José de San Martín corrió una suerte parecida a la de otros patriotas argentinos, reducidos a la leyenda o al procerato escolar.
El San Martín que no te contaron: industrialismo, expropiaciones y justicia social en Cuyo
Moreno fundó La Gaceta y murió en alta mar, Belgrano creó la bandera, Güemes usaba un poncho rojo, y de inconmensurables revolucionarios como Castelli o Monteagudo, ni noticias.
Y San Martín fue sintetizado en la imagen sobre el caballo blanco, cruzando los Andes, para liberar Chile y Perú.
Pero la historia (que la escriben los que ganan, la facción unitaria en nuestro país) omite lo que puede al José de San Martín que le heredó su sable corvo a Juan Manuel de Rosas, o al político previo a la gesta militar independentista, el San Martín Gobernador de Cuyo. Un San Martín con definiciones y medidas tan fundamentales, que podrían trascender el tiempo generando los mismos efectos positivos, pese los siglos transcurridos.
San Martín había llegado a una Mendoza desarmada, con 900 soldados mal preparados, la mitad en la capital y los otros desperdigados por la provincia.
Arribó listo para apoyar a los revolucionarios chilenos que habían retomado el control del vecino país, y usarlo como puente para tomar Lima uniendo fuerzas con O´Higgins y Carreras.
Pero incursiones realistas a fines de 1813 y 1814 volvieron al país al dominio español. Más de 2000 chilenos huyeron a Argentina escapando de la brutalidad de Mariano Osorio Pardo, comandante imperial que bajaba desde Perú para retomar el poder en Chile, imponiendo una ley brutal que incluía torturas públicas y ejecuciones sumarias a mansalva.
San Martín, entonces, debió rehacer los planes. No había que sostener a los independistas chilenos, sino liberar a Chile para llegar a Perú. Y para esto necesitaba más que los 300 hombres armados que le enviaba Buenos Aires.
Ya a cargo de la gobernación de Cuyo, creada por la Asamblea en 1813, ordena al Cabildo que organice la llegada de los refugiados, les de sustento y vivienda, y dispone que el general Las Heras cubra la retaguardia, para que no sean atacados por los realistas en la huida.
Desde ese momento, el armado de un poderoso ejército, bien pertrechado, es la razón de toda la vida del General. Y como gobernador de Cuyo comienza a tomar medidas sociales y económicas al respecto, pero que trascienden largamente la impronta bélica.
Para conformar su ejército se necesitaban recursos, y dispuso, entre otras órdenes, lo siguiente:
-Dejó de pagar a Buenos Aires una parte del gravamen de todo lo recaudado por impuestos a los productos regionales.
-Córdoba ya no recibió el diezmo eclesiástico.
-Se adelantó 200 años a la creación de una contribución extraordinaria, destinada a que los ricos pagaran medio peso por cada 1000 que poseyeran como fortuna personal.
-Expropió los bienes de los españoles prófugos, y sumó al patrimonio del Estado los de los españoles que murieran sin testar.
-Fundó la metalurgia nacional, junto al Fray Luis Beltrán, con talleres para fabricar armas con más de 700 operarios.
-Buscó el desempleo 0, dándole trabajo al que no lo tuviera en el blanqueo de casas y embellecimiento de la ciudad.
-Sistematizó el servicio de correos, y organizó la Policía.
-Dictó una ley que funcionaba como el antecedente directo del “estatuto del peón”, obligando a los patrones a registrar y tener al día a los trabajadores rurales, con constancia de salario.
-En su gestión promovió fuertemente la producción y la venta del vino cuyano.
-Prohibió los brutales castigos que se aplicaban a los niños en las escuelas.
-Fundó escuelas y bibliotecas, convencido de que la educación sería clave en un proceso emancipatorio. En el colegio secundario que fundó con Godoy Cruz se incluyeron materias como filosofía, física, matemáticas, historia, geografía, dibujo, nociones de derecho, arquitectura civil, militar e hidráulica. Dicho colegio fue mejorado con ganancias de la finca que el Cabildo le había dado como Gobernador.
-En 1814 decretó obligatoria la vacunación contra la viruela, y dispuso fondos que, un año después, comprobó que se hayan utilizado a tal efecto con recorridos personales por todos los establecimientos sanitarios.
-Dispuso la creación de nuevas cárceles, donde los reos serían tratados con respeto por sus derechos y sin actos de crueldad.
-Cuando faltaban “manos a la obra”, primero se le solicitaba a la población la colaboración voluntaria con la causa patriótica. De ser negada, se imponía el trabajo obligatoriamente.
-Se expropiaban los alfalfares que sean necesarios para que los animales destinados a las guerras y al trabajo se mantengan en buen estado.
Todas estas medidas y otras, le ganaron el amor del pueblo, y el odio de los ricos que veían afectados sus patrimonios y “libertades”.
San Martín dejó en claro muchas veces que pensaba sobre ellos y “de qué lado de la mecha” se encontraba, y esta definición lo resume: "Los ricos y los terratenientes se niegan a luchar. No quieren mandar a sus hijos a la batalla. Me dicen que enviaran a tres sirvientes por cada hijo, solo para no tener que pagar las multas. Que a ellos no les importa seguir siendo una colonia. Sus hijos quedan en sus casas, gordos y cómodos... Un día se sabrá que nuestra patria fue liberada por los pobres, y los hijos de los pobres, nuestros indios y los negros, que ya no volverán a ser esclavos de nadie."