La presencia demográfica mundial se reparte equitativamente: 50% de mujeres y 50% de hombres. Y sin embargo, la participación de las mujeres en todos los procesos decisorios del ámbito público y privado dista mucho de representar ese 50/50.
Paridad de género: todavía una ilusión
Gracias a la Ley de Cupo Femenino, sancionada en 1991, Argentina fue el primer país del mundo que establece un porcentaje mínimo de candidaturas de mujeres exigible a todos los partidos políticos. Hasta ese momento, inicios de los’90, en nuestro país el acceso de las mujeres a los lugares de poder era patrimonio de unas pocas. Por otro lado, el Estado argentino fomentó normativas para que exista una mayor participación de las mujeres en las esferas de decisión, pero pese al enorme avance en este sentido, la brecha entre los "derechos escritos” y los "derechos efectivos”, siguió y sigue siendo enorme. Una década después de la sanción de la Ley de Cupo, los promedios de representación femenina en los poderes eran los siguientes: Poder Legislativo 38%, Poder Ejecutivo 21,1% y Poder Judicial 15%”. Se había logrado un crecimiento de la presencia femenina, sí, pero un crecimiento insuficiente. En este contexto, un proyecto de ley recientemente presentado por la Senadora Nacional por San Juan, Marina Riofrío ("Representación igualitaria de mujeres y varones en ámbitos de tomas de decisiones y de participación política y social”) establece la necesidad de una Ley de Paridad que garantice una participación equilibrada de mujeres y hombres: una medida democrática que refleje el 50/50.
Tres poderes poco igualitarios
En lo que refiere al Poder Legislativo, en la Cámara de Diputados de la Nación hay 97 diputadas entre 257 legisladores (38% de representación), mientras que las bancas del Senado Nacional tuvieron un pico histórico de representación durante los períodos 2004-2007 (44%) que nunca más fue alcanzado. Actualmente, de 72 Senadores/as Nacionales, 30 son mujeres. Otro dato es que la Ley de Cupo queda a merced de interpretaciones, por ejemplo, en los casos de renuncia, fallecimiento o incapacidad de la mujer electa, muchas veces se ha intenta que la banca vacante quede en manos de un hombre. Más preocupante aun, es que la participación de las mujeres en las legislaturas provinciales creció menos que en el Parlamento Nacional.
En el Poder Ejecutivo, si bien en los últimos años fueron cada vez más las mujeres que se incorporaron y asumieron mayores responsabilidades de conducción, aún siguen subrepresentadas y ocupando cargos de menos jerarquía. Sobre un total de 21 carteras, sólo 3 mujeres ocupan el cargo de ministras de la Nación, a pesar de que son ámbitos de decisión donde las mujeres pueden contribuir, significativamente, a mejorar las condiciones de vida de otras mujeres.
Finalmente, el Poder Judicial es el ámbito donde las mujeres argentinas están más subrepresentadas. Pese a que la composición de este poder es mayoritariamente femenina, esta representación no se refleja en la distribución jerárquica de los cargos que ocupan: existe un alarmante descenso de la presencia de mujeres en los estamentos judiciales superiores, empezando por la Corte Suprema de Justicia. Desde su creación en 1863, La Corte estuvo integrada "casi” exclusivamente por varones. En 2004, La Dra. Elena Highton de Nolasco fue la primera jueza elegida por un gobierno democrático. Las mujeres debieron esperar más de 140 años para tener una representante en el máximo tribunal de justicia. Hoy lo tienen pero es apenas del 33%. Y, llamativamente, los dos candidatos propuestos por el presidente Mauricio Macri para ocupar los cargos vacantes en el máximo tribunal, son hombres.
Escaso poder en los sindicatos
Por ultimo, cabe destacar como se refleja la participación femenina en otros espacios de conducción: los sindicatos. Los cargos directivos sindicales de mayor jerarquía suelen ser ocupados por varones, incluso en aquellas ramas de actividad en las cuales la participación de trabajadoras es elevada. El porcentaje de mujeres en comisiones directivas alcanza un 20%. Cuando Susana Rueda fue designada como una de los tres secretarios generales de la CGT, se convirtió en la primera mujer latinoamericana en alcanzar la más alta posición sindical de su país. Curioso: ocurrió recién en el año 2004
La paridad como meta
El debate es universal. El pasado 08 de marzo, Naciones Unidas promovió la conmemoración del Día Internacional de la Mujer bajo el lema "Por un Planeta 50/50 en 2030: Demos el paso para la igualdad de género”. Y en lo que atañe a la Argentina, a la par de una lograda igualdad formalmente proclamada, está claro la participación 50/50 en los ámbitos de decisión, tanto público como privado, es un camino inconcluso. Contra esta situación lucha el proyecto de ley presentado por la senadora Riofrío."Las mujeres sufren el llamado "techo de cristal”. Un límite que no se ve pero está. Por eso, esta ley tiene por objeto implementar medidas de acción positiva para garantizar esa representación igualitaria de mujeres y varones en cargos públicos electivos, en el Poder Judicial, en los partidos políticos, en la conformación del Gabinete Nacional, en las asociaciones sindicales y en las asociaciones y colegios públicos profesionales”, explica la legisladora sanjuanina, que preside la Banca de la Mujer en el Senado. Y concluye: "La presencia de las mujeres debe ser no solo cuantitativa sino también cualitativa. Accediendo a esos lugares vamos a modificar los mismos factores estructurales que hoy nos excluyen. Sólo así podemos cerrar el círculo de la discriminación y la desigualdad de género que sufrimos”.