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domingo 22 de marzo de 2026

San Juan en fase 1

Las confesiones cauceteras en el peor momento

Una llamada telefónica confirmó la peor de las sospechas. En el fondo, una situación esperada tarde o temprano.
Por Daniel Tejada

Eran las primeras horas de la tarde del  miércoles 19 de agosto cuando la intendenta de Caucete, Romina Rosas, vio la llamada entrante de la ministra de Salud Pública, Alejandra Venerando. Atendió intuyendo la noticia. Habían detectado dos casos positivos de Covid-19 en el departamento, con el agravante de que no sabían cómo se habían contagiado. No eran repatriados ni transportistas. Ni habían tenido contacto estrecho con otro infectado. El fantasma de la circulación viral comunitaria se asomó a la provincia por el Este.

La ministra había demorado la comunicación. Ante los resultados que se empezaban a visualizar en el laboratorio del Hospital Rawson, se ordenó reiterar los testeos tantas veces como fuera necesario hasta que no hubiera dudas. Las cosas eran así definitivamente. Había dos personas con Coronavirus y sin pistas acerca de cómo contrajeron la enfermedad. Era la misma génesis que la pandemia había tenido en el resto de las provincias y en el resto del mundo también.

Paradójicamente, para la intendenta y su equipo de colaboradores no era una hipótesis impensada. Tampoco lo era para el gobierno provincial, en tanto y en cuanto el 28 de julio se había presentado el Plan de Seguridad Ante Circulación Viral. Pero para los cauceteros puntualmente las chances eran mucho mayores. La vastedad de su territorio y la proximidad con zonas limítrofes muy comprometidas por la pandemia parecían inmanejables.

Sin embargo, se tomaron medidas con anticipación y en riguroso silencio. Una alta fuente municipal reveló que apenas se reintegró Rosas a la función tras un par de meses de licencia, ordenó a sus secretarios, en especial al de Obras y al de Desarrollo Social, que preparen los protocolos para actuar de inmediato en caso de brote. No era una medida para anunciar, porque implicaba el reconocimiento del pesimismo. Pero a la luz de los resultados, no cabía mirar para el costado.

Por eso el municipio considera que estaba preparado. Por eso se activó tan rápidamente el dispositivo de aislamiento primero para los Barrios Justo P. Castro y Justo P. Castro III de inmediato y en total coordinación con las fuerzas de seguridad y los ministerios del gabinete de Sergio Uñac. Con la provincia venían hablando de lo que podía pasar e incluso, ensayaron distintos escenarios para mejorar algunas falencias evidentes ya no en la etapa de la prevención sino de la mitigación.

Embarazada, Rosas se trasladó ese miércoles a las 16 a su domicilio, en aislamiento. No se movió de Caucete y, en consecuencia, sigue tomando las decisiones y firmando los instrumentos administrativos necesarios. Si bien el brote era una hipótesis probable, sorprendió que estallara prácticamente en pleno centro, en el área más urbana, a un par de cuadras del cruce de las diagonales.

El municipio esperaba o, mejor dicho, temía que aparecieran contagios en los puestos alejados como La Planta o Balde de Leyes, porque habían quedado afuera del control fronterizo de Bermejo, muy expuestos al contacto con foráneos que pudieran traer el Coronavirus. Ese miedo nunca confesado, esa sensación de que iba a suceder, jamás fue revelada en público. No conducía a nada. Pero era un cálculo valioso para tomar los recaudos en caso de que ocurriera lo indeseable.

“Este es el momento menos deseado por los sanjuaninos, pero es el más estudiado”, dijo Uñac en su conferencia de prensa el jueves 20 de agosto en la Sala Rogelio Cerdera. Su sentencia pareció ajustarse a la perfección al estallido de contagios en Caucete. El plan, como desde el inicio de la pandemia, partió de la premisa de prepararse para lo peor esperando que no suceda.

El temor caucetero funcionó como anticuerpo porque permitió previsibilidad, analizó en off the record una alta fuente municipal. Sucede que el departamento tiene habitualmente ingresos de otras provincias como La Rioja donde hubo una verdadera explosión de casos. Y especialmente la localidad de Chepes, de vínculo permanente con el departamento del Este.

Hubo varios amagues previos que alimentaron el alerta. Cada vez que un transportista era sorprendido in fraganti circulando fuera de protocolo, podía responder afirmativamente al menos a una de las siguientes preguntas: ¿es de Caucete? o ¿pasó por Caucete? La sucesión de eventos similares aceleró los preparativos oficiales y sobrecalentó la comunicación entre el palacio municipal y Desamparados.

El tiempo transcurrido, los cinco meses de aislamiento o distanciamiento que empezó a contar Argentina desde el viernes 20 de marzo a las cero horas, dejaron un saldo positivo también. Apenas se conocieron los dos primeros casos, cada caucetero, cada caucetera, supo sus nombres y apellidos. No fueron publicados por la prensa. Ni se vieron en las redes sociales, a diferencia de los primeros contagios detectados en San Juan. No era necesario. En la ciudad de las diagonales se conocen todos. Más aún si se trata de vecinos de algún barrio como los Justo P. Castro. Pero no hubo agresiones ni represalias, sino un clima de solidaridad y contención.

Con dos barrios aislados y la comprensión social evidente, la intendenta y su equipo sacaban algunas conclusiones preliminares. Pero aparecieron otros dos contagios, que tampoco tenían nexo epidemiológico.  El peor de los temores se estaba materializando.

Lo primero que preguntó Rosas a Venerando fue precisamente cuál era el nexo, si habían venido de afuera de la provincia. “No sabemos”, fue la respuesta. Un baldazo de agua fría. Las dudas se acrecentaron porque a los cuatro casos iniciales se les sumaron el jueves otros nueve por contacto estrecho y otros nueve más el viernes a primera hora. Y contando. El número, por supuesto, todavía no estaba cerrado.

Aun así, contra toda la adversidad, hubo un efecto positivo. Cuando los cauceteros empezaron a sentir los altoparlantes con la instrucción de quedarse en casa, cuando vieron sus calles atravesadas por vallados y personal envuelto de pies a cabeza como en una película de ciencia ficción, no hizo falta demasiada explicación. La gente ya sabía de los casos y que no había nexo. Comprendió que, de todas las variantes posibles, les había tocado el cuadro más complicado. Por eso el mismo jueves Caucete era prácticamente una ciudad fantasma.

Este acompañamiento también se tradujo en una notable amnistía política. Las tensiones previas, con el propio arco oficialista del departamento y la oposición, cedieron ante el shock. La duda ahora es hasta cuándo se extenderá la concordia, con los antecedentes del plano nacional.

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