Más que una primera dama
Por Miriam Walter
Pregunta qué le van a preguntar. Asegura que no tiene una función política, que se dedica a lo administrativo en el Concejo. "Y bueno, quién sabe si algún día te convertís en intendenta, o gobernadora, o presidenta”, apunta la cronista. Se ríe. "Bueno, dale, preguntá”, arenga. Y acto seguido lanza: "yo no digo ‘detrás de un gran hombre hay una gran mujer’. Digo ‘al lado’. Ni adelante, ni atrás”. La definición no es ingenua, viniendo de boca de Alejandra Cáneva, quien ostenta doble rol en el municipio más importante de San Juan: es la primera dama de Capital, casada con el intendente Franco Aranda, y es la secretaria administrativa en el Concejo Deliberante capitalino, un cargo con cierto vuelo político que le da aún más visibilidad a la blonda mendocina. Más de uno en la Municipalidad la señala como una mujer de carácter y con poder de decisión, pero ella lo minimiza.
"Yo estoy desde el primer día al lado de Franco, somos compañeros de todo, es que las decisiones que se toman son muy familiares también. Las decisiones de política siempre dependen de él por supuesto”, asegura. "La decisión la toma él, pero mi opinión importa”, dirá luego.
Alejandra conoció a Franco cuando eran adolescentes. "La primera vez que hablamos dije ‘yo con este tipo me voy a casar’ y él dice que le pasó lo mismo conmigo. Yo vivía en Mendoza y después de 6 años nos pusimos de novios. Estuvimos 5 años noviando. Y llevamos 16 de casados”, resume.
El primo hermano de Alejandra es sanjuanino y la buscó para que saliera con su compañero de hockey, Franco Aranda, a un casamiento de otro de los jugadores. Fue una especie de trueque porque esa noche Aranda le llevó a su amigo una prima cordobesa. "Él es muy comprador, yo tenía 15 años y era bastante extrovertida, me encantó su forma de hablar, lo cariñoso que era con la gente, tan familiero. Yo no creía en el amor a primer a primera vista pero esa noche me hizo un click”, recuerda.
A poco de conocerse, él se fue a jugar a España y, cuando regresó, ella se fue a Estados Unidos de intercambio, por lo que hubo un par de años que no se vieron. "A los 4 días que yo llegué de Estados Unidos nos encontramos de casualidad, nos veíamos en lugares rarísimos, un día me lo encontré en Las Leñas, otro en Buenos Aires. Es como que el destino nos encontraba”.
Toma un mate y sigue el relato, verborrágica, como si muchos recuerdos le vinieran a la vez a la cabeza y con orgullo subraya que son muy compañeros con su marido. Cuenta que él dudaba de ser jefe de ANSES y que ella lo animó: "Yo estaba embarazada de 5 meses y él en un proyecto privado de vinos y de repente salió lo de ANSES y yo le dije que estaba bueno lo del Estado”, dice.
Él se recibió en la UNSJ en Administración de Empresas. Ella obtuvo el título de abogada en la Universidad Nacional de Cuyo. Ya como estudiante, dice, le gustaba la política. Hace un par de años se afilió al PJ. "Siempre tuve una admiración tremenda por Eva Perón, tremenda. Me pareció una situación muy sensible y muy avanzada para una mujer que venía de donde venía. Súper valiente y tan fuerte”, apunta.
Alejandra se especializó en Derecho Minero y eso la llevó a ser consultora en el tema en el ámbito privado y público -fue asesora en el Ministerio de Minería de la gestión anterior-. Ahora pasó al Concejo capitalino. "Me eligieron los concejales”, aclara. "Esto me encanta, no es fácil pero me gusta mucho y además de mí hay dos concejales mujeres, lo que es muy bueno”, analiza.
Dice que no puede vivir sin trabajar. Con 41 años es madre de 3 chicos: Valentino (12), Francesca (9) y Antonietta (5). "Yo voy y vengo tooooodo el día con los chicos”, suspira. Y remarca: "es una cuestión de dignidad personal trabajar y cuando me eligieron para ayudarlo a Franco en su gestión, obviamente que acepté, porque me gusta la política, pero si no estuviera acá estaría en otro lado, porque me gusta trabajar”.
Como secretaria administrativa del Concejo Deliberante, Alejandra tiene que coordinar trabajo con los ediles, y estar al frente muchas veces de un grupo dominado por hombres y con más experiencia que ella en la política. "No considero que haya obstáculos, por ahí las mujeres tenemos una visión un poco más sensible entonces hay determinadas situaciones en las que una como mujer se sabe manejar mejor. Yo nunca antes había tenido personal a cargo pero la verdad que no me ha sido difícil. Soy tana, soy tana de carácter, pero también soy muy educada. Acá somos todos empleados en la Municipalidad, entones no es para venir a maltratar a la gente. Aparte no es mi estilo. Soy estricta, sí, obviamente quiero que las cosas salgan bien, pregunto todo, leo todo lo que firmo, soy cuidadosa, pero con el personal nos llevamos muy bien”.
Entre esposa y funcionaria
"Yo soy Alejandra Cáneva. No de Aranda. En
ningún lado, jamás, he usado el apellido de casada. Yo le dije a Franco que
para mí era como perder un poco la identidad. Porque a mi mamá le pasó eso, que
siendo sanjuanina en Mendoza, ella era Susana de Cáneva. A los niños sí les
puse los dos apellidos. Pero yo siempre en mi trabajo he sido Alejandra
Cáneva”, aclara.
Ser la esposa del intendente la pone en un lugar especial. "Me siento un poco
observada pero más que observada es como que la gente te está midiendo, lo que
me parece bien porque es la función que me toca tener, estoy expuesta, es
obvio”, dice.
El doble rol de Alejandra la lleva a estar seguido acompañando a su marido en los actos. "A veces me preguntan ‘¿cómo querés que te presente? ¿como la señora o como secretaria?’ Y la verdad que yo mucho de protocolo no sé pero por ahí no me gusta que me estén poniendo que voy con él, porque voy como funcionaria, pero obviamente la gente sabe quién soy. Yo recibo un montón de gente que nada tiene que ver con el Concejo y me vienen a pedir cosas a mí porque saben que soy la esposa del intendente”, analiza.
Asegura que del Poder Ejecutivo está "desconectada” pero que ayuda en lo que puede. "Si son cosas solucionables, estoy. Por ahí la gente cree que debe que llegar al intendente y no sabe que tiene un excelente gabinete para solucionar una situación, es cuestión a veces de hacer un llamadito. Eso pasa muchísimo”.
Aunque el trabajo le demanda gran parte del día, a Alejandra todavía le quedan momentos para ser ama de casa, asegura que los domingos a la noche los dedica a planchar la ropa de la familia. "Yo me hago cargo mucho de las cosas de mi casa, tengo una chica que me ayuda, pero yo lavo, plancho y voy al supermercado. Antes Franco me ayudaba pero ahora, pobre, no puede. Los dos estamos muchísimo menos en casa pero los chicos se han adaptado bastante bien”, dice. Y agrega: "Franco antes podía enseñarles Matemáticas a los chicos, ahora lo hago yo y cuando no puedo con algo, lo busco en Youtube y me explican, porque yo siempre fui muy dura en Matemáticas”.
Compañera inseparable de la campaña a intendente, también solía vérsela junto a Aranda en las caminatas en las épocas en que él estaba al frente de ANSES. Ambos son muy familieros y ella dice que una de las cosas más difíciles de enfrentar juntos es la enfermedad de la hermana de Franco.
"Tenemos poco tiempo para la familia pero el que tenemos es de calidad”, analiza. Cuando pueden comparten juntos maratones, o van a hacer sky. Alejandra es profesora de danzas clásicas pero hace años que no baila, entonces cuando puede sale a trotar. "Las carreras que hago no son por competencia, no hago podio pero me va bastante bien. Franco me acompaña, me espera en la llegada y me da agüita, antes hacíamos bici juntos y nos encanta esquiar con los niños. Todos en la casa somos re deportistas. Valentino hace hockey y las nenas hacen danza”, enumera. Viene de sangre, la mamá de Alejandra se jubiló como profesora de Educación Física y también fue bailarina.
Alejandra habla fluido inglés e italiano, lengua heredada de su padre que nació en Italia. Está cursando en la UCC la primera maestría en gestión minera del país, y apenas tiene tiempo de estudiar y presentar la tesis. Antes de irse, apurada, a buscar los chicos se despide diciendo: "la política me gusta y me siento capaz, pero si no se da, no me voy a sentir frustrada”.