Hay poco margen para sorprenderse si un sujeto que escapó de los flashes sistemáticamente, que mantuvo una actitud de permanente equilibrio con la sospecha, finalmente cae envuelto en un escándalo.
Carlitos, el prófugo español que nos interroga a los sanjuaninos
Ninguno de los testimonios entre todos los allegados a nivel afectivo con Carlos Fernández dijo no haber quedado invadido por esa sospecha que derivaba de sus movimientos, desde el primer minuto en que lo conocieron. Y son muchos esos testimonios, posiblemente incrementados por la condición de colegas entre ellos y la esposa de este español que una madrugada puso a San Juan en la agenda de los más importantes diarios de España como nunca en la historia.
Habrán sentido la intriga en la panza cuando veían llegar a su hermano, el que ahora lo defiende como abogado en España. Antonio, bronceado de contraestación, pelo largo, y simpático como Carlos. Hasta a la madre, que habrá salido de Barajas sin que nadie la persiga, entre otras veces a traer la partida de nacimiento para que el chico se casara. Todo muy extraño. Todo bien, pero de su pasado no se habla.
Que tal vez nunca hubieran imaginado una trama de la escala que se habla. O que tuvieron que restregarse los ojos para confirmar si ese hombre que aparece ahora en las portadas como el prófugo número uno de España era el mismo que se sentaba a la mesa de amigos y por momentos magnetizaba con su tono ibérico y pose de conocedor de tantos puertos. Pero que siempre en sus movimientos dibujaba una mueca para la incertidumbre o la sospecha indudable: ¿quién era este simpático animador de encuentros de amigos, afectivo y amable, que nunca quería salir en las fotos?
Finalmente Carlos era un hombre de infinitas cicatrices, de tanto roce con el poder como nadie por estos lados podía jamás haber imaginado. Pese a haberse fugado de España con jóvenes 38 años, ya tenía en su foja de servicios varios clásicos jugados en los mejores escenarios: desde haberle robado la cartera nada menos que al inefable Jesús Gil –el inefable ex mandamás del Atlético de Madrid-, de haber estado mezclado en el mismo escándalo de la Pantoja. De haberse quedado con algunos cientos de miles de euros ajenos, del ayuntamiento de Marbella, el mismo que nos entregó las perlitas de la familia Caniggia.
Hasta, según la versión lanzada por el diario El Mundo –de los más importantes de habla hispana-, haber oficiado de una especie de garganta profunda del escándalo delatando a todo el entorno del caso Malaya para salvar el pellejo propio, lo que puede explicar por qué su propio país estuvo 4 años –entre 2006 que escapó hasta 2010- hasta que lo pidió a la Interpol.
Hay aquí en San Juan quienes aseguran haberle calado la trampa hace un par de meses, cuando saltó en Google ante la búsqueda de su nombre junto a la leyenda “prófugo en España”, una nota del diario mendocino Los Andes junto a su foto y todas las delicias en Marbella que ahora ganaron la luz masivamente. Habría estado allí antes de llegar a San Juan, por contactos –según esas fuentes- de un empresario anglojudío que hacía negocios con él en Marbella y había llegado a Mendoza junto al traficante de armas sirio Monzer Al Kassar a tramitar un DNI falso. Felices las coincidencias de amigos y temáticas.
De allí habría recalado en San Juan, y lo más extraño es que lejos de mantener una conducta típica de un prófugo, Carlos volvió a manejarse entre los sectores más poderosos sin ruborizarse y apenas cuidándose de no aparecer frontal frente a las cámara de fotos para que no lo localicen en España.
La foto del diario la Ventana en un evento social del 2012 es tan contundente para explicar la situación, que casi no hacen falta las palabras. Se lo ve allí, entreverado entre mesas coquetas y señoras de largo, a este Carlos Fernández semioculto detrás de su esposa, cuidando de que al menos lo tapara la sombra.
Total, Carlos Fernández hay muchos. Ni hablar de Hernández, como aparentemente se hacía llamar informalmente (de lo que da fe el epígrafe original de la foto) pero cuidándose de no adulterar ningún documento público que le valiera algún nuevo delito, éste ya en nuestro país. Dirán que se trató de un error del registro, y ya. En lo formal, se casó con la “efe”, su descendencia también empieza con F.
Y tratándose ésta foto de la única captura de imágenes disponibles de este tal Carlos Fernández durante toda su comparencia en San Juan. Lo que asombra no sólo porque hace ya mínimamente 9 años que se desenvuelve por estos lados sino porque hasta existen notas periodísticas sobre su arte en el plano motivacional y los consejos profesionales de su empresa Eupora Coaching, claro que sin fotos suyas.
Se le reconoce la aptitud para la autopromoción y las conversaciones que lo tuvieron en el centro de las luminarias. No se refiere esto a la legalidad o no de la actividad con la que se promocionaba (el coaching ontológico), con la que lograba cautivar tanto a empresarios encumbrados como a dirigentes políticos, sino a sus indudables dotes de encantador de serpientes.
La pregunta es si no hubo un gesto, una actitud que generara sospechas en sus movimientos, tanto entre su círculo más íntimo como en quienes lo conocieron de rebote. ¿O será que el estado de sospecha no espanta a nadie por estos valles, y hay cosas que es preferible no averiguarlas aunque no cierren por ninguna parte?
Hay situaciones que pintan al detalle esta historia de thriller con escenarios en Marbella y Rivadavia. Como la escena que surge de los relatos relacionados con el fanatismo de Carlitos por el Real Madrid. Cuentan entre quienes lo frecuentaron que invitaba a ver las finales de la Champions en su casa, y que entre el auditorio figuraban importantes figuras judiciales, entre ellas un importante juez penal que hoy no pasa un buen momento. Y algún otro magistrado a quien las fuentes se encargan de proteger.
También hay quienes lo hacen sentado en un semicírculo impartiendo instrucciones al entorno de un dirigente político importante. Si fuera un filme, el director podría hacer jugar con sus recursos cinematográficos esos planos suyos enseñando el arte del buen dirigente, justo él que venía del otro lado del océano escapando de sus tropelías en el campo….político.
Yendo al punto, nada que objetar a quienes lo contrataron de buena fé. O se relacionaron con él atraídos por su simpatía evidente y el buen sonar de su palabrerío pronunciado en tono ibérico puro. El asunto está en deshacerse de esos rastros con una finta a modo pecaminoso. Hay muchos: los citados jueces, políticos y empresarios, también deportistas y gremialistas.
Todos mirando el desenlace de esta verdadera trama cinematográfica de trazos inverosímiles pero reales. Parece claro el propósito de Carlos y su escudería jurídica de aparecer bien lejos de su país, que lo reclama por graves delitos, y su apuesta a esquivarlos en el plano judicial para reinsertarse en la vida pública sanjuanina. Que tiene menos memoria.
Podrá debatirse si se entregó o no, si fue una puesta en la que la federal fue utilizada como rol protagónico. También, si su eventual regreso a España está condicionado por la furia de los que fueron encarcelados, si es que como señaló el diario El Mundo fue él quien los delató.
A nadie sorprenda si en unos meses más vuelve al ruedo de la vida social y la consultoría. Será que su coartada rindió sus frutos: estrategia fina, blanquearse sin volver a España. A lo mejor, sale. Puede fallar, como dijo Tu Sam, pero no parece mal encaminada.