, pero acorde a la realidad nacional. Los testimonios de un momento político único, que cocinó la Constitución de San Juan, la que muchos consideran antecedente de la reforma nacional de 1994.

Don Leopoldo Bravo fue elegido por tercera vez gobernador de San Juan en octubre de 1983, por el 39,47% de los votos. El sistema electoral con el que San Juan votó en el regreso de la democracia lo diseñó el bloquista Pedro Rizo. El sistema era uninominal y el partido que se imponía en los departamentos se quedaba con toda la representación legislativa, independientemente de la diferencia de votos con los demás. De 34 diputados, 30 fueron del partido de la estrella, tres del justicialismo y uno de la UCR.

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Ese mismo sistema con el que los sanjuaninos votaron en 1983 fue el que generó críticas de la Multipartidaria por la escasa representación de la oposición en la cosa pública. Llegaron hasta emitir un comunicado solicitando una reforma parcial de la Constitución Provincial. Bravo estaba tan confiado, que elevó la apuesta y decidió impulsar una reforma general. Dentro del bloquismo, hubo dirigentes a los que les hizo ruido la decisión del gobernador, pero la aceptaron.

Las elecciones intermedias de 1985 no fueron solo para elegir diputados nacionales, sino también convencionales constituyentes. Las urnas hablaron y la primavera alfonsinista impactó en San Juan. El 3 de noviembre, la Unión Cívica Radical se impuso en los comicios con el 45,39%, segundo quedó el Frejuli con el 27,06% y el tercer lugar fue para el bloquismo con el 19,89%. Como estaba vigente el sistema uninominal, el radicalismo se quedó con 20 de los 30 convencionales constituyentes; para el peronismo fueron 6 y el bloquismo solo obtuvo 4 bancas.

Don Leopoldo no pudo con la pésima cosecha electoral y renunció en noviembre del ’85, dando vida a una de las imágenes más emblemáticas de la historia gráfica de San Juan. El gobernador dejó su cargo, salió de Casa de Gobierno y se tomó el 6 junto a su hijo, Alejandro Quinto Bravo. La noticia dejó perplejos a sus funcionarios, sobre todo a su vice, Jorge Ruiz Aguilar, quien estaba en una oficina en calle Paula. “Le golpearon la puerta; Ruiz Aguilar estaba fumando en esa oficina y la secretaria de don Leopoldo le dijo: ‘Ahora sos el gobernador’”, contó Rizo, quien vivió ese curioso episodio.

Los cuatro convencionales electos del bloquismo fueron Wbaldino Acosta, Eduardo Pósleman, Julio César Cámpora y Pedro Rizo. Todos sabían que iba a ser imposible imponer su proyecto con tan poca representación. La iniciativa del partido reversionaba la Constitución sancionada por el cantonismo en 1927. Contaron con el asesoramiento del constitucionalista Germán José Bidart Campos. “Tuvimos que enterrar los sueños de otra Constitución bloquista”, dijo Rizo.

El peronismo armó un gran frente para participar de la elección intermedia, al que bautizaron Frejuli (Frente Justicialista de Liberación). Los convencionales elegidos fueron Margarita Ferrá de Bartol (quien renunció y su lugar lo ocupó Hugo Echegaray), Eduardo Leonardelli, Jorge Rivera Prudencio, Hugo Giuliani y Pablo Ramella. El proyecto de los peronistas tenía como consigna incluir la bandera de la justicia social en la reforma y también introducir conceptos de aquella Constitución del ’49, que fue derogada por el régimen militar de Pedro Eugenio Aramburu. El jurista que los asesoró formaba parte de su propio bloque: el reconocido abogado Pablo Ramella.

Los radicales ganaron holgadamente las elecciones, las únicas en la historia local y cosecharon 20 convencionales. Los constituyentes de la UCR fueron Rafael Adárvez (reemplazó a Carlos Alonso), Mario Capello, Miguel Castillo, Lucio Chávez, José A. Fernández Vargas, Mario Gerarduzzi, Rubén Pontoriero, Martín Riveros, Mario Roberto Rojas, Luis Barroso, Manuel Castillo Rodríguez, Ricardo Colombo (renunció antes de asumir y lo reemplazó José Luis Ramhé), Antonio Rogelio Falcón, Dante Mauro Figueroa, Ricardo Grossi Colombo, José Munizaga, Juan Pons, Juan José Russo y Héctor Miguel Seguí. Contaron como asesor con el conocido constitucionalista Humberto Quiroga Lavié, un hombre de prestigio académico y el encargado de dotar de alfonsinismo al texto local.

El debate, la rosca y más

Se dispuso arrancar las reuniones de la Convención Constituyente el 1° de febrero de 1986 y la Cámara de Diputados fue la sede elegida para el intercambio de ideas. Cada espacio tuvo que librar sus propias batallas internas y con los demás bloques. La presidencia de la Convención recayó en manos del radical Mario Gerarduzzi. Como secretarios fueron designados los constituyentes radicales más jóvenes: Antonio Falcón y Rubén Pontoriero -que tenía 29 años-.

Los radicales no creían que iban a ganar las elecciones en la provincia. Si bien el país estaba enamorado del presidente Alfonsín, en San Juan la UCR nunca había logrado un triunfo. Quizás por esa razón incluyeron en la lista de convencionales a los radicales de perfil más conservador —que comandaban el partido— y a un grupo de jóvenes de perfil más progresista. Los resultados en las urnas provocaron una convivencia obligada entre interpretaciones disímiles de la realidad.

Tanto Mario Capello como Pontoriero coincidieron en que Alfonsín siguió muy de cerca la reforma sanjuanina. Es que era la primera parida en democracia y significaba una oportunidad de generar un cuerpo normativo que estableciera límites al poder y dotara de institucionalidad al Estado. La intención era cercar cualquier intento de arrebato de libertades, las que tanto había costado conseguir. Por esa razón, San Juan fue punta de lanza en el país.

El asesor que eligió la UCR para San Juan fue el prestigioso constitucionalista Quiroga Lavié, quien después participó como consultor en la reforma de la Constitución de Jujuy y también aportó en la reforma nacional de 1994. Tanto en el texto local como en el nacional hay organismos espejados, como el Consejo de la Magistratura y la Defensoría del Pueblo.

Los convencionales del peronismo tenían como misión principal imprimirle “justicia social” al texto constitucional. No hubo demasiadas disidencias internas, sobre todo porque tanto la voz de Ramella como la de Leonardelli era respetada. Sabían mucho y nadie podía desconocerlo. Sus aportes eran escuchados, aunque no siempre fueron tenidos en cuenta. Rivera Prudencio, que representaba al Frente de Izquierda Popular dentro del Frejuli, dijo que había posibilidad de diálogo con los radicales, que pudieron incluir conceptos claves y hasta garantizar derechos de acceso a la vivienda a sectores más vulnerables de la población.

La decepción bloquista fue tal, que el proyecto que tenían armado quedó como parte del archivo que resguarda Rizo en su casa. El convencional aseguró que no era fácil negociar con la UCR: “Ellos tenían el número y la Constitución de San Juan fue una Constitución radical”. Los constituyentes de la UCR consultados por Tiempo de San Juan no coincidieron y con vehemencia destacaron que hubo espacio para los aportes de todos los bloques.

Puntos picantes

La invocación de Dios en el texto constitucional fue un punto que generó chispazos entre los bloques. El radicalismo mostró su perfil más laico, el justicialismo pregonó más cercanía a conceptos religiosos y los bloquistas fueron los máximos defensores de los intereses de la Iglesia católica en la Convención.

El proyecto radical proponía como fórmula para el preámbulo usar la frase “invocando a Dios o apelando a la conciencia del hombre”; el justicialismo “invocando a Dios, fuente de toda razón y justicia” y el bloquismo sugirió “invocando la protección del Supremo Hacedor”. Finalmente, se consensuó una redacción intermedia, inspirada en el preámbulo de la Constitución alemana: “Consciente de la responsabilidad ante Dios y ante los hombres”.

Lo que también generó un conflicto con la Iglesia fue la inclusión de la educación sexual en las escuelas. Hubo fuerte oposición bloquista a este tópico. La defensa de los valores católicos que ejerció el partido bloquista no tuvo correlato en 1987, cuando, gracias a un voto del partido político provincial, se sancionó la Ley del Divorcio, lo que posibilitó después mejorar el índice de coparticipación para San Juan. El arreglo tuvo la muñeca política de don Leopoldo.

La inclusión del derecho a réplica en los medios de comunicación fue una partida compleja para los convencionales radicales. Diario de Cuyo, el diario más influyente de circulación en papel, editorializaba en contra de esta figura en una sección que se popularizó mucho dentro del circuito político, bautizada “Banca 31”. La disputa llegó a tal punto que incluso se intentó llevar usando la fuerza pública al propietario y director de Diario de Cuyo, don Francisco Montes, lo que no terminó pasando. La mayoría radical hizo lo propio y se terminó incluyendo el derecho a réplica en la Constitución Provincial.

De la reforma del ’86 nacieron órganos dentro del Estado destinados a resguardar la institucionalidad: el Tribunal de Cuentas, la Fiscalía de Estado, la Defensoría del Pueblo y hasta el Consejo de la Magistratura. Para los bloquistas y los justicialistas, los radicales se pasaron de rosca con la creación de tantos órganos extrapoder, justamente porque no estaban ejerciendo la gobernación. “Con la Dictadura tan cerca, quisimos generar espacios de contención para el sistema democrático; por eso estos órganos. Al final, no todos funcionaron o deberían cambiarse, como es el caso del Consejo de la Magistratura, que ha quedado demostrado que no sirve para elegir a los mejores jueces. Hoy el Poder Judicial es una vergüenza”, analizó Capello.

El 23 de abril de 1986 se sancionó la reforma integral de la Constitución Provincial y el 1° de mayo entró en vigencia. Cada uno de los convencionales recibió una copia, forrada en cuero y firmada por todos los constituyentes.

El acto de cierre de la Convención tuvo como orador final a Mario Gerarduzzi. El dirigente radical se dirigió a propios y ajenos y dejó una frase que iba a atravesar el tiempo: “Al inaugurar las sesiones, anticipamos que no nos embargaba la soberbia de pretender redactar una obra perfecta; pero sí, asumiendo la tremenda responsabilidad que nos discernió el pueblo, concretamos sin jactancia una Carta Magna que alcanzará largos tiempos”. Hasta el día de hoy, la Constitución no ha sido reformada.

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