Conocido es que Néstor Pitana es árbitro de fútbol, controvertido como todo árbitro y sujeto a toda suspicacia de esta especie, desde el último clásico hasta las eliminatorias. Será quien administre justicia –como llaman los relatores- en Rusia, a nombre de Argentina.
Pitana, la espada de Damocles y la novia saludando en el atrio
Ante tanto reclamo, lamento y otras especies, es el encargado de fallar. También es blanco de toda sospecha, pieza central en supuestas conspiraciones a partir de esa administración de Justicia. Igual que la Corte, en lógica menor escala, la misma naturaleza: sus decisiones son en nombre de la justicia, de carácter inapelables. A cumplirlas callado, o viene la amarilla.
En el extraño contencioso que tuvo a Buenos Aires y la Nación supuestamente litigando por una deuda, con el resto de los gobernadores de ansiosos testigos por no correr con los gastos, Pitana-Corte tuvo algo que ver con la puesta en escena.
Días antes del “acuerdo“ extraído con fórceps, el árbitro posó para las fotos con la litigante: Lorenzetti no sólo sonrió para la imagen sino aceptó su generosa difusión del encuentro que había tenido con la parte que estaba impulsando un juicio multimillonario (María Eugenia Vidal) sobre el que él mismo debería expedirse. Es como si antes del superclásico, Angelici hubiera aparecido en una foto con Pitana en un asado.
Lo de extraño para referirse al juicio en la Corte Suprema de Buenos Aires contra la Nación surge de la naturaleza de la disputa: pocas veces se ha visto que todas las partes y hasta el árbitro aparezcan de acuerdo con lo que está sujeto a resolver. Los querellantes (Buenos Aires) reclamando por sus derechos y el querellado (la Nación) aceptando públicamente la justicia del reclamo. Si fuese así, para qué hubiera resultado acudir a una instancia judicial, cuyo tribunal pareció siempre también estar de acuerdo, sólo con ganas de sacarse de encima la necesidad de resolverlo con una sentencia.
Como si un inquilino no pagara las expensas pero reconoce que está en falta y dispuesto a hacerlo, a quién se le ocurre ir a Tribunales para que se expida por un pago compulsivo. Sólo la necesidad de no aparecer en off side político –por seguir usando metáfora futbolera que ayude a la comprensión- puede explicar este asunto.
La cosa es que el tablero funcionó como tácita coacción hacia el resto de los gobernadores. Lo que reclamó Vidal ante la Corte fue la inconstitucional del tope a la ley que destina el 10% de lo recaudado por Ganancias para Buenos Aires, con lo que unos $ 50.000 millones de Ganancias que exceden ese tope y hoy se redirigen a las provincias cambiaría de rumbo y dejaría desfinanciado al resto. En el caso de San Juan, unos $2.200 millones.
Si los supremos le hubieran dado la razón a Vidal, lo que sobrevendría sería esa angustia hasta que se acordara un sistema “político” de reparar los daños. Esa fue la carta que se hizo jugar con la foto: la disposición del fallo sobrevolaba, mejor entonces para los gobernadores que aceptaran el plan que les estaban por proponer.
Y les llegó con el envión del resultado político a favor, con el que Macri no se demoró un segundo en convocar a los jefes provinciales para ofrecerles la firma, con la foto dando vueltas del asado con Pitana. Una especie de espada de Damocles sobre el lomo de las provincias que condicionó toda la negociación, obviamente en favor de los amigos del árbitro.
Lo primero que les ofrecieron a las provincias fue salir empatados, es decir que la Nación se haría cargo de esos $50 mil para Vidal ($65 mil en el 2019) por medio de una ecuación con el impuesto al cheque, en remplazo de los ingresos por Ganancias.
Pero aunque así fuera, a los mandatarios les quedaba la sensación de poco. No lo era el alivio de no sufrir recortes y mantener la devolución del 15% que les quitó hasta el año pasado el ANSES y devolvió también la Corte, sino por el hecho político de quedar saludando en el atrio como invitados de ocasión, mientras asistían al desfile de la novia.
El “consenso” de la firma de (casi) todos le dio al acuerdo Nación-provincias un carácter institucional que lo que hizo fue blanquear una transferencia de fondos monumental a la provincia gobernada por María Eugenia Vidal, de evidente valor político para Macri porque allí radica nada menos que el futuro del espacio.
Aunque sea como extras, pero eso debería tener una recompensa. Por eso la Nación se apuró en diseñar un bono que compensara la resignación de los juicios que casi todos los distritos tienen con el gobierno nacional por mala liquidación de fondos. Y los gobernadores se volvieron con algo en la mano, además de la tranquilidad de no tener que financiar a Buenos Aires.
Para los mandatarios de las provincias, el asunto no se agotó en el acuerdo por el Conurbano, que era la madeja más gruesa que había que entretejer, pero no la única. Superado el asunto, quedó un listado de voluntades fiscales que el equipo económico local irá punteando con el tiempo para conocer si saldrán a favor, en contra o empatando en referencia al impacto de las arcas públicas.
Es manifestación de voluntades sin objetivos puntuales, pero que en todos los casos registrarán un impacto en las cuentas de la provincia y también en todo lo que se mueve adentro: empresas, familias, personas. Su intención es fomentar la actividad empresarial, un objetivo noble y necesario, por medio de la reducción o virtual eliminación de los ingresos brutos. Con algo deberá compensarlo, la intención invocada en el acuerdo es hacerlo con el inmobiliario, que ya existe pero en valores inferiores a los precios reales y ahora la pretensión es que se parezcan lo más posible.
Un dato importante es que en San Juan, los ingresos brutos a la radicación de nuevas empresas ya se han reducido como una señal de aliento a inversores de afuera que evalúen las ventajas comparativas con otros distritos. Una adelantada San Juan, que en este punto irá calculando qué más agregar.
Se sabe que en esto nadie se suicida, y ninguna provincia atentará contra su propia recaudación si es que no recibe algún estímulo para hacerlo. La planilla irá cantando hasta donde llegar, dónde frenar. Tanto en la negociación de lo que llega de la Nación, como en los impuestos internos que se recaudan.
Conocer también hasta dónde las negociaciones dicen la verdad. Un claro ejemplo son los impuestos internos al champagne, que el propio presidente se comprometió a eliminar luego de aparecer en la planilla original con el 17% y con el agregado al voleo de formar parte de los alimentos nocivos para la salud. Cumplió en parte: a la hora de la verdad, la presentación del proyecto en el Congreso, se verificó que efectivamente el vino no estaba. Pero el champagne sí. Teléfono en Mendoza, donde se sorprendieron por la finta y ahora analizan si lo defenderán en el recinto o lo dejarán como si fuera un olvido.